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Las máscaras

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(Por: Lionel Álvarez Ibarra)

.-Tuve el privilegio y la satisfacción de asistir a la última presentación del famoso mimo francés Marcel Marceau en el Teatro Municipal de Valencia. En uno de los «sketchs», el actor  realiza la pantomima de  entrar en una tienda de máscaras y comenzar a probarse decenas de ellas. Su rostro cambiaba totalmente con las diferentes máscaras, hasta que al simular la de una carcajada, ésta se le quedó atascada y no lograba zafársela. Es allí en donde pudimos apreciar la genialidad de este artista, cuando manteniendo la expresión de alegría de la carcajada, lograba al mismo tiempo transmitir al público  la angustia y el desespero por no poder quitarse la máscara.

Las emociones que experimentamos se reflejan en nuestro rostro, y aunque no contamos con la genialidad de Marcel Marceau, a menudo desarrollamos una maestría para colocarnos máscaras que buscan ocultar lo que realmente sentimos. Los niños son sinceros y exteriorizan lo que sienten, cuando están rabiosos forman su berrinche y cuando están alegres no hay quien les quite  sus sonrisas. Pero luego, a medida que vamos creciendo, muchas veces se van desarrollando creencias de que no debemos manifestar ciertas emociones en público. Vivimos entonces más pendientes del que dirán, maquillamos lo que creemos que puede ser mal visto y evitamos que otros sepan cómo nos sentimos realmente.

El profesor Tal Ben Shahar, conocido por haber dictado el curso más concurrido para el momento  en la Universidad de Harvard, fundamentado en la Psicologia Positiva, explicaba en una de sus conferencias, que si bien es cierto que es importante mantener un estado alegre y vivir con optimismo, ello no significa que neguemos la existencia de las emociones negativas y mucho menos que tratemos de ocultarlas o reprimirlas. Éstas existen y son hasta cierto punto útiles y necesarias. Debemos darnos el permiso de  ser humanos, expresarlas es aceptar la realidad, es estar en este mundo… ¡es vivir!

En nuestras máscaras emocionales, la sonrisa es el componente de mayor importancia, porque es el elemento más versátil de nuestra arquitectura facial y es lo que mejor esconde a las emociones  negativas. Con una sonrisa hipócrita se pueden fingir sentimientos contrarios a los que verdaderamente se sienten. Por cierto, los actores de teatro en la Antigua Grecia, que con frecuencia utilizaban máscaras, eran llamados “hipócritas”.

En oportunidades, por razones de trabajo, se exige al empleado que trata con público, mantenerse sonreído; es el caso de las aeromozas, lo que dio lugar a la conocida «Sonrisa Panamericam» que la ya desaparecida aerolínea estadounidense  exigía a sus azafatas.

Algunos, con su sonrisa, logran engañar a mucha gente, pero no a todo el mundo, y mucho menos a los especialistas de la salud. Así ocurrió con mi amiga Marcolina, que cansada de tantos antidepresivos se presentó a la consulta de su médico  con una máscara que desplegaba una amplia sonrisa, tratando de hacerle creer que ya se encontraba bien y no los necesitaba. Su sonrisa se convirtió en mueca cuando el doctor ¡le incrementó  la dosis!

La ciencia ha estudiado la sonrisa ampliamente y ha identificado diversos tipos. Podrán esbozar en sus máscaras cualesquiera de ellas, pero les será difícil falsear la sonrisa Duchenne, llamada así en honor al médico francés Gullielme Duchenne que la investigó y describió en el siglo XIX. Se trata de una sonrisa genuina, que no puede generarse voluntariamente, controlada por el sistema límbico y ligada a la parte más emocional del cerebro. Su característica principal, aparte de la contracción de los músculos alrededor de la boca, que provoca el levantamiento de la comisura de los labios, es la contracción del músculo orbicular, cuya contracción alza las mejillas que produce arrugas alrededor de los ojos -las famosas patas de gallina-, rasgo que devela una emoción espontánea, ya que la mayor parte de las personas no pueden contraer a voluntad el músculo orbicular.

Lo sensato es abandonar esa «tienda de máscaras» y salir a enfrentar la realidad. Sin embargo, seguiremos tropezándonos diariamente con amigos y familiares con máscaras  risueñas, pero con aflicciones que sus miradas no logran ocultar. Desconocemos la magnitud de sus angustias y desafíos, así que debemos tratarlos con paciencia y gentileza. 

Las máscaras pueden mostrar diferentes sonrisas,  pero la emoción escondida busca salir a la luz a través de los ojos. Ellos nos delatan, por algo dicen los sabios que «los ojos son las ventanas del alma».

Lionel Álvarez Ibarra

Mayo, 2024

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