viernes, diciembre 4, 2020

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Fratelli Tutti: Una nueva educación para una nueva humanidad. V Parte

Columna: Violencia, Cultura y Religión

(Por: Pbro. Luis Eduardo Martínez Bastardo)

Lmartinezbastardo@yahoo.com
@luiseduardomb
@luemba22

.-El rumbo de la humanidad está perdido. No está perdida la humanidad, lo que se ha perdido es el rumbo, y cuando esto sucede es muy importante escuchar la voz del GPS que nos dice “recalculando”. Hablar de humanidad puede representar un riesgo, porque este término contiene algo de abstracto; como si careciera de concreción. La muestra más clara de esto la evidenciamos no solo en el curso de las guerras, sino también en el momento actual, cuando se ha afectado a la humanidad antes de afectar a un hombre concreto. En los conflictos armados el Hombre forma parte de una masa ingente frente a la cual hay que luchar o aleccionar. Si le preguntamos a un soldado que bombardea a una ciudad o que ataca a un ejército, ¿qué es la humanidad? probablemente su respuesta será: “una masa anónima que no suscita en mi ningún sentimiento”. La crisis de valores de hoy es la crisis antropológica, del Hombre que no reconoce su dignidad personal y por esta razón no respeta la
dignidad de los demás.
La definición que el Papa ofrece sobre la humanidad en la Carta Encíclica que venimos
semanalmente analizando, es menos técnica pero más concreta: “todos los seres humanos somos hermanos y hermanas” y están “juntos recorriendo un camino”. Esta definición rompe todo utilitarismo indiferente y vincula desde lo más profundo a los hijos de este mundo, además blinda a la humanidad de las influencias egoístas de la Transmodernidad, del individualismo; resalta el valor de la persona humana y le da razón de ser a la amistad social y a la fraternidad universal.
Un corazón abierto al mundo entero. Este es título del cuarto capítulo de esta Encíclica que se desliza entre las polémicas posturas del Papa acerca de su comprensión de la dimensión social del mundo, y la reflexión evangélica que nos invita a un mundo más justo. El contenido de este capítulo tiene dos grandes ideas, las cuales resultan muy cercanas a los venezolanos: Migración y Ciudadanía.
La primera categoría en Venezuela la poseemos superavitariamente, la segunda, ha desaparecido. Esta vez vamos a desarrollar nuestra reflexión a partir de ambos núcleos temáticos.
Migración: una oportunidad de crecimiento y desarrollo
Tengamos en cuenta que el prisma por el que estamos contemplando la Carta Encíclica del Papa argentino, es la formación de una nueva humanidad que necesita para su consistencia una nueva educación. Sobre la migración, en este momento actual, el país que más experiencia ha tenido, es Venezuela. Hace poco más de un año, ACNUR y la OIM afirmó que los venezolanos que han abandonado el país alcanzan los cuatro millones; se trata de una de las cifras de poblaciones de
desplazados más alarmantes del mundo. Ciertamente nuestra migración es forzada debido a las diversas razones que la han motivado, y esto ha hecho de ella un verdadero problema para la región.
Con relación a las razones de la migración el Papa reconoce dos cosas: “lo ideal sería evitar las migraciones innecesarias y para ello el camino es crear en los países de origen la posibilidad efectiva de vivir y de crecer con dignidad, de manera que se puedan encontrar allí mismo las condiciones para el propio desarrollo integral”. La responsabilidad de la migración no es de la persona, es del Sistema de Gobierno de su país que no crea las condiciones para una calidad de vida digna. Definitivamente el
que se va, no se lleva nada, lo más grande e importante no se lo lleva.
No hay avances en esto; los Sistemas de Gobierno no han generado un governace, “carecen de políticas solidarias”. Lamentablemente, la solución de este problema va a requerir tiempo y voluntad política global, mundial. El otro elemento que reconoce el Papa en este fenómeno de las migraciones es que cada ser humano se reconoce libre, y desde esa libertad trata de encontrar el lugar donde pueda desarrollar justamente su vida, “donde pueda satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia realizarse integralmente como persona”.
Para educar la Cultura de la Migración, el Papa propone cuatro verbos: “acoger, proteger, promover e integrar”. El plan para hacer accionar estos cuatro verbos, también es esbozado por Francisco: “incrementar y simplificar la concesión de visados, adoptar programas de patrocinio privado y comunitario, abrir corredores humanitarios para los refugiados más vulnerables, ofrecer un alojamiento adecuado y decoroso, garantizar la seguridad personal y el acceso a los servicios básicos,
asegurar una adecuada asistencia consular, el derecho a tener siempre consigo los documentos personales de identidad, un acceso equitativo a la justicia, la posibilidad de abrir cuentas bancarias y la garantía de lo básico para la subsistencia vital, darles libertad de movimiento y la posibilidad de trabajar, proteger a los menores de edad y asegurarles el acceso regular a la educación, prever programas de custodia temporal o de acogida, garantizar la libertad religiosa, promover su inserción social, favorecer la reagrupación familiar”. Esto es lo que él mismo llama: “generar procesos integrativos” que promueven la Cultura de la Migración, que hacen que los que los propios y extraños se integren armónicamente respetando sus diferencias.
Una nueva Ciudadanía Universal
“Las historias de los migrantes también son historias de encuentro entre personas y entre culturas: para las comunidades y las sociedades a las que llegan son una oportunidad de enriquecimiento y de desarrollo humano integral de todos”. Y es que en este momento, no queda otra cosa que hacer sino que reinventaros colectivamente, luchar contra el pesimismo y la frustración individualista y aprovechar esta situación planetaria. Los que llegan a una nueva sociedad abandonando la propia, van cargados de una riqueza que puede impulsar y potenciar las sociedades que reciben a los migrantes. “Los inmigrantes, si se los ayuda a integrarse, son una bendición, una riqueza y un nuevo don que invita a una sociedad a crecer”.
La migración abre un panorama, que según el Papa Bergoglio, desafía la comprensión
tradicional de la ciudadanía, no se trata de una ciudadanía global, porque la Globalización posee una peligrosa afección Transmoderna, mercantilista, comercializante; la Universalidad implica la localidad, la amplitud y la afirmación de lo que somos como ciudades y como mundo “una sana apertura nunca atenta contra la identidad”. El Papa tiene cuidado y es cauteloso con el empleo de la globalización,
como término alternativo. La ciudadanía universal el Papa la define como: “se basa en la igualdad de derechos y deberes bajo cuya protección todos disfrutan de la justicia. (…) es necesario comprometernos para establecer en nuestra sociedad el concepto de plena ciudadanía y renunciar al uso discriminatorio de la palabra minorías, que trae consigo las semillas de sentirse aislado e inferior;
prepara el terreno para la hostilidad y la discordia y quita los logros y los derechos religiosos y civiles de algunos ciudadanos al discriminarlos”.
La riqueza entre localidad y universalidad la deja clara el Papa: “una sana relación entre el amor a la patria y la inserción cordial en la humanidad entera, es bueno recordar que la sociedad mundial no es el resultado de la suma de los distintos países, sino que es la misma comunión que existe entre ellos, es la inclusión mutua que es anterior al surgimiento de todo grupo particular”. Estas son
algunas de las razones por cuales para el Papa es perentoria la ciudadanía universal y no global.
Las migraciones son un fenómeno con el que vamos a tener que aprender a vivir. Nuestra Patria no había experimentado el tener que abandonar la propia tierra, pero si ha sido una casa de puertas abiertas para muchas que a lo largo de la historia democrática, sobre todo, han querido instalarse aquí.
La incursión en otras sociedades para algunos venezolanos no ha sido nada fácil. La migración hacia Europa de personas que provienen del norte de África y que entran a Italia por Lampeduza y otros lugares, resulta una dolorosa experiencia, no se puede negar que hay intereses ocultos y oscuros en este movimiento geopolítico.En nuestra Patria podemos estar percibiendo una importante presencia de migrantes que en este momento ya no provienen de Europa sino de otras latitudes. Somos una casa de puertas abiertas, podemos convivir sanamente con otros hermanos a quienes cariñosamente les hemos llamado “Musiú”, pero esa convivencia no puede sacrificar lo que somos, no puede desdibujar nuestra naturaleza. Ya hemos permitido suficientemente el daño antropológico que nos han hecho; ha sido suficiente, no
sigamos consintiendo el daño. Dentro de la ciudadanía universal, existe la categoría de lo local, y esta debe ser respetada tanto por el que es recibido como por el que llega, esto es lo que llama el Papa inclusión mutua.

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