viernes, mayo 7, 2021

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¿Llegó la hora del viraje económico?

(Por: Rubén Limas)

Al menos desde el año 2013, último de aquella Venezuela que aún mostraba números
verdes en sus evaluaciones financieras, nuestro pueblo no quiere saber otra cosa que no sea aquello que lo empuje a una mejora económica.
No es necesario, si quiera, invertir en un estudio de opinión pública para determinar que el anhelo social está enfocado en lo económico, en un nivel considerablemente mayor al político, pues una de las características fundamentales de las crisis de un país, es cuando una sociedad empieza a ver el asunto organizativo y político como un fenómeno lejano a su cotidianidad. La gente está concentrada en su subsistencia, en su economía doméstica.
No quiere esto decir que nosotros, debamos postergar la agenda política en el tiempo, o debamos minimizar nuestra acción parlamentaria a exclusivos elementos financieros, pero sí significa que hay que tener el tino de apuntar en dirección a las prioridades, para que a partir de la estabilidad económica y del Estado, sentar las bases para la política.
En este sentido, el 27 de abril de este año la Asamblea Nacional (AN) aprobó en primera discusión la Ley de Zonas Económicas Especiales. Nosotros (la bancada opositora) votamos en favor de esa propuesta, no sin antes dejar algunas observaciones y aportes a esa Ley.
El chavismo descubrió – por fin- el agua tibia con la Ley de Zonas Económicas Especiales, lo cual celebramos. Desde hace rato venimos diciendo que la economía requiere de la inversión del capital privado, pero además de reglas claras.
Parte de estas reglas son inequívocamente: la seguridad personal y jurídica; enterrar para siempre el concepto de expropiaciones y confiscaciones de empresas productivas (que tanto daño le ha hecho a la economía nacional ) pero además revertir ese proceso.
Por eso, de todo corazón, espero que este descubrimiento no tenga cartas ocultas, y que sea esta Ley una palanca para impulsar el aparato productivo del país, en beneficio del pueblo de Venezuela.
Escuché -no sin algo de escepticismo- decir en el calor del debate que “para distribuir las riquezas, debemos producirlas”, y confieso que quedé perplejo, porque jamás imaginé escuchar esa frase desde la bancada oficialista. Mi reacción inmediata fue celebrar la frase.
Creo firmemente que es esta la labor del parlamentario: Conciliar con el contrario para juntos exhortar al poder a que cumpla con la exigencia del pueblo. Es imposible, en una realidad como la venezolana, avanzar al progreso sin el reconocimiento del otro. Sin la unión de los contrarios por el bien general de la Nación.
La motivación para aprobar esta Ley no debería ser las medidas coercitivas impuestas al país. La verdadera razón tiene que ser el convencimiento de que una economía controlada por el Estado y además profundamente ideologizada es un verdadero fracaso.

Los medios de producción en manos del estado – Ley socialista – representan un modelo que rotundamente ha fracasado en todo el mundo. Es por eso que celebramos que al fin las presiones que ejerce el pueblo, a través de sus vocerías como partidos políticos, medios y organizaciones sociales llegan finalmente al poder, al punto de obligarlo a un viraje económico.
Por ejemplo, una Zona Económica Especial sería aquella libre de expropiaciones arbitrarias, de acoso tributario por razones ajenas a la propia economía, de protectores de los estados (figura que viola la constitución) y que han generado más corrupción e ineficiencia ¡Esa sería una verdadera zona económica especial!
Obviamente que no queremos zonas económicas especiales como en Cuba, donde en esas zonas hay antillanos de primera y de cuarta.
No podemos olvidar que toda crisis es una antesala al cambio profundo, que debemos estar activos en el momento histórico adecuado para ser actores reales del viraje. Debemos forjar los cambios que necesita el país, desde el consenso; la negociación; el diálogo y la acción política real.
Celebramos las Zonas Económicas Especiales, pero también las vigilaremos junto a la
sociedad civil. Seremos parte activa de su construcción y consolidación, apoyaremos lo que debamos sustentar y criticaremos lo que no está bien.
No haremos política desde la lógica conspiradora del “quiebre”, sino desde la terca y mil veces más efectiva estrategia de la participación, el debate y la democracia. En nuestras manos está que nuestro avance no sea para fortalecer a un gobierno, sino a la economía nacional y a la sociedad.
El cambio político sólo será posible si se cambian nuestras estrategias. Solo si cambian los actores y su vida política podremos vencer. Así que sigamos luchando.

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