(Por: Lionel Álvarez Ibarra)
.-Los primeros europeos que navegaron las costas australes del continente africano, fueron españoles y portugueses, siendo estos últimos, los que establecieron el primer asentamiento colonial en el sur del continente negro. Este asentamiento les fue arrebatado a los lusitanos por los neerlandeses en 1652. Más de siglo y medio después, en 1820, miles de colonos británicos llegaron a Sudáfrica. Los neerlandeses, para aquella época conocidos como los bóeres (granjeros, en holandés) entraron en disputa con los británicos por el control de los inmensos recursos minerales de la región. Esa confrontación, conocida como las Guerras Anglo-Bóer, culminó con una victoria para los ingleses, y los territorios pasaron a ser una colonia británica. El parlamento británico había abolido la esclavitud en todas sus colonias en 1833, sin embargo, no lograron erradicar el fuerte racismo practicado en Sudáfrica por aquellos primeros colonos holandeses (los afrikáner).
En los años 40 del siglo XX, los blancos representaban cerca del 8% de la población del país. Para las elecciones generales sudafricanas de 1948 -en la que solo votaban los ciudadanos de raza blanca- el Partido Nacional tomó el poder, y la discriminación racial se legalizó. El fuerte sistema segregacionista fue conocido como apartheid (se pronuncia [aparthéid], con hache aspirada), que significa «separación» en afrikáans, lengua derivada del holandés.
Surgieron los movimientos anti-apartheid, con campañas de resistencia pacífica, huelgas, marchas, protestas y sabotajes, que fueron reprimidos con dureza por las fuerzas del gobierno. En estos movimientos destaca la figura de un líder negro a quien llamaban “Madiba”.
El nombre de pila de este activista era Rolihlahla Dalibhunga. Había nacido el 18 de julio de 1918, en Mvezo, en la localidad de Umtata, provincia del Cabo Oriental. Era costumbre entre los africanos de aquellos tiempos, adoptar nombres ingleses, debido a la influencia británica en la educación. El primer día de clase, la maestra le daba a cada uno un nombre de origen inglés. Así fue como a Rolihlahla Dalibhunga le dieron el nombre de Nelson, y comenzó a conocerse como Nelson Mandela, aunque familiares y amigos continuaban llamándolo Madiba, como señal de cariño y respeto. Después de terminar la secundaria, se matriculó en la Escuela de Derecho de la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo. Era el único estudiante de raza negra, y debido a sus actividades políticas, no logró completar el último año.
En 1951, Mandela es considerado terrorista por las autoridades del régimen, por hacer un llamado a las armas y a la desobediencia civil. En 1963, es detenido y condenado a cadena perpetua por sabotaje y conspiración. Estuvo encarcelado por 27 años, 18 de los cuales pasó en la tenebrosa prisión de la isla de Robben, en donde fue obligado a realizar trabajos forzados, además de ser víctima de violencia física.
Aunque el apartheid provocaba repudio, rechazo e indignación en el mundo entero, las potencias occidentales mantenían apoyo militar, político y económico al gobierno racista de Sudáfrica. Era la época de la llamada “Guerra Fría”, y los Estados Unidos toleraba las denuncias contra el apartheid, a cambio de que el régimen detuviera el avance comunista, y combatiera a los aliados africanos de la Unión Soviética.
Los trascendentales cambios geopolíticos que ocurrieron en el mundo en los años 80, con la caída del muro de Berlín y la crisis del comunismo, obligaron a los soviéticos a concentrarse en sus problemas domésticos, y a retirar su ayuda financiera y militar a los regímenes pro comunistas en Africa. El apoyo incondicional de Occidente al «bastión anticomunista» ya no era necesario. Organizaciones en todo el mundo endurecieron la presión por la liberación de Mandela, pidiendo acabar con uno de los períodos más xenófobos dei mundo contemporáneo, y el gobierno sudafricano se vió obligado a ceder. En febrero de 1989, el presidente Pieter Botha fallece, y es reemplazado por su ministro Frederik de Klerk, quien celebra encuentros con Mandela para tratar su liberación, la cual tuvo lugar en febrero de 1990. Frederick de Klerk comenzó a derogar decenas de leyes que constituían el entramado jurídico del apartheid, y junto con Mandela, acordaron los mecanismos del período de cambios que se aproximaba, así como los pormenores de las futuras elecciones. No fue fácil para Mandela convencer a su propia gente del camino de transición que estaba tomando. Sus seguidores más radicales seguían apostando por la vía revolucionaria y el derrocamiento del poder blanco por la fuerza. El 15 de octubre de 1993, se les concedió a ambos -de Klerk y Mandela- el Premio Nobel de la Paz, lo que sirvió para reafirmar en los galardonados la voluntad de continuar con el proceso hasta el final.
En 1994 se realizaron las primeras elecciones democráticas del país y Nelson Mandela fue electo, convirtiéndose en el primer presidente negro de Sudáfrica. ¿Qué actitud se podía esperar de Mandela una vez en el poder? Sobradas razones tenía para reaccionar con venganza. De muchos se podría haber esperado rencor y odio. Pero este hombre decide tomar el camino del perdón, la tolerancia y la reconciliación como los valores fundamentales para reunificar a su país.
En la película Invictus -en donde la figura de Mandela es protagonizada por Morgan Freeman-se muestran escenas de su primer día de gobierno. Cuando llega a la casa presidencial y observa que muchos empleados blancos han recogido sus pertenencias, convoca a una reunión y les manifiesta que nadie será despedido, y que todos eran bienvenidos a continuar trabajando en las oficinas del gobierno, si así lo deseaban. Esto incluía al cuerpo de seguridad, significaba mantener a muchos de los guardaespaldas del presidente saliente. Los escoltas negros de Mandela, molestos, le recuerdan que éstos son los mismos que, no hace mucho, intentaron matarlo. Mandela mantuvo firme su decisión, sabía que si querían una nación unificada, tenían que ser coherentes, no bastaba con decirlo, había que demostrarlo, siendo los primeros en dar el ejemplo de reconciliación y perdón.
La postura asumida por Nelson Mandela es considerada en muchos escenarios, como una de las lecciones mas edificantes de perdón, lo cual le valió el respeto y la admiración del mundo. Son encomiables las palabras que pronunció al dejar la prisión: «Al salir por la puerta hacia mi libertad supe que, si no dejaba atrás toda la ira, el odio y el resentimiento, seguiría siendo un prisionero».
¡Cuánta falta nos hacen líderes auténticos!, que renuncien a sus intereses y apetencia personales y se plieguen a la unidad, a opciones con mayor posibilidad de triunfo.
Lionel Álvarez Ibarra
Mayo 2023

















