jueves, septiembre 23, 2021

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Virtualmente adictos

(Por: Lionel Álvarez Ibarra)

Yordan ya tenia tres añitos y no había sido bautizado. Sus padres, Micaela y Eleuterio, habían escogido como padrinos a una pareja amiga que se había mudado a Margarita, lo que había hecho difícil la celebración. Finalmente, fijaron la fecha, y ese día salieron de viaje para la isla. Cuando llegaron al terminal, Micaela pegó un grito de terror, se dio cuenta de que se le había quedado el celular. Dejó al marido con la maleta y se regresó con Yordan en un moto taxi. Apenas llegó a la casa, le entregó el muchacho a la abuela y entró a buscar el teléfono. Lo consiguió y salió en carrera.  Al regresar al terminal, Eleuterio le preguntó alarmado: ¿¡y el niño!?  Micaela se llevó las manos a la cabeza ¡Se le había quedado el muchacho! Pero increíble, ante este olvido, Micaela reaccionó muy diferente, permaneció impasible, y con actitud muy decidida dijo: ¡nos vamos, allá solucionamos! Efectivamente, cuando llegaron a Margarita fueron a Comercial “El Rodeo” en donde consiguieron un muchachito muy parecido y de la misma edad, y el bautizo se celebró  sin inconvenientes.
Pensarán que el relato es exagerado, pero en verdad, no lo es. Ya hay estudios, de instituciones reconocidas, que indican que los niños se sienten abandonados y desantendidos cuando sus padres están poniéndole más atención al celular. Algunos padres, inclusive, le dan al niño un celular o una tablet para quitárselos de encima, para que se distraigan.
La psiquiatra española Marian Rojas Estapé*, advierte que los niños están siendo expuestos a dispositivos electrónicos desde muy temprana edad, algo sobre lo cual, la Sociedad Americana de Pediatría, aconseja, que no haya ningún tipo de contacto hasta los dos años.
Es curiosa, y a la vez preocupante, la comparación que nos da la doctora Rojas Estapé cuando dice que, entregarle un IPad a un niño pequeño, es como si se le  colocase un mini bar en su cuarto y se le dijese: “cada vez que estés aburrido o estresado, no te preocupes, puedes tomarte una copa”. La pantalla genera un proceso similar en los adultos. Todos hemos experimentado esa situación, cuando nos sentimos cansados, aburridos, o estresados, inconscientemente acudimos a la pantalla del celular.

Algunas redes sociales han sido diseñadas para crear adicción. En el caso de Facebook, por ejemplo, Sean Parker, cofundador y ex presidente de la famosa red social, lo admitió en una conferencia. Explicó que cuando Facebook se estaba desarrollando, un objetivo importante era lograr la atención del usuario y que permaneciera conectado el mayor tiempo posible. Para ello estudiaron el comportamiento de la mente, y explotaron esa necesidad que tiene el ser humano de sentirse querido. Nada motiva más que sentirse amado, sentir que importa a los demás, y por eso crearon el botón “me gusta” (Like), que da a los usuarios, ese pequeño golpe de dopamina, que los alienta a seguir conectados.
¿Cómo funciona el efecto de la dopamina? La dopamina es un  neurotransmisor considerado ser el causante de sensaciones placenteras. Rojas Estapé explica y asocia su efecto con un ejemplo: “Si estamos pensando en ir  a tomarnos unas cervezas con unos amigos, el solo imaginarlo, ya comienza a subir el nivel de dopamina en nuestro organismo. Luego de tomarnos las primeras, ese nivel comienza a bajar, hasta sentir una sensación de vacío y una necesidad de tomar más. Algo parecido sucede cuando interactuamos en las redes sociales. Cada vez que recibimos un “like”, nos sentimos queridos y se genera en nosotros un chispazo de dopamina. Todos esos chispazos digitales tienen un comportamiento similar en el mundo de las drogas, tan es así, que los  fármacos que los psiquiatras están utilizando para tratar a los adictos a las drogas, son los mismos que están recetando a los adictos a las redes sociales”.

¿Debemos entonces abandonar las pantallas? ¡Por supuesto que no! Hay que reconocer y agradecer los inmensos beneficios que nos han aportado las nuevas tecnologías de las comunicaciones en las últimas décadas. ¿Se imaginan ustedes la tragedia que viviría la diáspora venezolana si no contásemos con la comunicación vía celular? Lo perjudicial no está en la tecnología, ella ha venido para quedarse y eso es algo bueno, si se sabe utilizar de forma adecuada.
Para evitar que los celulares afecten nuestra salud física y mental, es importante controlar su uso. Una de las afecciones más comunes es el dolor en el cuello, consecuencia de la postura encorvada que adoptan las personas para ver la pantalla. Se recomienda sostener el teléfono a la altura de los ojos, para  mantener la cabeza levantada. También está demostrado, que estar expuesto por mucho tiempo a la luz de alta energía que emite la pantalla, puede afectar las células de los ojos, por lo que se aconseja no conectarse de noche, estando la habitación oscura.
Rojas Estapé nos deja otras cuantas recomendaciones: Lo primero que sugiere es quitar las notificaciones del celular. Disminuir el uso de la red social más activa que tenga, fijándose un tiempo máximo al día para conectarse: quince minutos, media hora, máximo una hora.
Intentar poner de vez en cuando el modo avión, esto, además de ahorrar batería, permite prestar mayor atención a lo que ocurre a su alrededor, sobretodo si va conduciendo a toda velocidad por la autopista.
Cuando se está con amigos o familiares, en una comida o reunión, por mucho que sea la curiosidad y la tentación por saber que de nuevo le ha llegado, conténgase ¡no abra ese celular! Si lo logra, hará sentir bien a la persona que tiene delante, porque no hay nada más agradable, que sentir que se le está escuchando. La obsesión por el celular, tiende a hacer perder a la gente tiempo y energía, y la aleja de la intención de disfrutar el momento.

El hecho de que Micaela haya entrado en pánico, cuando se vio sin el celular, pudiera hacer pensar que se trata de una nomofóbica, como se llama hoy en día, a los adictos al celular. La nomofobia se identificó por primera vez en 2008 y su nombre proviene del término inglés “no-mobile-phone phobia” (fobia a quedarse sin celular, sin conexión).

Pero sea sincero y respóndase las siguientes preguntas: ¿Es usted capaz de dejar el celular en su casa y no sentir un deseo irrefrenable de regresarse a buscarlo? ¿Es usted de los que se regresa?

¡Hum!  Micaela cómo  que no está sola.

Lionel Alvarez Ibarra
Julio, 2021

* Marian Rojas Estapé: Médico Psiquiatra. Universidad de Navarra y actualmente trabajando en el Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas de Madrid.

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