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Las infecciones nos envejecen

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(Por: Arnaldo Rojas)

.- Cada vez que contraemos una infección, nuestro sistema inmunológico nos defiende (algunas veces necesita apoyo farmacológico) hasta que logramos superarla. Pero no solo terminamos algo golpeados sino, sobre todo, más viejos. Las últimas investigaciones sugieren que la edad biológica puede ser mucho mayor que la natural en personas que han contraído múltiples infecciones virales o que han sido afectadas por una infección crónica.

En estos casos, no es raro que una persona con una edad cronológica de 40 años tenga un sistema inmunológico correspondiente al de alguien de 60, lo que puede impactar profundamente en su calidad de vida y en el funcionamiento de su sistema inmune.

¿A qué se debe? ¿Cómo puede hacernos envejecer un virus? Para entenderlo, hay que empezar recordando que la información genética que heredamos de nuestros padres está guardada en nuestros cromosomas. Es decir, en estructuras de ADN superempaquetadas con cuatro brazos colocados en forma de X. Y, para mantener estable este armazón de ADN, los cromosomas necesitan unas estructuras en sus extremos que funcionan como cascos protectores, denominados telómeros.

La palabra telómero, de origen griego, significa “parte final”. Su función es impedir que los cromosomas se rompan o se dañen, ya que son más débiles en los extremos. Es como si los cromosomas estuvieran hechos de lana: sin esos cascos protectores, correrían el riesgo de deshilacharse y deshacerse.

En cierto modo, los telómeros actúan como relojes celulares capaces de medir cuántas veces puede dividirse una célula. De hecho, lo normal es que las personas de mayor edad tengan los telómeros más desgastados que los más jóvenes. Sin embargo, los telómeros no solo se acortan debido a la edad, sino que también influyen otros factores como la etnia, el sexo, el estrés, la dieta y la exposición a determinadas enfermedades.

Cuando las células del sistema inmunológico entran en contacto con un microorganismo dañino, se inicia un proceso de división y expansión masiva hasta formar una población numerosa suficiente para destruir al invasor. Eso quiere decir que cada proceso infeccioso da lugar a un ciclo de divisiones masivas de células inmunes, con el consiguiente desgaste de sus telómeros y el aumento de la probabilidad de entrar antes en lo que se conoce como estado de inmunosenescencia, es decir, un sistema inmune envejecido. Cuantas más infecciones enfrentamos en nuestra vida, más se acortan los telómeros de las células que nos defienden y más envejece nuestro sistema inmunológico. 

Concretamente, estudios con personas infectadas con virus como el VIH, el virus de Epstein-Barr (que produce la mononucleosis) y el virus de la hepatitis C, entre otros, han demostrado un acortamiento de los telómeros del sistema inmunológico. Además, recientemente se ha demostrado que los personas que han estado más graves debido al Covid-19 presentan un acortamiento de sus telómeros. De ahí que, como señalábamos al principio, la edad biológica pueda ser mucho mayor que la edad natural en personas que han contraído múltiples infecciones o que se enfrentan a una infección crónica.

Con el acortamiento de telómeros y el envejecimiento del sistema inmunológico, las células pierden su capacidad para defendernos de las infecciones, por lo que existe un mayor riesgo de contraer enfermedades infecciosas. Ese es el motivo por el que las personas mayores responden peor ante las infecciones y, lo que es más preocupante, también ante las vacunas, ya que para que una vacuna haga efecto necesita un sistema inmunológico que funcione correctamente.

Las consecuencias del envejecimiento inmunológico son múltiples. Por un lado, se relacionan con una mayor susceptibilidad a infecciones respiratorias, urinarias, endocarditis infecciosa (infección del endocardio, membrana que recubre las cámaras del corazón) y septicemia (presencia de bacterias en la sangre), además de cáncer, alzhéimer y enfermedades autoinmunes.

No hay duda que las infecciones provocan un envejecimiento acelerado del sistema inmunológico, que provoca una mayor predisposición a contraer tanto enfermedades infecciosas como al desarrollo de otras patologías. Esta interrelación entre infecciones y envejecimiento, a través del desgaste de telómeros, actualmente es motivo de investigaciones más profundas para intentar anticiparnos y diseñar estrategias que disminuyan su desgaste.

Mientras la ciencia avanza hacia esas estrategias, lo recomendable es, preventivamente, llevar un estilo de vida saludable, cero sedentarismo y consumir con frecuencia alimentos con propiedades antioxidantes que protegen las células del envejecimiento inmunológico, tales como frutas (auyama, aguacate, coliflor, brócoli, zanahoria), verduras, granos, leguminosas y semillas. 

Ilustración: Julie de Waroquier

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