En este mes de junio, el mismo mes de San Antonio, se celebra el aniversario del nacimiento de otro Antonio de carácter universal: Antoine de Saint Exupéry, aviador y escritor francés. No se puede asegurar que haya sido tan devoto como el Antonio de Padua, pero por lo menos, lleva un “santo” en su apellido.
Nació en la ciudad francesa de Lyon, el 29 de junio de 1900. Quedó huérfano de padre a la edad de 4 años. Su madre, al enviudar, se trasladó a la ciudad de Le Mans, allí Antoine fue inscrito en un colegio jesuita. Terminó el bachillerato en el colegio Villa Saint-Jean de Friburgo (Suiza). Ingresó a la escuela de Arquitectura de la Universidad de Friburgo en 1920, pero la abandonó al poco tiempo, y regresó a su país.
Se hizo piloto cuando cumplió el servicio militar en 1921, y muchas de sus experiencias como aviador fueron su fuente de inspiración. Escribió su primer tituló literario “El aviador” en 1926, un relato que fue publicado en la revista “Le Navire D’Argent” y por el cual obtuvo un contrato como piloto de línea para una agencia privada. A partir de entonces, a cada escala del piloto, correspondió una etapa de su producción literaria. Mientras se desempeñaba como jefe de estación aérea en el Sahara español, escribió su primera novela “Correo del Sur” (1928) y luego la segunda, “Vuelo nocturno” (1930), que le supuso un gran éxito al obtener el premio Femina, uno de los galardones más importantes de las letras francesas.
Tuvo una estadía en Suramérica, en Argentina, donde se le encomendó la tarea de organizar la red de la filial de Aéropostale en Buenos Aires. Se adaptó bastante bien a la ciudad, y al poco tiempo sus amigos porteños comenzaron a llamarlo cariñosamente con el apodo de “Saintex”. En la capital argentina conoció a quien sería su esposa, Consuelo Suncin, una joven millonaria de nacionalidad salvadoreña.
Su permanencia de dos años en el país austral, finalizó cuando la empresa entró en bancarrota. Regresó a Francia y formalizó su relación con Consuelo, contrayendo matrimonio en 1931 en la ciudad de Niza. Se consagró al periodismo y a la escritura, pero nunca dejó de volar, continuó como piloto de pruebas por muchos años. Resulta fascinante cómo logró compaginar dos actividades aparentemente tan disímiles como la aviación y la escritura.
Tras el armisticio firmado en 1940, mediante el cual los nazis ocuparon Francia, el escritor, con su esposa salvadoreña, emigró a Estados Unidos. En Nueva York recopiló sus anécdotas en la novela “Piloto de guerra” (1942), y luego publicó su obra cumbre “El Principito” (1943), que se convirtió en el libro francés más leído, más traducido y más vendido de todos los tiempos.
Se trata de un cuento ilustrado con dibujos del propio Antoine, lleno de aprendizajes y moralejas, y no dice lo pequeño para todo lo que transmite. Relata la historia de un principito que llega desde un diminuto asteroide a la Tierra, y descubre la extraña forma en que los adultos ven la vida. La obra es un paseo por los valores universales de la humanidad, como la esperanza, el esfuerzo, el compromiso, el amor, la justicia, la amistad, la felicidad…
Es una de las mejores creaciones literarias del siglo XX, que muestra sabias frases, de las cuales citaremos algunas:
“Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante”.
“Todos los mayores han sido primero niños (pero pocos lo recuerdan)”…
“Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser feliz”…
“Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya”…
Y esta última extraordinaria: “Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”…
Luego de más de dos años viviendo en Nueva York, Antoine regresó a la Europa todavía inmersa en la guerra, y se unió a las fuerzas francesas libres. Fue asignado a un escuadrón acantonado en la isla de Córcega. El 31 de julio de 1944, despegó a bordo de su avión para una misión de reconocimiento, y desapareció en el Mediterráneo; tenia 44 años, su cuerpo nunca fue hallado.
La aviación fue su vida…y su muerte.
Lionel Álvarez Ibarra
