Multiatareadas en cuarentena

(Por: Lionel Álvarez Ibarra)

.-En tiempos ancestrales, machos y hembras vivían separados, pero surgió el amor como sentimiento evolutivo que los llevó a convivir y formar familia.  No existen registros de acuerdo alguno, pero todo hace pensar que se dividieron las tareas. El macho acepta ir a la búsqueda del alimento y la  hembra a quedarse en la caverna para cuidar la cría. En la ejecución de cada uno de sus roles, desarrollaron características específicas. El macho en su encomienda de cazar, enfoca todo su cerebro a un solo objetivo, no podía distraerse, era cuestión de vida o muerte; mientras que la hembra, al permanecer en la cueva, con los niños y otras mujeres, logra desarrollar una capacidad extraordinaria de realizar diferentes tareas simultáneamente.
Millones de años han transcurrido, pero el Dr. Daniel López Rosseti (Universidad de Buenos Aires) explica que algunas de esas características ancestrales aún prevalecen: El hombre actual gestiona por objetivos, se concentra en uno solo, lo cual le permite resolver en menor tiempo determinados asuntos. La mujer gestiona procedimientos, maneja mayor cantidad de objetivos y mantiene su capacidad de multitareas. Pero la cultura también participa en el moldeo de esos comportamientos. Hoy en día, para procurar el alimento, basta con acercarse hasta el supermercado más cercano, sin riesgos ni peligros (en Venezuela ¡no se confíen!). La mujer moderna se vio en la  necesidad de salir a trabajar fuera de la casa, pero no la eximieron de realizar los oficios del hogar, ni del rol principal en la crianza de los hijos.
Mi amiga Yvette, me llama para comentarme como está  pasando la cuarentena. Me dice que está trabajando desde su casa vía “on line”, pero ahora, con los muchachos y el marido encerrados, se siente abrumada de trabajo, hasta el rol de maestra ha tenido que hacer. Se me ocurre comentarle sobre esa capacidad que tiene la mujer -y no tiene el hombre-, de realizar múltiples tareas al mismo tiempo. Se lanza una carcajada y me dice no sentirse nada “halagada” por esa competencia, y tampoco acepta que su esposo tenga “un solo objetivo” y que ese sea estar todo el día al frente de la computadora sin hacer más nada  ¡Ya lo voy a poner a hacer oficios! – exclama- antes de despedirse.
La situación de Yvette, trajo a mi memoria una investigación desarrollada por el doctor Daniel Kahneman*, psicólogo de la Universidad de Princeton, quien estudió los estados emocionales de las mujeres mientras desarrollaban diferentes actividades. Evaluaron sus experiencias emocionales cuando estaban en el trabajo, cuando estaban almorzando, en la intimidad con su pareja, cuando estaban con sus hijos, cuando salían de compras… El resultado más sorprendente del estudio fue que esas mujeres ¡no disfrutaban pasando tiempo con sus hijos!  ¿Pueden creer? Pero no significa que no los amasen, para la mayoría de ellas sus hijos eran lo más importante y significativo. Lo que sucede es que no estaban realmente con ellos, estaban físicamente allí, pero no estaban presentes: estaban al mismo tiempo hablando por teléfono o escribiendo emails, preparando el almuerzo, o pensando en lo que hicieron antes o en lo que tenían que hacer más adelante. Así que mientras ellas estaban allí físicamente, no estaban realmente allí. El estudio también revela que hubiesen podido disfrutar mucho más todas esas cosas, si las hubiesen hecho por separado, pues cuando se hacen tantas tareas al mismo tiempo, así sean todas buenas, es  difícil alcanzar ese disfrute, porque  la cantidad afecta la calidad.
Es interesante la analogía con que lo ilustra el Dr. Tal Ben Shahar, profesor de Psicología Positiva cuando estuvo en la Universidad de Harvard. Explica que a él le agrada mucho, por ejemplo, la canción “And I will always love you” cantada por Whitney Houston, y en una escala del 1 al 10  le otorga un 10.  Otra de sus piezas favoritas es la Novena Sinfonía de Beethoven, y la califica con un 9.5. Luego pregunta: ¿Qué pasaría, si para maximizar el disfrute, sintonizara juntas las dos piezas, que suenen las dos al mismo tiempo? ¿qué se obtiene? ¿Un 19.5, cierto? Entonces responde: ¡No! ¡Es ruido lo que se escucha!
Así es la vida moderna para muchos, y se paga un precio muy alto por tratar de hacer demasiado. La ciencia está certificando lo que nos transmitían nuestros padres cuando nos repetían el viejo proverbio:  “El que mucho abarca, poco aprieta”. Comprométase a hacer una sola cosa a la vez y no pierda parte del placer potencial de lo que está haciendo.
En momentos como el que estamos viviendo, de confinamiento forzado, muchas personas, como Yvette, corren el riesgo de llenarse de ansiedad y estrés. Aparte de evitar las multitareas, es oportuno hacer uso de prácticas que ayuden a aliviar esos síntomas. Una de ella es la meditación, consiga la modalidad que más le agrade y que compagine con sus creencias. Si aún no conoce el mindfulness, puede buscar información, instruirse, conocer  sus múltiples beneficios y practicarla.

Lionel Álvarez Ibarra
Abril 2020
* El Dr. Daniel Kahneman es Psicólogo y ¡Premio Nobel de Economía 2002!

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