Montecristo y la Cuarentena

(Arnaldo Rojas/Funcamama)

.- *En estos tiempos de encierro forzoso, la lectura es una buena alternativa para sobrellevar la cuarentena. Recordamos la lección de un clásico de la literatura sobre un encierro sanador de cuerpo y alma.

El Conde de Montecristo es una novela del escritor francés Alejandro Dumas, publicada en 1844. Cuenta la historia de Edmundo Dantés, un inocente merinero que es encerrado en la prisión del castillo de IF,
condenado por un delito que no cometió. Este encierro termina por convertirlo en otra persona.
Edmundo Dantés estaba a punto de ascender a capitán y de casarse con la bella condesa de Moncef, pero no se da cuenta de la trama de envidias e intrigas que se teje en su entorno más próximo. El joven es arrestado el día de la boda. Es acusado en falso y de forma anónima de ser un espía. Su cautiverio durará 14 años.
De esta novela se han hecho innumerables versiones en teatro, cine y televisión. Siempre ha destacado su protagonista como ìcono del vengador jusiticiero que tanto nos seduce. Sin embargo, no suele hacerse un
análisis riguroso de su aspecto ètico y moral. El Conde de Montecristo gira principalmente en torno al control de nuestras vidas y emociones; sobre la capacidad de superación y perdón que alumbra y guía al protagonista a través de sus páginas.
En este sentido se trata del mejor libro de crecimiento y desarrollo personal que existe hasta ahora. Una obra que enseña a conocerse a sí mismo, a desarrollar todas las potencialidades humanas, a dominar el odio, la rabia y la venganza, a resistir, a aceptar el infortunio y afrontar el dolor como una parte imprescindible de la vida.
Al comienzo de su encierro, en la oscuridad del calabozo, el protagonista desespera. Se encomienda a Dios, le reza, pero pasan los años y pierde la
esperanza de ser liberado. Su sufrimiento da un vuelco cuando entabla amistad con un sacerdote y erudito italiano que ocupa la celda de al lado, el abate Faría, quien cumple cadena perpetua por un asesinato político. Faría lo instruye en la importancia de la integridad y el desarrollo personal. Le enseña conocimientos profundos de historia, matemáticas, lenguaje, filosofía, idiomas, física y química. Faría es quien le descubre quienes son sus enemigos y, sobre todo, que el estado moral de alguien no depende de su posición social o su riqueza. Edmundo Dantés encuentra así las claves filosóficas que le harán avanzar por el camino de su transformación en otra
persona. Aprende de la mano de su amigo y maestro que el conocimiento libera, le confiere un consuelo interno que no alcanzarà de otro modo.

En sus últimos minutos de vida, Farìa le revela el secreto de un tesoro oculto en la isla de Montecristo y le invita a encontrarlo, confiado en que su aplicado discípulo utilizarà el tesoro para hacer el bien. Dantès logra escapar y recupera el tesoro. Pero admite que el autèntico tesoro no es ese que encontró en una cueva.
Para aquellos que lo ayudaron se convierte en un àngel protector, quienes lo traicionaron deben enfrentar la consecuencia de sus actos. En una de
sus venganzas, un inocente sale perjudicado y entonces toma plena conciencia de que solo Dios es capaz de dispensar justicia. Al final, El Conde de Montecristo consigue perdonar al màs culpable de todos aquellos que lo traicionaron, aquel hombre que lo privò de su libertad y le condenò al olvido y la cárcel por un crimen que no había cometido. Se convierte en
un ser humano que no solamente es capaz de amar la vida sino que, incluso, logra superar su afán de venganza y alcanzar la felicidad, haciendo que los demás también sean felices.
Recordamos esta historia del Conde de Montecristo a propòsito de la cuarentena, porque nos invita a reinventarnos, a que este aislamiento se convierta en un encierro transformador para que, cuando pase la
pandemia, cada quien encuentre su tesoro y gane en
calidad humana.

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