La democracia iliberal venezolana

(Por: Nelson Acosta Espinoza)

.-Vamos a estar claros. Me parece imperativo comprender que la estructura de pensamiento y de lenguaje que ha sido responsable de la caótica situación que vivimos, no puede sustentar la creación de una nueva alternativa societaria. A los ojos de muchos puede parecer extraña o exagerada la siguiente afirmación. Soy del criterio que la actual pandemia nos ofrece una suerte de oportunismo histórico ¿En qué sentido? En el sentido que su impacto masivo podría impulsar la construcción de una nueva narrativa que vaya al encuentro de los retos que se desprenden de los tiempos por venir.

En fin, son de naturaleza diversa los desafíos que se avecinan. Por ejemplo, construir un país donde reine la libertad en sus diversas expresiones seria uno de ellos. Desde luego una aseveración de esta índole pudiera ser percibida en forma exagerada. Después de todo oficialmente nuestra historia ha sido conceptualizada como la búsqueda y consolidación de la libertad. A tono con esta afirmación, la democracia ha sido apreciada como la garante de las libertades, públicas y privadas. Sin embargo, nuestra vida social y política ha transcurrido por otros derroteros. A contrapelo de las exigencias implícitas en una democracia participativa. Es por esta circunstancia que no parece desacertado señalar que la estructura de pensamiento y lenguaje que ha sido dominante históricamente en el país ha sido refractaria a las enunciaciones de naturaleza liberal.

Lo señalado en los párrafos anteriores tiene como finalidad introducir la idea del distanciamiento existente en el país entre la práctica democrática y las virtudes liberales.

Ciertamente, desde mediados del siglo pasado han prevalecido gobiernos electos que pueden ser calificados como democráticos. Sin embargo, y este hecho debe ser resaltado, en distintos grados esos mandatos se caracterizaron por la implementación de políticas equivocadas, altos grados de corrupción e incapacidad de adoptar estrategias que respondieran a proteger la autonomía y dignidad individual. Lo paradójico, es que a pesar de ese pobre desempeño no perdieron su condición de democráticos. Desde luego, su práctica política fue asumida en términos de un intervencionismo estatal que lo hacía refractario a los valores intrínsecos del relato liberal.
Esta democracia iliberal se asentó en la condición del Petro Estado que caracterizo la formación social y cultural del país. La renta petrolera otorgo al estado un alto grado de autonomía, doto a la lucha política de un fuerte sentido clientelar y de una concepción centralista y burocrática del ejercicio administrativo del poder.

Los ingentes recursos provenientes de la renta petrolera fueron usados para “comprar” modernidad. A lo largo y ancho de la geografía aparecieron edificios, mansiones, urbanizaciones, autopistas, etc. Infraestructura que en la actualidad se encuentra en un franco proceso de deterioro y que expresa el carácter artificial del desarrollo llevado a cabo en el marco de esta democracia iliberal.

Tal como lo señalamos en párrafos anteriores la estructura de lenguaje y pensamiento predominante fue subsidiaria de esta modernidad. Ahí radica la dificultad presente en los actores políticos para formular un proyecto alternativo que dibuje el contorno del los tiempos por venir.

Se requiere, entonces, hacer ejercicio de imaginación creativa. Es claro que los tiempos de la democracia iliberal han finalizado. Se abre, entonces, espacio para el cultivo de las virtudes liberales. El punto de partida seria garantizar y proteger la autonomía y dignidad individual contra cualquier tipo de coerción con independencia de su fuente de origen: estado, iglesia y sociedad. Asumir una postura de esta naturaleza implica romper con los paradigmas del pasado y transformar su contenido en el punto de partida para la elaboración del discurso político que debería caracterizar el futuro por venir.

La interrogante a despejar es si existen actores en capacidad de asumir y llevar a la práctica este relato. Seamos optimistas y esperemos que se esté incubando una nueva generación que abrirá las puertas del país al siglo XXI.

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