lunes, agosto 8, 2022

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Las emociones de Andrés

(Por: Lionel Álvarez Ibarra)

El pasado artículo sobre positividad despertó bastante interés. Fueron decenas de comentarios los que me hicieron llegar los lectores. Uno muy especial fue el de mi amigo Andrés, en donde me decía que le había parecido muy interesante y además, estaba muy bien escrito. Agregó a sus comentarios, algunas inquietudes. Solo tomaré una de ellas, en donde textualmente planteaba lo siguiente: “sabemos que el ser humano es un ser emocional; por la naturaleza de las emociones estas surgen de manera espontánea en respuesta a situaciones o circunstancias. Sería desconocer su naturaleza si se pretendiera controlar y potenciar las emociones positivas. Pareciera que se sienten o no, independientemente de nuestros deseos racionales. Cultivar la alegría, emoción positiva, como recomiendan en el estudio, por ejemplo, no lo veo, obligarse a estar alegre, ¿cómo?”.
Que Andrés le haya dado esa interpretación al artículo, expresando de manera sincera su opinión y sentimiento, me motivó a desarrollar esta segunda parte sobre las emociones.
Una cosa son las circunstancias que nos afectan, y otras son las interpretaciones que hagamos de ellas. Dependiendo de nuestra actitud, surgirán emociones, y éstas son ciertamente naturales, como bien indica Andrés. Si la emoción que aflora es de tristeza, por ejemplo, debemos dejar que esa tristeza fluya, sin intentar cambiarla. El escrito no dice que trate de sustituirla por otra, aún más, existen estudios que lo consideran  hasta contraproducente.
El psicólogo Tal Ben Shahar, profesor de la Universidad de Columbia, explica que, cuando se intenta suprimir emociones dolorosas o desagradables, éstas se intensifican, se hacen más fuertes. La paradoja es que, cuando las aceptamos, se debilitan. Cuando nos damos la libertad de experimentar toda la gama de emociones humanas, tanto negativas como positivas, estamos siendo plenamente humanos.
La literatura científica da cuenta de esos fenómenos y los denomina “procesos irónicos”, que fueron muy bien estudiados por Daniel Wegner (1994), quien fuera profesor de Psicología de la Universidad de Harvard. Básicamente, su teoría dice que los intentos de control de los estados mentales, generan exactamente lo opuesto a lo que se quiere controlar, algo que Wegner llamó “reverso irónico”.
Así que, si usted le dice a alguien: “¡pero no pienses en eso!, lo que puede estar haciendo es atizándole la emoción, porque intentar suprimir un pensamiento, es la mejor manera de que éste regrese una y otra  vez.
Si a un señor se le muere la esposa, lo natural es que se sienta triste. Si anda por allí riéndose, tratando de cambiar tristeza por alegría, lo que puede conseguir es que lo investigue la policía.
El profesor Shahar lo ilustra con una experiencia personal. Explica que cuando se inició dando clases, el  desafío más grande que tuvo que enfrentar fue su introversión. Reconoce que es tímido y se pone nervioso al enfrentarse a una gran audiencia. Y para él, una gran audiencia, es cualquier grupo mayor de cinco personas. Su primer año como profesor, fue un tanto difícil. Relata que, antes de entrar al auditorio, trataba de asumir actitudes mentales positivas como: “Vamos, todo va a estar bien, lo puedes hacer, no tienes ansiedad, ni nervios, vamos, tú puedes”, ¿y que pasaba? ¡La ansiedad y el nerviosísimo se intensificaban!
Pero después de leer la investigación del profesor Daniel Wegner en procesamientos irónicos, Shahar dice que comenzó a darse el permiso de ser humano y permitió que la ansiedad y los nervios fluyeran a través de él, y  en poco tiempo, se iban por si solas.
Lo que propone la Dra. Bárbara Fredrickson, y que ya comentamos en el artículo anterior, es encontrar emociones positivas para oponerse a cada pensamiento negativo que surja, asegurando mantener una alta proporción de positividad. No es cambiar emociones, es agregarlas; es aprovechar aquellas oportunidades que nos pueden generar esas emociones positivas, y que muchas veces no le prestamos atención.
Solo por  mencionar un ejemplo, si en la mañana estás desayunando, ¡vive el momento! Aprecia cada uno de los alimentos, disfruta sus olores, sus sabores, y probablemente surgirán emociones de alegría y gratitud. Hay personas que no lo hacen, se mantienen distraídas con el celular, viendo el noticiero, o con la mente enganchada en un problema que tienen en el trabajo. Si al mediodía le preguntan qué desayunaron ¡ni se acuerdan!
A propósito, ¿Recuerdas que desayunaste esta mañana?
Lionel Álvarez IbarraNoviembre, 2021

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