lunes, agosto 8, 2022

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¿Ser pobre es bueno?

(Por: Nelson Acosta Espinoza)

.-Es frecuente oír la expresión “el salario no alcanza”; “No consigue cubrir los requerimientos mínimos”. Y no puede ser de otra manera. Venezuela es el país
más pobre de Sudamérica. A esta conclusión ha llegado la Encuesta de Condiciones de Vida del Venezolano (Encovi). Medición llevada a cabo por la universidad Católica Andrés Bello, Central de Venezuela y Simón Bolívar.
Este estudio concluye que 96% de la población es pobre y que un 79% se encuentra en pobreza extrema, lo que significa que los ingresos percibidos son insuficientes para cubrir la canasta alimentaria. Luis Pedro España, investigador de la Universidad Católica Andrés Bello que coordino este estudio señala, como conclusión: “todos en general somos pobres, ya no hay riqueza que repartir ni bienestar que disfrutar”.
Definitivamente estamos experimentando una situación dramática. Sin la menor duda, si no revertimos en términos positivos esta situación, el futuro del país estará comprometido y el desaliento colectivo se apoderara de la voluntad y corazones de la población. Entiendo que esta última condición cuenta para explicar un cierto desapego, por un lado hacia las propuestas de cambio formuladas desde la oposición y, por el otro, la “comodidad” de disfrutar las iniciativas asistencialistas emanadas desde el gobierno. Desde luego, ambas opciones tienen expresión política y electoral.
Me parece conveniente, detenerme e intentar incluir otra variable que cuenta para explicar la situación presente y los futuros obstáculos a los que deberá enfrentarse la generación que asuma la conducción del país. En principio debo señalar que el ingreso no es la única dimensión definitoria de la pobreza.
Existen otras circunstancias de naturalezas simbólicas y culturales que pueden
favorecer u obstaculizar los procesos de democratización y desarrollo económico.
Soy de la idea de que el chavismo en los 2º años que usufructó el poder logró fomentar y materializar una suerte de “cultura de la pobreza” que le fue funcional para sus objetivos de naturaleza estratégica. La pobreza, con sus atributos, se transformó en el discurso chavista en una cualidad que se exaltaba como alternativa a los valores asociados a la economía de mercado.
“Ser pobre es bueno” fue una de las consignas y punto de partida para el
diseño de una variedad de políticas públicas.

La encuesta ENCOVI describe, descarnadamente, los resultados catastróficos de este modelo. No tan solo empobreció en ingresos sino que, igualmente, ancló a la población en un esquema de valores que les dificultara poder romper el cerco de la pobreza. Hasta cierto punto, esta última circunstancia explica la conducta electoral de este sector de la población y los obstáculos que ha experimentado los sectores democráticos para hacer llegar sus propuestas políticas y electorales.
Me voy a detener brevemente en este punto. Es importante comprender que la pobreza, por si sola, no genera actitudes y conductas de naturaleza electoral y
política. Si ese fuese el caso, el 96% (ENCOVI) de la población que comparte esta condición reaccionarían contra el sistema político y económico que es responsable de esta circunstancia. Sin embargo este no es el caso.
En los años de la hegemonía chavista las masas empobrecidas brindaron su respaldo político y electoral a los responsables de su pobreza. El discurso chavista logró elevarse por encima de esta condición objetiva y le construyó una identidad a esta población que pudiéramos sintetizar con la frase de “ser pobre es bueno”.
La buena noticia para los sectores democráticos es que este relato está en franco proceso de agotamiento. Creo que es posible afirmar que un sector de la población humilde del país ya no se identifica con la propuesta socialista.
En términos subjetivos se encuentra “libre” para ser interpelada por otro discurso más cónsono con una esperanza real de futuro.
En otras palabras, la oposición democrática se encuentra frente una oportunidad única. Agotado el Socialismo del Siglo XXI, se abre oportunidades para elaborar un nuevo relato democrático que le llegue a toda la población, en especial a los sectores medios y populares. Se requiere, desde luego, abandonar las viejas prácticas clientelares y esforzarse en la construcción de un futuro alternativo al pasado reciente.
Recordemos la máxima: “no es lo que tú dices, es lo que la gente escucha”

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