La paradoja de la abundancia

(Por: Nelson Acosta Espinoza)

.- Bien ya hemos cumplido tres meses de cuarentena. Parece una eternidad. Más de noventa días encerrados en nuestros hogares e intentando combatir el tedio que se deriva de estas circunstancias.

Es posible distinguir etapas. Al inicio se da una sensación de emergencia. Es necesario dar respuesta a lo inesperado y ello requiere trabajo y disciplina. Una vez superada esta etapa se impone la rutina, la condenada rutina. Lentamente vamos adquiriendo la conciencia que esto va para largo y, en consecuencia, se hace necesaria la construcción de hábitos que proporcionen sentido al transcurrir del tiempo.

La lectura es una de las estrategias apropiadas. En mi caso me decidí por revisar textos relacionados con la situación actual y que arrojan luces para interpretar el sentido de los cambios políticos y económicos que estamos experimentando.

Es indudable que nuestra condición petrolera ha jugado un papel protagónico en el destino del país. Hasta cierto punto, ha sido responsable de las graves distorsiones que se han sucedido a lo largo de nuestra historia. No tan solo en el plano económico sino, igualmente, en el ámbito político e institucional. En el marco de esta aseveración, me decidí por revisar el trabajo de Terry Lynn Karl, The Paradox of Plenty: Oil Booms and Petro-States.

El atractivo de este libro, entre otros, es que contiene los resultados de la indagación llevada a cabo por esta investigadora sobre los efectos del auge petrolero de la década del setenta. En este marco, la autora posa su mirada sobre los arreglos institucionales provocados por la posesión inesperada de una gran renta económica. Argumenta que este fenómeno implicó algo más que un proceso de decadencia económica, como lo indica la teoría de la enfermedad holandesa.

 La renta petrolera reestructuró la toma de decisiones y con ello alteró las instituciones del Estado y los incentivos de los actores. Sin duda el estado obtuvo más recursos para “promover” el desarrollo. Sin embargo, las políticas públicas se convirtieron en mecanismos para dispensar privilegios. El clientelismo, como cultura política, se extendió por todo el tejido social y alcanzo el rango de política pública. Es así que si bien la jurisdicción del Estado aumento, su autoridad disminuyo.

Esta circunstancia, que la autora la define como Paradoja de la Abundancia, ha estado presente en la vida del país desde mediado del siglo pasado hasta la actualidad. Su lógica, de enfatizar la acumulación y distribución de la renta por encima de las actividades productivas ha sido compartida por la generalidad de los actores políticos en el país. En un cierto sentido no han existido diferencias sustantivas entre los diversos partidos que constituyen el cuerpo político de la nación. Sus discrepancias han estado más relacionadas en torno que grupo controla el estado y los ingresos provenientes de la explotación petrolera. Quizás aquí radique una de las causas que explica la dificultad para construir una alternativa que sustituya la que ha estado vigente hasta ahora.

En otra perspectiva José Ignacio Cabrujas, afamado dramaturgo venezolano ya fallecido, con gran agudeza definió al estado como un “brujo magnánimo”. Dotado de poder para reemplazar la realidad por ficciones fabulosas alimentadas por la riqueza petrolera. Es así como mediante “trucos de prestidigitación” los actores políticos en el poder intentaron hacer de la vida política un encandilador de progreso nacional.

La Venezuela actual, la chavista-madurista es un ejemplo paradigmático de lo señalado. La elaboración de deslumbrantes proyectos de desarrollo en estas últimas décadas puede asumirse como fantasías de progreso; trucos de prestidigitación mediante los cuales se ha intentado la construcción artificial de consensos.

En la actualidad estamos frente al agotamiento del petro estado y de sus actores colectivos. Es indispensable, entonces, la construcción de un nuevo relato que siente las bases del futuro del país. Una nueva narrativa que rompa con el asistencialismo y se acerque a los preceptos del liberalismo. Seamos optimistas. Que el fin de la cuarentena abra espacio para la construcción de esta nueva Venezuela.

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