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Mitos y verdades sobre el otro yo

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Columna: Mejor Vivir

(Por: Arnaldo Rojas)

.-Desde la antigüedad existe una creencia según la cual cada persona tiene un gemelo idéntico en algún lugar sin que exista vínculo sanguíneo alguno. Es decir, el otro yo, un doble, un doppelganger. Lo cual de por sí, es muy inquietante, ya que se supone que todo ser humano es único, o al menos, eso creemos.

La evolución de esta creencia viene desde la cultura egipcia antigua con lo que llamaban el “Ka” (El doble espíritu). Cuenta esta leyenda que, cuando te encontrabas frente a frente con tu “Ka”, había llegado el momento de morir. En nuestra época esta idea del “otro yo” alcanzó gran resonancia a partir de la publicación, en 1914, de “El Doble” (Der Doppelgänger), un libro prohibido del psicoanalista austríaco Otto Rank (1884-1939). Se trata del primer libro en tratar el tema del Doppelgänger desde una perspectiva psicológica. El autor plantea que ese “otro yo” es una proyección de nuestro inconsciente, nuestra sombra en el espejo, nuestro espíritu tutelar.

Desde entonces se utiliza el término Doppelgänger para referirse al tema. Es un vocablo alemán y proviene de doppel, que significa «doble» y gänger «andante».

El cine, la literatura, la pintura y los cómics, han empleado este tema y lo han explotado ampliamente. “El Dr. Jekyll y Mr. Hyde” de Robert Louis Stevenson, y “El doble” de Fiódor Dostoievski, tratan de maneras diferentes este mismo concepto. El escritor Edgar Allan Poe, en su cuento «William Wilson» nos ofrece uno de los más claros y escalofriantes ejemplos de un doppelgänger, con el protagonista descubriendo, poco a poco, algo raro, empezando por la llegada a su colegio de “… un alumno que sin ser pariente mío llevaba mí mismo nombre y apellido; una circunstancia poco destacable porque pese a mi ascendencia noble, el mío era uno de esos apellidos comunes que, desde tiempos inmemoriales, parecen haber pasado a ser propiedad de la plebe. (…)  mi tocayo había nacido el diecinueve de enero de 1813 y esta es una coincidencia bastante notable, pues se trata precisamente del día de mi natalicio”. “Lo miré, e instantáneamente quedé petrificado, helado. Respiré con dificultad, me temblaban las rodillas y mi espíritu era presa de un horror sin sentido, pero intolerable. Jadeando, aproximé aún más la lámpara a su cara. ¿Eran esos… esos, los rasgos de William Wilson? ¡El mismo nombre! ¡La misma figura! ¡El mismo día de llegada a la academia! ¡Y después su obstinada e insensata imitación de mi manera de caminar, mi voz, mis costumbres y actitudes”!

Más recientemente, el premio Nobel José Saramago, en su novela “El hombre duplicado”, narra la historia de un profesor de historia en una escuela secundaria, que descubre en una película un actor que es su copia idéntica. De allí se deriva una novela de suspense que plantea cosas interesantes sobre la identidad. Este libro fue llevado al cine en 2013 con el título de Enemy.

Pero uno de los casos más impresionantes ocurrió en la realidad. Sigmund Freud y Arthur Schnitzler eran extraordinariamente parecidos físicamente, ambos estudiaron medicina y se especializaron en neurología en el mismo instituto médico de Nancy, en Francia; estudiaron técnicas de hipnosis con los mismos profesores franceses; los dos trabajaron por un tiempo sin llegar a conocerse en la misma clínica; ambos nacieron después de la primera mitad del siglo XIX; los dos eran primogénitos y fueron entregados al cuidado de una nodriza después de nacer y ambos perdieron hermanos menores en circunstancias trágicas. Después de trabajar en aquella clínica, los dos optaron por abandonar la práctica comercial de la medicina. Freud para sumergirse en el estudio de la psiquis humana y Schnitzler para dedicarse a escribir obras de teatro y cuentos. ¿Se puede hablar de puras coincidencias?

En 1.922, Sigmund Freud le escribió a su doble una carta muy singular que decía lo siguiente: «Durante años me he preguntado (como sin duda le habrá ocurrido a Ud.) por qué siempre he evitado conocerle personalmente a pesar de que amigos comunes han intentado acercarnos y existen muchas razones para que lo hiciéramos. Espero que no lo tome a risa si confieso que nunca he querido hacerlo por un temor subconsciente a encontrarme en usted a mí doppelgänger. Su persona siempre me ha sido extrañamente familiar, como si existiera una insondable simbiosis entre nuestras mentes. Perdóneme por incurrir en el autoanálisis pero después de todo, es lo único que sé hacer«.

Freud sostenía que el Doppelgänger es la reacción psíquica ante la certeza de que moriremos. ¿El temor del padre de la psicología moderna tenía alguna base real? Es una incertidumbre que todavía no ha sido despejada.

Los avances científicos de la actualidad han sumado dos nuevas explicaciones a la teoría del “otro yo” o Doppelganger: la clonación, que ya es bastante conocida. Y, la más reciente, parte de una serie realizada por el fotógrafo canadiense François Brunelle, quien se ha dedicado a registrar fotos de personas idénticas físicamente pero que no tienen ningún parentesco. El caso más célebre es el del futbolista alemán Mesut Ozil, idéntico a Enzo Ferrari, fundador de la famosa empresa automovilística.

Cientos de personas han pasado por el lente de esta artista. Lo que Brunelle quizás no imaginó cuando arrancó con su proyecto es que se convertiría en la base de una investigación científica pionera.  Fue contactado por un grupo de expertos del Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras, de Barcelona, España, que trata de explicar las similitudes físicas entre individuos que no tienen vínculos familiares. Otra sorprendente coincidencia.

Ilustración Fotograma de la película Enemy. 

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