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La industria naval en Venezuela

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(Por: César Guillén Citterio)

.-Nuestra Industria Naval comienza con la llegada de la Compañía Guipuzcoana y la construcción de los puertos de Borburata, La Guaira y otros menos importantes. Ya en el 1830, legisladores expusieron ante el congreso las ventajas del país por lo extenso de sus costas y de la necesidad de estudios y capacitación en artes marineras y de navegación. En el año 1908, se crea el Astillero de la Base Naval y en 1959 se construye DIANCA.

A raíz de las 2 guerras mundiales, Venezuela aumentó su exportación de hidrocarburos que motivaron una gran actividad portuaria, se crearon nuevos terminales marítimos petroleros y se ampliaron los astilleros.

Sin embargo, este impulso no se sostuvo por la falta de una política clara del desarrollo medular del sector.

El modelo del país mono productor y mono exportador de energéticos, incidió en que las decisiones para el sector naval no fuesen prioritarias. Hasta el presente se han desestimado proyectos muy serios, elaborados desde hace décadas por reconocidos especialistas del sector.

Es por ello que deben rectificarse las políticas del reciente pasado, al destinar recursos en la construcción de buques y remolcadores en el exterior y de efectuar reparaciones a la flota petrolera en astilleros del Asia.

Recursos que podrían haber colocado a nuestra industria en mejores condiciones que las actuales, y generado numerosos puestos de trabajo. La actual realidad es que no tenemos los puertos, muelles, astilleros y talleres navales para atender barcos de 30.000 Ton.

A pesar de ello, nuestras oportunidades del negocio están identificadas en: La Capacidad de mantenimiento a la flota nacional; Tráfico marítimo por el litoral venezolano sobre las 10.000 unidades al año como mercado potencial y de las posibilidades en el mantenimiento y construcción de las flotas de los países del Caribe. Otra oportunidad de negocio es la del desguace de los barcos que ya han cumplido su vida útil y que generan impacto ambiental. (Regulaciones OMI-2009).

Este trabajo es económicamente rentable por la recuperación de metales y componentes para su reciclaje. (En la actualidad existen más de 300 barcos del Estado inoperativos). El hundimiento previa preparación de estos buques, es utilizado en el submarinismo de aventura, creando acuarios artificiales turísticos.

Nuestra posición geográfica, nos ubica como un lugar estratégico, donde podríamos recibir buques de más de 20.000 contenedores, mediante la construcción de un puerto de aguas profundas, desde donde se puede redistribuir esa carga hacia el sur de Colombia y el norte de Brasil, por carretera o ferrocarril. Barcos de cabotaje, repartirían esa carga por las islas del Caribe. Un impacto directo en la economía.

Ahora bien, un puerto de aguas profundas, requiere de una infraestructura moderna y de la capacitación de los técnicos que van a operar y mantener ese parque industrial. Sin embargo, es viable, por nuestras fortalezas: Ubicación geográfica; generación eléctrica; suministro de agua dulce; producción siderúrgica, suministro confiable de combustibles y el de poseer los activos mineros para el financiamiento.

Esta política de inversión difícilmente pueda financiarse con los recursos del sector privado. El Estado debe comprometer mecanismos de créditos internacionales, para proyectos tales como la construcción de una embarcación de las dimensiones actuales, un moderno astillero o un puerto de aguas profundas.

Es pertinente el coordinar con los consulados, la comercialización de nuestra Industria con los países beneficiarios de los convenios en petróleo. Por lo antes expuesto, se requiere con celeridad, una actitud decidida y consensuada, a fin de establecer alianzas estratégicas con empresas y grupos económicos internacionales, que quieran invertir y aliarse con la Industria Naval Venezolana, bajo un marco legal transparente que les garantice el retorno de su inversión.

Cesar Guillen Citterio

Consultor de Seguridad Naval. (IPIN)

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