¿Por qué las crisis son grandes oportunidades de vida?

Columna: Mejor Vivir

(Por: Arnaldo Rojas)

*La vida se encuentra en movimiento perpetuo. De un instante a otro las
circunstancias en que vivimos cambian, a veces suave y casi imperceptiblemente, y otras de una manera más bien radical, como ocurre actualmente con la crisis del covid 19.
El ser humano, sin embargo, muy pocas veces tiene conciencia de ello y, por lo mismo, casi nunca está preparado para recibir un cambio importante en su existencia. En términos generales, la mayoría de nosotros vive esperando que las cosas continúen siendo normales, que el ritmo de la vida que llevamos se conserve, que la existencia no cambie (o al menos no cambie de manera inesperada, sin nuestro “permiso”). Por supuesto, la vida ocurre de otra manera.
¿Pero entonces qué hacer con los cambios? ¿Cómo responder ante esas crisis inesperadas que alteran nuestra acostumbrada estabilidad?
A continuación compartimos siete formas en que es posible experimentar los cambios de la vida no desde el padecimiento, la resistencia o el apego a lo que ya no es, sino más bien desde una perspectiva más orientada al desarrollo humano.

  1. Crecimiento personal.- El primer efecto de toda crisis es que son
    capaces de detonar un proceso amplio y definitivo de crecimiento
    personal. Como han señalado distintas escuelas de pensamiento e
    incluso diversas tradiciones espirituales, es en la adversidad donde
    descubrimos cualidades de nuestro ser, de nuestra personalidad y aun
    de nuestras condiciones de vida que nunca antes habíamos advertido o que no sabíamos que éramos capaces de desarrollar. El cambio trae
    crecimiento, sobre todo si nos entregamos conscientemente a él.
  2. Flexibilidad.- Vivir un tiempo de cambio requiere un grado importante de flexibilidad por nuestra parte. Como se señala en el budismo, el apego es la fuente del sufrimiento. En el caso de una situación crítica, es sumamente común (y, de hecho, muy humano) querer continuar viviendo con las mismas ideas, los mismos patrones de pensamiento y conducta, los mismos hábitos y rutinas que teníamos. No obstante, si las circunstancias han cambiado, ¿cómo podemos esperar que nuestras viejas actitudes sigan funcionando? Resistirse a cambiar sólo genera tensión con uno mismo y con los otros, equivocaciones, malentendidos y otros efectos contrarios que nacen del desfase que existe entre la realidad y la manera en que la vivimos. Sé flexible, tanto como puedas. Fluir con el ritmo de los acontecimientos es la mejor manera de navegar.
  3. Ser mejor.- Si bien en un momento crítico no siempre es fácil pensar
    positivamente, si puedes hacerlo te darás cuenta de que los momentos de cambio son en esencia oportunidades para mejorar. Si se llegó a una crisis es porque algo que se hizo dejó de funcionar. Aprovecha esas coyunturas para cambiar lo que necesita cambiarse y, de ese modo mejorar tus condiciones de existencia.
  1. El valor de la vida.- Las crisis tienen el poder (no siempre bien aceptado) de que permiten distinguir con notable claridad lo superfluo de lo fundamental en prácticamente todos los aspectos de la vida, desde lo material hasta lo más íntimo. En un momento de cambio, pregúntate qué de tu situación anterior realmente necesitas y qué puedes dejar en el camino.
  2. Fortaleza.- Un efecto importante de las crisis suele ser la fortaleza. Si una persona consigue sobreponerse a un cambio importante en su vida, muy posiblemente emergerá con un mejor conocimiento de sí mismo, de sus posibilidades y sus limitaciones. Y todo esto se traduce directamente en fortaleza de mente y espíritu.
  3. Romper con la inercia.- En la vida es hasta cierto punto normal caer en ciertas inercias: con respecto a nuestros pensamientos, nuestras rutinas, nuestras relaciones, etc. De algún modo, esto es muy humano, pues hay ámbitos de la vida que requieren de cierta ritualidad, cierta inercia. Sin embargo, si la existencia está cambiando todo el tiempo, llega el momento en que dichos patrones entran en contradicción con la realidad en que vivimos. La inercia se revela entonces más como un obstáculo que como un método para vivir. Los cambios nos permiten descubrir esas inercias y romper con ellas. En ese sentido, nos invitan al desafío de vivir la vida con mayor creatividad.
  4. Un nuevo comienzo. Es claro que un momento de crisis o de cambio
    nos enfrenta a la posibilidad de comenzar de nuevo. El fin de una
    relación, el cambio de lugar de residencia, la pérdida de un trabajo, la
    muerte de un ser querido, la experiencia de una enfermedad grave… De alguna manera, todas estas situaciones difíciles son retos que nos
    pueden llevar a replantear casi por completo la forma en que conducimos nuestra existencia, y entonces comenzar de nuevo.

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