sábado, junio 19, 2021

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Tenemos nuevo CNE

El grito de júbilo fue unánime. Antes de los anuncios de rigor, las felicitaciones formales y los comunicados oficiales, ya decenas de llamadas telefónicas empezaban a inundar la red para congratular, aún con el velo de la discreción, a los actores invisibles que después de tanto tiempo de secretos esfuerzos lograron esta histórica victoria de la conformación de una nueva junta directiva del Consejo Nacional Electoral (CNE).
A esas horas del suceso, aún se hablaba en el idioma del rumor, de nombres como Roberto Picón, Enrique Márquez y Pedro Calzadilla para conformar la junta del Poder Electoral, sin embargo, no faltó mucho para que el festejo saliera con aires de esperanzas de variadas y respetables personas. Es que no es para menos: 17 años tuvimos que esperar para que un CNE fuera constituido legítimamente por el Poder natural para ello, que no es otro que la Asamblea Nacional (AN).
Por eso las voces de salutación no solo vienen desde los espacios de la política opositora, sino que desde las plataformas de la Sociedad Civil, como lo fue el siempre bien ponderado
Jorge Roig; así como el ex rector del CNE Vicente Díaz , quién tuvo la valentía y la
sobriedad de decir que este Poder Electoral es el mejor compuesto en toda la historia
moderna de la oposición.
Decenas y decenas de felicitaciones aún inundan las redes: el ex candidato a presidente de la República, Enrique Capriles, además de diversos actores del escenario nacional, ya han manifestado su satisfacción por este suceso que sin dudas abre las puertas de un nuevo escenario político, que no es otro que la garantía de un Poder Electoral que permita la libre expresión ciudadana a través del voto.
Este cambio comenzó hace mucho. Habrá que situarse en aquel terco empeño que tuvimos algunos partidos políticos por participar en las elecciones parlamentarias; que a pesar de la derrota numérica logramos ingresar al hemiciclo, llenos de improperios de algunos; de críticas insanas y descalificativos. Pero aún así hicimos nuestro trabajo y para colmo de males (para los malos, por supuesto) empujamos las mesas de negociación, con la certeza de que no había otra ruta posible que la conversación y el consenso.
Después de tantos modestos esfuerzos, de luchas y situaciones complicadas llegamos a esto, que significa no solamente la esperanza de un cambio por la vía electoral, sino que también se traduce en la asertividad de nuestra decisión de convertirnos en los defensores del voto. Este triunfo significa que fue una buena decisión participar en elecciones y luchar por condiciones para hacer política verdaderamente.
Celebro con corazón entusiasta que muchos que en aquellos días nos llamaron “alacranes”, hoy aplauden la designación del nuevo CNE. Que algunos que antes no podían ver otra ruta distinta al inmediatismo y la insurrección, hoy ven una esperanza para un cambio de gobierno desde la constitucionalidad y el voto. Es este el triunfo de la política, que augura un tiempo en el que nuevamente será virtud la capacidad de negociación y el convencimiento. Un momento en el que la maroma estratégica sea sinónimo de astucia y habilidad, no de fuerza, violencia o de dinero.

No pretendo esconder la felicidad y el orgullo, de esto que la Unión Europea (UE) denominó como “un primer paso”, para algo que definitivamente puso en jaque a cualquier aspiración divisionista, insana y aventurera que pretendía privar a los venezolanos del camino político, para sumergirlo en vías imposibles; guerreristas y totalmente ajenas a nuestra vocación democrática y pacífica.
Tengo la seguridad que incluso ellos tendrán la sensatez de retomar el camino de la lógica por el bien propio, el de la política y la Patria.
Pero no nos quedemos en la embriaguez de la victoria: Llegó el momento de la política, de la estrategia; de el ejercicio sano de la gestión estadística de los hombres y mujeres de partidos políticos, para establecer sus maquinarias, sus equipos electorales, sus brigadas de propaganda.
Ya dimos la primera batalla, que fue llevar la pelea al escenario electoral con condiciones, ahora viene la parte más importante: prepararnos para ganar. Que cada partido empiece sus gestiones internas, que la sociedad civil incentive el voto y su defensa, para que no se trate únicamente de un grupo de jefes aplaudiendo los comicios, sino de un pueblo que se vuelca activamente a votar.
Me queda la satisfacción de hombre de pueblo, de hacer lo necesario para que la nación vuelva a brillar de democracia. Tengo el sentimiento de hombre de familia, de hacer lo correcto y lo justo para mis seres queridos, la patria y todos los hijos de esta tierra. Sigamos luchando.

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