La oposición sin relato

(Por: Nelson Acosta Espinoza)

.-Amigo lector la siguiente aseveración puede parecer extraña o fuera de
contexto. Después de todo, la historia oficial cataloga, correctamente, al
régimen de Marcos Pérez Jiménez como un régimen dictatorial o de vocación autoritaria. Sin embargo, en el referéndum o plebiscito organizado el 15 de diciembre de 1957 la población aprobó por mayoría su continuidad en el gobierno, pero ningún partido u organización opositora reconoció su victoria. El desenlace es de todos conocidos. La referencia viene a cuento para enfatizar que la celebración de elecciones por si solas no garantiza los presupuestos que supone la práctica de una democracia liberal.
En ese sentido, la interrogante a formular es la siguiente. ¿Las elecciones
celebradas posteriormente lograron profundizar el contenido liberal de la
práctica democrática? ¿Los regímenes ulteriores conjugaron apropiadamente el espíritu democrático?
Vamos a intentar dar respuestas a estas interrogantes e intentar describir los rasgos sobresalientes de la coyuntura política. Una tensión ha estado presente en la vida política del país a lo largo de su historia: la que opone el liberalismo constitucional y la democracia. El primero se focaliza en la limitación del poder; el segundo jira en torno a su acumulación. Esta tensión atraviesa el sistema político y ha sido responsable de gran parte de los conflictos que se han sucedido en su seno. Desde luego, el carácter petrolero del estado venezolano cuenta a la hora de explicar esta dinámica. La administración de esos recursos le otorgaba un alto grado de autonomía en relación a la sociedad.
En cierto sentido, le permitía transformarse en árbitro y protector de la
ciudadanía. La administración pública se caracterizó, en consecuencia, por
estar sometida a una fuerte centralización. Las decisiones de naturaleza
estratégica quedaban en manos de funcionarios del gobierno central.
Retomemos el tema con el cual inicie este breve escrito. Creo que es legítimo afirmar que en nuestra experiencia la celebración de elecciones no ha garantizado la profundización del modo de vida democrático. Expresado en otros términos: no ha limitado el poder; por el contrario, ha permitido su
concentración. Desafortunadamente la partidocracia puso más atención en la acumulación que en la restricción del poder.

Ahora bien, nos encontramos frente una situación especial. Por primera vez en nuestra historia un régimen asume, sin ambages, su carácter antidemocrático y contrario a los principios de naturaleza liberal.
Desde el año 1998 hasta el día de hoy el país ha estado experimentando un
franco proceso de erosión democrática. En este lapso, se ha puesto
limitaciones al financiamiento a los partidos políticos; los militares han
mutado su rol en la sociedad; ejercen un mayor protagonismo e injerencia en los asuntos públicos. En contraposición la oposición se muestra descoordinada y, pareciera, que carece de una estrategia clara. Recordemos que este sector transitó varias vías: golpe, marchas, paro petrolero, referéndum, abstención, Coordinadora Democrática. En el 2015 se ganan las elecciones parlamentarias y se derrumba la MUD. Este fracaso es producto de divisiones de naturaleza estratégica, inmediatismo, individualismos y los intereses partidistas.
Desde luego, se debe añadir como causa de este descalabro la idea que hemos venido subrayando a lo largo de este breve escrito. Los actores políticos democráticos se encuentran atrapados dentro de los “hábitos” que los caracterizaban en el pasado. Su atención está focalizada en la acumulación de poder. Esta circunstancia explica su fraccionamiento.
Existen al menos tres grupos cuya diferencia tiene que ver con su vocación de acumular poder. En primer lugar existe la facción representada por el MAS, Avanzada Progresista, Soluciones y un sector de COPEY. En segundo lugar, se encuentra el que aboga por una intervención extranjera en el país.
Finalmente, el G4 representado en el Frente Amplio Libre Venezuela que es
liderada por Primero Justicia, Voluntad Popular, Acción Democrática y Un
Nuevo Tiempo. Mientras persista este particularismo partidista la posibilidad de formular la estrategia apropiada se reduce sustancialmente.

En el marco de estas circunstancias parece que es una tarea inmediata
comenzar a elaborar un nuevo relato. Una narrativa que permita la
construcción de una percepción de la democracia y su instrumentación
electoral distinta a la que ha prevalecido hasta nuestros días. En otras palabras, la tarea es intentar articular los contenidos liberales a la
práctica democrática.

En otras palabras, la tarea es intentar articular los contenidos liberales a la
práctica democrática.

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