¿La historia sin fin?

(Por: Manuel Barreto Hernaiz) 

_”… Están perdiendo sus esperanzas y olvidando a sus sueños. Así es como la Nada se vuelve más fuerte ¿Por qué? -Porque el humano sin esperanzas es fácil de controlar y aquel que tenga el control, tendrá el Poder… ”._

*Michael Ende “La Historia sin Fin”*  

Por allá, en 1989, cuando se desmoronaba el “socialismo real” en Europa del Este, él para ese entonces director de Planeamiento de Política del Departamento de Estado de Estados Unidos, Francis Fukuyama, publicó un polémico libro titulado “El fin de la Historia y el último hombre”, en el cual sostenía en una controvertida tesis del fin de la Historia, pensando que sería la teoría dominante en los años venideros… Sin embargo, lo parcial de su visión ha hecho que, con el paso del tiempo, ésta sea tenida como una teoría poco acertada y poco aceptada por los historiadores contemporáneos. El error de Fukuyama consistió ante todo en suponer que esos dos mundos, el de la libertad y el de la historia, seguirían vías alejadas entre sí, con un escaso grado de interacción.

Proponía la sustitución de una política basada en ideas por otra fundada en la gestión técnica de la realidad. Recordemos que cuando eso pasaba, acá en nuestro país “bajaron los cerros”… Pero ésa es otra historia… concatenada con ésta.

La realidad de las ideologías no es que desaparezcan con el paso del tiempo, sino que se han desprestigiado a causa de la degeneración de las ideas, o por la evidente concepción de la política como un simple ejercicio del poder, sin metas, propósitos o ideales más allá de la única perpetuación en el poder; lo que ha acarreado cansancio, mediocridad, poca participación y hasta flojera mental. A veces son, precisamente los ideales por los cuales mueren las personas, los que les imposibilitan vivir y trabajar juntos. La mayoría de los venezolanos no tenemos hoy una ideología política en la cual creer. Y este obligado confinamiento de prevención pandemia  parece que más que tapar nos las bocas, nos tapa las ideas.   Entonces el sentimiento que predomina es el de la impotencia. Nos sentimos impotentes frente a lo que ocurre en el país. Pero, todos los venezolanos de buena voluntad y sanos principios sabemos que no podemos  conformarnos con lo que lo que hoy se nos presenta como país; sabemos que hay opciones distintas para superar las crisis por las que estamos pasando. Y no queremos conformarnos con lo que lo que hoy se nos presenta como país; sabemos que hay opciones distintas para superar las crisis por las que estamos pasando. 
Se hace menester recordar que el propósito de la sociedad civil no reside en conquistar el poder, sino influir en la actuación de los actores políticos, con la lógica pretensión de buscar un espacio para las asociaciones cívicas en el cual converjan la paz, el respeto a los derechos humanos, el orden y la solidaridad.

La sociedad civil no es enemiga de nadie, pero sí un juez muy implacable y pendiente de la rendición de cuentas.

Es fundamental que la sociedad civil se organice y se manifieste y que pueda  ubicarse  en la dirección más propicia  de lo que se avizora como una ardua y larga lucha.

Por tal razón, recae en la sociedad civil la tarea de liderar -sin infiltrados ni adláteres- la transformación socio-política nacional.

Y como siempre surge la pregunta ¿Y los líderes? Pues de ella misma saldrán, ella misma les irá creando; pues es un hecho que a la sociedad civil no se le puede detener; no se le puede ignorar, y no se le puede cooptar.

Los partidos políticos tienen que organizar el trabajo territorial, no en el sentido tradicional de  la configuración de una lista para unas  elecciones insensatas y forajidas  Ahora la tarea ineludible de los partidos demócratas debe ser primordialmente, recuperar la democracia.

Los ciudadanos  están conscientes de  apoyar a los partidos políticos, solamente que el funcionamiento actual de éstos, al verse tan golpeados por las totalitarias medidas del régimen al intervenirlos arbitrariamente y sin otra causa que atornillarse en el poder  – además del confinamiento de la pandemia – se ven limitados para  corresponder con sus expectativas.
Ahora bien, las organizaciones de la sociedad civil tienen que responder rigurosamente al preguntarse qué democracia quieren, tienen que saber qué rol político quieren y cuál rol le dan a los partidos, o si seguirán esperando que los destrocen para sustituirlos; pero siempre considerando que la crisis política, desde la perspectiva de la acción política no es responsabilidad de unos o de otros, sino que es responsabilidad de todos.
Ante la falta de una opción ideológica, una de las pocas alternativas que van quedando   es la de tomar el partido por la defensa de nuestros derechos, que ya han sido bastante golpeados; ante la impotencia debemos armarnos, además de consignas y flyers, con una firme moral del deber: que cada cual haga de su oficio, de su estudio, de su trabajo, de su labor, de su calle, un arma cargada de esperanza y compromiso, de temple y perseverancia, que son las verdaderas municiones  para la dura pelea de defender el porvenir de nuestros hijos.

Debemos armarnos también contra el fatalismo o la indiferencia, y no se plantea el asumir falsos idealismos que nos impidan la comprensión eficiente del juego social, económico y político del país que hoy tenemos, sino de no sumarnos al derrotismo y a la indiferencia frente a lo que estamos viviendo. 

Consideramos necesario recordarlo: el recorrido del camino que ha emprendido la mayoría de los ciudadanos no consiste en una carrera de rapidez, sino de resistencia. Si hemos tropezado una vez más muy cerca de la meta, tengámosle sólo miedo a darnos por vencidos.Y mucho cuidado con confundir la anestesia con la esperanza.

*Manuel Barreto Hernaiz*

Te puede interesar: