viernes, diciembre 4, 2020

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John Fitzgerald Kennedy

(Por: Lionel Álvarez Ibarra)

Tal día como hoy, un 22 de noviembre, pero de 1963, tenía once años, y me encontraba jugando béisbol en un terreno que estaba situado en el inicio de la avenida Urdaneta, al lado de los Bloques Miranda, “detrás de Beco viejo” como se dice acá en Valencia.  En ese momento, una señora se asomó a la ventana de su apartamento gritando: ¡Mataron a Kennedy! ¡Mataron a Kennedy!
La veintena de muchachos salimos despavoridos, como si fuésemos cómplices del asesinato y nos persiguiera el FBI. En segundos llegué a mi casa, para dar la noticia.
La figura del presidente Kennedy me era familiar, porque había estado en Venezuela dos años antes. Tuve la oportunidad de verlo en la caravana presidencial cuando pasó por Valencia, iba en un Cadillac negro acompañado del presidente Betancourt. Ese día inauguraron la urbanización “Ciudad Alianza”, llamada así porque su construcción fue financiada por un programa de cooperación  llamado “Alianza para el Progreso”.

Kennedy nació en Massachusetts, hijo de Joseph P. Kennedy y Rose Fitzgerald. La tradición de su país es darle a los hijos dos nombres y un solo apellido; sus padres deciden llamarlo John Fitzgerald Kennedy. Fitzgerald, que era el apellido de su madre, pasa a hacer su segundo nombre,  y generalmente abreviado a sólo la inicial. Por eso es más conocido como John F. Kennedy (JFK).

Fue elegido presidente en 1960 y ejerció desde enero de 1961 hasta su asesinato en 1963. Un periodo muy corto, durante el cual tuvo que hacer frente a muchos momentos difíciles de enfrentamientos políticos e ideológicos de la Guerra Fría entre los EEUU y la URSS.

La carrera espacial era uno de los escenarios en donde los rusos gustaban hacer alardes de sus hazañas. Habían picado adelante, lograron poner en órbita el primer satélite y enviaron el primer hombre al espacio. En 1962, John F. Kennedy anunció que los Estados Unidos  iniciaba un ambicioso proyecto para llevar un hombre a la luna antes de que terminara la década. En julio de 1969, pocos meses antes de que ‘expirase’ el plazo, Neil Armstrong se convirtió en el primer humano en caminar sobre la superficie lunar, tomando los estadounidenses, de una sola zancada, la delantera en la carrera espacial.
Otra obra en donde le tocó escenificar -en ese “teatro” que fue la Guerra Fría-, fue la crisis de los misiles de Cuba. Se inició en octubre de 1962, cuando un avión espía estadounidense, tomó fotografías de bases de lanzamientos de misiles, construidas secretamente por los soviéticos en territorio cubano, pero  a solo 200 km de las costas de Florida. Kennedy se dirigió al país en un discurso televisado, e informó sobre la decisión de enviar barcos y aviones de guerra para iniciar un bloqueo aéreo naval alrededor de la isla. Nikita Kruschov, el líder soviético, respondió señalando que la URSS veía el bloqueo como una agresión y que sus buques no retrocederían.
Todas esas noticias de amenazas y declaraciones las seguía junto a mí padre, por la prensa y por la radio. Fueron días de angustia, la humanidad estaba por primera vez enfrentando el riesgo de algo tan terrible como una guerra nuclear.
Los diplomáticos continuaron sus negociaciones secretas en Washington y en Moscú. Luego de obvios compromisos y acuerdos geopolíticos, los soviéticos anunciaron el desmantelamiento y retiro de su armamento nuclear, enviándolos de vuelta a la Unión Soviética.
Sentimos un gran alivio, mi padre volvió a sintonizar, como acostumbraba, las estaciones de música en su radio “Grundig”, y  la humanidad volvió a respirar tranquila.

Kennedy también se hizo presente ante las arremetidas del comunismo en Alemania. En agosto de 1961, la República Democrática Alemana, con el apoyo soviético, inició la construcción del Muro de Berlín. Kennedy visitó a Berlín el 26 de junio de 1963, a mostrar solidaridad con los habitantes de esa ciudad. Allí pronunció uno de sus mejores discursos políticos, y de los más notables de la Guerra Fría, cuando  hizo famosa su cita  “Ich bin ein Berliner” ( trad. del alemán: “Soy un berlinés”).
Es increíble cómo podemos recordar lo que estábamos haciendo un determinado día, muchos años después, por el solo hecho de que haya ocurrido, en esa misma fecha, un suceso trascendental,  como en este caso, el asesinato del presidente Kennedy.

Hoy el mundo está en crisis, los dirigentes mundiales dejan mucho que desear, algunos dan pena ajena.  Ahora más que nunca, extrañamos los líderes de la talla de JFK.

Lionel Álvarez Ibarra
22 noviembre de 2020

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