viernes, octubre 30, 2020

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La fiesta de la vida ¿90…60…90?

(Por: Lionel Álvarez Ibarra)

.-Estábamos celebrando el vigésimo cumpleaños de un sobrino y como en toda fiesta de muchachos, los invitados se fueron agrupando más o menos por edades. Los más jóvenes de un lado, los mayores del otro. De repente a alguien se le ocurrió lanzar la siguiente pregunta:
¿Qué prefieren ustedes, vivir hasta los sesenta bien o hasta los noventa con achaques”.

Los jóvenes no lo pensaron dos veces y todos fueron respondiendo que preferían hasta los sesenta bien. Pero cuando le tocó el turno a los mayores de cincuenta o que ya se acercaban a  los sesenta, comenzaron a mirarse unos a otros, y todos prefirieron hasta los noventa, así fuera con achaques. Mi tía me susurró al oído: “Como se nota que estos carajitos no se han percatado de la velocidad con que transcurre la vida”.
La pregunta fue lanzada con piquete porque traía implícito que a los sesenta las personas estarán sanas y a los noventas estarán enfermas, y eso no es siempre así. Por supuesto que surge en la vejez un deterioro y la fortaleza no es igual a la que se tenía en la juventud y pueden aparecer enfermedades propias de la edad. Pero hay muchas que no son exclusivas de la vejez y pueden muy bien presentarse más temprano. Así podemos conseguirnos con sexagenarios con problemas de hipertensión o diabetes, y nonagenarios con estado de salud bastante aceptable.

Las sociedades actuales, en general, parecieran privilegiar a la juventud como la etapa deseable y por lo tanto, la única que merece ser vivida. Valores como la producción y el consumo de bienes son los que prevalecen y hace que las personas improductivas y poco consumidoras, como es el caso de muchos de los adultos mayores, sean marginados.

Pero con tantos prejuicios y desinformación, ¿Cómo no esperar que estos muchachos prefiriesen solo vivir sesenta años?
Se requeriría de todo un desmontaje de mitos sobre la ancianidad para esperar un cambio en sus opiniones. Primero no entender el envejecimiento como una enfermedad ni asociarla solamente a achaques y dolencias. Que todas las etapas de nuestra vida tiene sus encantos y beneficios, que tenemos que vivirlas a plenitud y no podemos quedarnos estacionados en una de ellas, hay que circular, esos son las reglas del juego. Que alcanzar la vejez no es un castigo, todo lo contrario es un privilegio reservado a muy pocos. No tiene porque ser una etapa triste y sin frutos, es la hora de cosechar lo que se ha sembrado.
Grandes personajes de la historia, de haber vivido solo hasta los sesenta, no nos hubiesen dejado lo mejor de sus obras. La Primera Parte del Quijote la publica Cervantes a la edad de cincuenta y ocho años, que era una edad avanzada en su tiempo y la Segunda Parte, diez años después cuando se acerca a los setenta, casi un año antes de morir.
Henri Pittier llegó a Venezuela con seis décadas a cuesta, ya jubilado, y trabajó hasta los noventa y dos, dedicado al estudio de la Flora y la Fauna del país, completando más de 10.000 fichas catalogadas en el Herbario Nacional que aún siguen vigentes.
José Saramago, nobel de literatura, inició la producción de sus mejores novelas mucho después de los sesenta.
Sin ir muy lejos, esta semana le otorgaron el premio internacional de poesía “Federico García Lorca” a la venezolana Yolanda  Pantin a sus 66 años de edad ¡Tenemos poetisa para ratos!
La tercera edad puede darnos posibilidades que ninguna otra etapa de nuestra vida nos ofrece, mayor disponibilidad de tiempo libre y recursos para iniciar nuevos caminos. Mientras se encuentre razones para vivir, aunque el cuerpo haya envejecido, el espíritu seguirá siendo joven.

A pesar de las dificultades y circunstancias adversas que nos toque enfrentar, definitivamente la vida es bella y vale la pena vivirla a plenitud todos los años que el creador disponga.
¿Todavía quieres vivir solo hasta los sesenta?

Lionel Álvarez Ibarra

“En un tiempo como el de ahora, en el que tan fácilmente se desprecia a los mayores, creo que soy un ejemplo muy bueno. Entre los sesenta y los ochenta y cuatro he hecho una obra. Por tanto ¡Ojo con los viejos!”
José Saramago (1922-2010)

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