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Humor en cautiverio

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(Por: Lionel Álvarez Ibarra)

.-Me encontraba en el estacionamiento del supermercado, ese día me tocaba comprar de acuerdo al terminal de mi cédula. Había llegado desde muy temprano, era casi mediodía, la gigantesca cola no había avanzado y el calor ya era sofocante. Como de costumbre, entablamos conversación con los más cercanos en la fila. Algunos eran medio conocidos, porque nos habíamos topado en jornadas de compras anteriores. Hablábamos siempre de los  mismos temas: los cortes de electricidad, la falta de agua, la emigración de los hijos, los nietos ausentes, la escasez de gasolina, los continuos escándalos de corrupción… y pare de contar. 

Un señor le puso una nota jocosa a uno de los comentarios, todos reímos y se inició una serie de chistes y bromas. Una señora, sin dirigirse a ninguno en particular, comenzó a decir en voz alta, que por eso era que estábamos como estábamos, porque el venezolano todo lo tomaba a broma, todo era un chiste, una mamadera de gallo, y así nunca íbamos a salir de esto; un comentario que se escucha  con frecuencia sobre la actitud del venezolano. Alguien que la conocía nos comentó en voz baja, que se trataba de la profesora Mercedes, una educadora jubilada que vivía sola porque toda su familia había emigrado. Muy molesta Mercedes exclamó: «¡señores, nos estamos muriendo en un campo de concentración, no es momento para chistes!». 

Por supuesto que Mercedes nunca había vivido en un campo de concentración. Quizá  haya visto escenas en películas, y con base a ello, es que hacía la comparación. Me pareció injusto que considerara al humor del venezolano como uno de los responsables de la crisis, cuando, muchos opinan, es una de las fortalezas que le ha permitido sobrellevar tantas desgracias sin flaquear.

Para los millones de personas que no pueden satisfacer sus necesidades básicas, no todo chiste les parecerá gracioso, y pueden comparar su insoportable situación, con las condiciones que se vivieron en aquellos horribles campos de exterminio nazi. Comparto el testimonio de alguien que vivió más de tres años en uno de ellos y que estudió e hizo seguimiento al comportamiento y actitud de los prisioneros. Se trata del Dr. Viktor Frankl, psiquiatra y escritor austríaco, quien fue internado en Auschwitz durante la II Guerra Mundial. Por su formación científica, sus conocimientos en psiquiatría y el haber vivido la experiencia en carne propia, merece que se le escuche. 

Sus reflexiones las dejó plasmada en el libro «El hombre en busca de sentido». Todo un mensaje a favor de la dignidad y la libertad del hombre, de los valores humanos y la esperanza, que resultan pertinentes para cultivar una actitud positiva ante las desgracias.

En sus estudios consiguió que los que sobrevivieron no fueron los que se encontraban en mejores condiciones físicas, sobrevivieron los que mantuvieron un anhelo y un deseo de vivir. El prisionero que perdía la fe en el futuro -su futuro- estaba condenado.

El doctor Frankl narra en su libro, que los prisioneros, a pesar de las circunstancias en que se encontraban, apartaban espacios para compartir con humor su desgracia, y explica que: «El humor es otra de las armas del alma en su lucha por la supervivencia. Es bien sabido que, en la existencia humana, el humor proporciona el distanciamiento necesario para sobreponerse a cualquier situación, aunque sea por un breve tiempo». En otro capítulo del libro relata: «Los afanes para fomentar el sentido del humor y contemplar la realidad bajo una luz humorística, constituyen una especie de truco que aprendimos mientras dominábamos el arte de vivir, pues aún en un campo de concentración, es posible practicar el arte de vivir, aunque el sufrimiento sea omnipresente».

También relata cómo los prisioneros: «reían, alborotaban un poco, a veces dejaban resbalar una lágrima; cantaban, recitaban poemas, contaban chistes satirizando la vida del campo. Todo con la exclusiva finalidad de ayudarnos a olvidar la cruda realidad, y en verdad lo conseguían»

Son muchas otras las lecciones que sobre el humor en cautiverio podemos extraer de las experiencias del doctor Frankl,  y que lo expresa en diferentes partes del libro: «el buen humor es siempre algo envidiable…» ; «…el tamaño del sufrimiento humano es absolutamente relativo. Y a la inversa, la cosa más menuda puede generar las mayores alegrías». El humor es una fortaleza que se puede cultivar, algo que interpretamos cuando Frankl dice:»Yo mismo entrené a un colega, compañero de trabajo, para desarrollar su sentido de humor. Le sugerí inventar cada día una historia divertida, una historia que previsiblemente pudiera suceder tras nuestra liberación «.

Una cosa son las circunstancias que vivimos, otra es la interpretación que hagamos de ella, así  como las emociones que desarrollemos al enfrentarlas.  Para Mercedes, su vida transcurre en un campo de concentración, aunque en realidad no lo sea. Aún cuando a ella no le agrade, y le parezca impertinente, no tiene nada de malo hacer uso del humor como válvula de escape de nuestros pesares, inclusive en los momentos más difíciles. 

Para tantas personas que, como Mercedes, sienten estar viviendo en un campo de exterminio, nos parece fundamental la observación de Viktor Frankl, cuando dice: «se debe lograr mantener esa fortaleza interna que es la que nos impulsa a seguir adelante sin desfallecer y sin caer en la desesperanza. Es necesario buscar y conseguir esa inspiración, ese compromiso, ese objetivo por el cual estamos dispuesto a  luchar y  hasta morir si es necesario».

Lionel Álvarez Ibarra

Junio, 2023

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