La política del nuevo siglo

Por Eduardo Caballero 

No hay lucha política que pueda tener éxito en ausencia de convicción. La desmoralización es fatal para cualquier proyecto de envergadura, por eso el principal campo de batalla se da en el esfuerzo de cada uno de las partes para domesticar al otro, que el adversario se de por vencido, huya en desbandada y asuma la preponderancia del que lo oprime. Gana el que derrumba la esperanza de su adversario.
Las batallas políticas son sobre todo narrativas mutuamente contradictorias que se confrontan en la psique y el corazón de los ciudadanos. Esa es la razón por la que Sun Tzu planteaba que la verdadera victoria es “someter al adversario antes de la confrontación”. En nuestro caso el estado administra una mezcla de amenazas, hechos cumplidos y callejones que solo conducen a su permanencia en el poder.
El líder democrático, el verdadero, debe mantener un estricto compromiso con la verdad, aunque ella sea dura, aunque no convenga, aunque nadie la quiera oír porque rompe con las expectativas de la paz sin costo que algunos ansían, o porque se sale de los linderos de lo “políticamente correcto”, el verdadero líder denuncia los sepulcros blanqueados de los que proyectan su cobardía como un manual de buenas prácticas de la política.
El líder democrático que necesitamos proclama la verdad, incluso, cuando invocarla suponga una ruptura con los otros que dicen experimentar lo mismo, pero que no se sienten capaces de traducir esa sensación en salidas apropiadas, y por eso mismo se conforman en promover nuevos saltos al precipicio.
No hay liderazgo bueno sin ideas claras, por eso no se puede convalidar el nihilismo con el que actualmente se quiere abordar la política venezolana, no es cierto que cualquier posición tenga el mismo valor y tampoco lo es que cualquier decisión que se tome provoque resultados equivalentes. 
La nueva generación de dirigentes está demasiado acostumbrada a que le compren como buenas los juegos de palabras, las reinterpretaciones de los conceptos y la ambigüedad declarativa que luego les permite tener salidas supuestamente honorables, entre otras cosas, ese “ingenio ilustrado” que exhiben, al carecer de fortaleza moral, los hace parte de una incapacidad estructural de la actual oposición venezolana para identificar salidas y provocar rupturas.
¿Por qué son importantes las ideas y los valores en el ejercicio de la política? Porque el arte de la política se trata de posicionamiento de las convicciones y movimientos estratégicos para lograr los cambios deseados, sin ideas es poco probable mantener la ruta del coraje y sin coraje es imposible lograr los cambios que la gente exige y desea con desesperación vital. 
No es para cualquier lado a dónde queremos ir, es hacia la libertad y la prosperidad. Todo aquello que lo retarde es malo, reprobable y descartable. Todo aquello que lo anticipe es bueno y aprovechable.

Eduardo Caballero 
Director para los DDHH del Centro Thatcher 
@EduardoC_Vzla 

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