lunes, agosto 8, 2022

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¿Universidad popular y productiva?

(Por: Rubén Limas)

¿Es posible en estos tiempos que hoy vivimos los venezolanos, lograr una universidad productiva? Estoy casi seguro que la inmensa mayoría respondería que ¡No!, producto de la crisis de toda índole que padecemos en estos momentos, y quizás porque muchos en su estado de supervivencia actual, la educación no ocupe su verdadero valor principal para resolver esos problemas existenciales.

Si  apenas ganamos para comer, ¿Cómo pensar en otra cosa? Diría cualquier lector.

Hoy en día se discute en los espacios de la Asamblea Nacional una nueva Ley de Universidades en conjunto con la Comisión de Alto Nivel del Ministerio Popular Para la Educación Universitaria y el Consejo Nacional de Universidades.

No tengo ninguna duda, que esta ley, padece la misma inercia de la ley de salud, producto del conflicto de intereses que suscita,  haciendo necesario destrabarlas a ambas para darle al país leyes modernas, inclusivas, de alto nivel de resolución de los propios problemas que generen su aplicación, y relance la educación y la salud – dos áreas estratégicas para el desarrollo – al primer  mundo.

No hay en este momento sino proyectos de ley los cuales han sido enviados al CNU por  distintos factores, pero no hay elaborado hasta ahora ningún proyecto de ley de universidades definitivo.  Analizamos en este momento la metodología ideal que debería llevarnos a construir una robusta Ley de Universidades que incluya posterior al intenso debate generado, una ley que abarque todos los aspectos controversiales, e incorpore distintas propuestas.

¿Universidad popular y productiva? ¿ Es posible? Les confieso en este momento no lo tengo claro. ¿Cuál o cuáles serían los parámetros a evaluar, o los aspectos a incluir en la nueva ley, que le den carácter de popular? En estos tiempos  de democracia participativa y protagónica en la cual uno mira muchos ejemplos señalando  exactamente lo contrario, cabría esperar que lo popular estuviera aderezado por una dialéctica demagógica  en sentido contrario a lo que realmente queremos hacer con la nueva universidad venezolana.

Serán  estos  temas altamente polémicos, con quienes se hacen llamar padres del poder popular, desconociendo adrede la historia y los aportes de Acción Democrática en el pasado.  Cuando, por ejemplo,  producto de la masificación de la educación, creamos a la clase media más poderosa de  América Latina, proveniente  toda ella, de los hijos de trabajadores y campesinos, los cuales tuvimos el privilegio de ir a las universidades nacionales e internacionales. Eso era una educación popular, inclusiva y de alto rendimiento académico, formó los mejores profesionales de aquellas décadas. Estamos absolutamente de acuerdo que ese modelo de educación  fue pertinente en la Venezuela rural de aquel entonces, pero  hoy es necesario mirar un nuevo modelo de universidad productiva. Por ello la nueva ley de universidades debe contemplar la posibilidad de estar  enmarcada en la ciencia, tecnología e innovación. Ello nos parece altamente productivo, por competitivo e innovador.

Un nuevo profesional capaz de innovar, investigar y revolucionar la vida nacional es hoy un clamor. Pero ello exige compromiso de un estado y gobierno venezolano, capaz de  entender, que de la única revolución de la cual hoy se habla en el mundo es de Revolución Tecnológica sin dejar de abordar temas claves de esa nueva universidad, como lo es: autonomía, financiamiento, sueldos y salarios,  elecciones, designación de autoridades, investigación, docencia, participación estudiantil, contraloría social y su perfil científico, tecnológico e innovador.

Cuánto daríamos por elaborar una Ley de Universidades que nos llevará a rankear a nuestras instituciones de educación superior en el mundo. Hoy las cuatro únicas universidades latinoaméricanas que aparecen en el ranking de las primeras  150 universidades en el mundo son la Universidad de Buenos Aires en el puesto número 69, la Universidad Nacional Autónoma de México en el puesto número 105, la Universidad de Sao Paulo en 121, la Pontifica Católica de Chile 135. Queremos competir con universidades como lo es el Instituto  de Tecnología de  Massachusetts, o las Universidades Oxford,  Stanford, Cambridge, o Harvard ¿Por qué no?

Cuando abordamos estos aspectos los cuales  deberían formar parte de esa nueva ley, estamos obligados a ver hacia el futuro por muy adverso que parezca el presente.

Apostamos a despolitizar y despartidizar el debate, hacer un llamado a todos los sectores educativos del país, pensando en grande e impulsando esta iniciativa y ello,  nos permita tener una casa de estudios productiva para la vida nacional.

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