lunes, agosto 8, 2022

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Universidad y Vida

(Por: Nelson Acosta Espinoza)

Voy iniciar esta breve nota con una reflexión de índole antropológica. Espero sea útil y agregue valor a las interpretaciones  elaboradas sobre el acontecer nacional. En especial a la crisis de naturaleza institucional que estremece el país y a los actores colectivos que se desempeñan en este escenario.

Potlatch (regalo), es un concepto acuñado por Marcell Mauss antropólogo francés. Con este término designó las ceremonias practicadas por los pueblos autóctonos de la Costa Pacífica en el noroeste de Norteamérica, tanto los Estados Unidos como en la provincia de la Columbia Británica de Canadá, entre otros. Esta práctica supone la obligación de dar, recibir y devolver. Mauss la concibió como un hecho social total que se expresaba en distintas instancias económicas, sociales, culturales y subjetivas.

Ahora, a ¿qué viene esta introducción un tanto abstracta y probablemente lejana de las angustias que acogotan a la ciudadanía en estos momentos?

En una primera aproximación esta reflexión antropológica proporciona claves para comprender las prácticas clientelares de la política vigentes en el país. Por ejemplo el gobierno da; sectores de la población reciben y, para cerrar el circuito, se espera alguna “devolución” en término de lealtad al donador. La distribución de las llamadas cajas CLAP y los bonos otorgados por el ejecutivo son ejemplos, entre otros, de este populismo distribucioncita y reciprocidad generalizada.

En este caso el “don” tendría la propiedad de ser socialmente inclusivo. A la distancia social y/o política se le agrega la deuda, que paradójicamente acerca, une y todo ello ocurre en un solo acto (clientelar) el dar – recibir.

No siempre esta circularidad en nuestra sociedad posee esta connotación clientelar y de sujeción política, Podríamos señalar que cuando la institucionalidad se encuentra firmemente construida la “reciprocidad del Don” es una fuente indispensable de desarrollo y modernidad.

Un ejemplo, entre tantos otros, es la formación universitaria en el país. Distintos gobiernos conscientes de la importancia estratégica de la educación superior otorgaron (dar) presupuestos apropiados para cubrir las necesidades de estas instituciones. En contraprestación estos organismos recibieron y devolvieron en recursos humanos, ciencia y tecnología, formación de los núcleos de los sectores medios de la población y avances de la cultura y bellas artes en el país. En fin reintegraron lo que se había invertido cerrando así virtuosamente el ciclo y cumpliendo apropiadamente la fórmula de la “reciprocidad del Don”.

La represa del Guri, las autopistas, el puente sobre el lago de Maracaibo, la ciudad universitaria, la autopista Caracas-Valencia son algunas de las obras de infraestructura producto de la ingeniería venezolana. Debemos añadir la presencia cultural del país (Soto, Cruz Diez, Vigas, Orquestas sinfónicas, etc.) en el ámbito del mundo occidental. En pocas palabras, la institución universitaria cumplió a cabalidad la idea que expresa el concepto de reciprocidad del Don.

Pero no siempre esta reciprocidad ha tenido un empuje de naturaleza positiva. Existe una de carácter negativo (Marshall Sahlins). La antropología la define de la siguiente manera:” Es una relación de la cual se trata de obtener un beneficio a expensa de la otra parte”.

En la última década este concepto perfila apropiadamente la relación del Estado con las universidades. La situación calamitosa que padecen los universitarios es producto de esta suerte de reciprocidad negativa. La educación superior en el país agoniza. La emigración masiva de talento y, por otra parte, los salarios de sobrevivencia marcan la condición precaria que prevalece en estas instituciones.

La tragedia ocurrida en la ciudad de Mérida expresa una situación que atañe a todos los universitarios: los salarios de hambre que devengan el personal de nuestras instituciones es una desgracia.

Definitivamente la educación no es una prioridad para el régimen madurista. Ojala más temprano que tarde podamos elevar una ola de protesta estimulada por la desdicha ocurrida en esta ciudad.

A la consigna retrograda de “Socialismo o Muerte” debemos enarbolar con orgullo los universitarios el lema de “UNIVERSIDAD Y VIDA”:

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