miércoles, diciembre 1, 2021

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Fuenteovejuna

A propósito de las pasadas elecciones

(Por: Nelson Acosta Espinoza)

Amigos lectores el día esperado llegó. Las elecciones se realizaron. En honor a la verdad no hubo sorpresas. La falta de unión y cohesión de la oposición entregó de nuevo los cargos en disputa al oficialismo. Lo paradójico, por decir lo menos, es que ostentando una clara mayoría esta masa ciudadana no fue interpelada apropiadamente y prefirió permanecer en sus hogares. No es la primera vez que
ocurre una situación de esta naturaleza.
Estamos siendo testigos de una fuerte tendencia que apunta hacia la despolitización de la población. Este fenómeno no solo afecta a los sectores democráticos es posible visualizar, igualmente, evidencias que muestran como esta tendencia comienza a anidar en el chavismo- madurismo. En fin, estamos en presencia de los primeros
síntomas que anuncian el fin de una era histórica.
Soy de la idea que la dirigencia democrática no ha sabido o podido “leer” correctamente esta circunstancia histórica.
De ahí la circularidad de su conducta y ausencia de propuestas que vayan al encuentro de los tiempos por venir.
Me parece pertinente posar la mirada en el concepto de pueblo. Este descanso es obligatorio en las actuales circunstancias. Para el madurismo, a tono con los regímenes autoritarios, el pueblo es una prolongación de su persona.

“Reclama para sí la representación absoluta y total del pueblo”. Sin embargo la condición de pueblo se adquiere a través de la posibilidad destituyente que reside en su seno.
Y en este poder reside la soberanía popular. En forma esquemática el pueblo debe actuar como soberano activo (constituyendo, destituyendo, eligiendo). Si renuncia a estos roles retorna a una condición pasiva y se convierte en pueblo histórico o simbólico, en ciudadanía o masa.
Lo que ha venido sucediendo a lo largo de estas dos últimas décadas pudiera describirse como el fracaso de las vanguardias políticas democráticas para transformar a la ciudadanía en pueblo destituyente. Sus narrativas no se encuentran a la altura de los objetivos que implica el cambio de época que toca en la puerta de la sociedad y que debe inspirar la vocación destituyente que anida en la ciudadanía.
La abstención pudiera interpretarse como una campanada de alerta para prestar atención a los cambios que se están operando en la profundidad de nuestra sociedad y que requieren una apropiada hermenéutica. Sin esa compresión se corre el riesgo de reproducir los escenarios anteriores.
De ser así el costo político será enorme. Afortunadamente es posible inferir el surgimiento de una nueva generación, liderazgo y relato político que tome estas trasformaciones embrionarias y formule el nuevo proyecto país que se requiere en las actuales circunstancias.

El principio de Fuenteovejuna ilustra como la soberanía destituyente se hace presente en un pueblo: ¿Quién mató al Comendador? Fuenteovejuna Señor
¿Quién es Fuenteovejuna?
Todo el pueblo a una.
Espero que más temprano que tarde ejerzamos el principio destituyente que narra Lope de Vega en su obra de teatro Fuenteovejuna.

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