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Fabricantes de enfermedades

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Columna: Mejor Vivir

(Por: Arnaldo Rojas)

Vivimos una dictadura cotidiana y silenciosa: la de los teléfonos celulares y las redes (anti) sociales. Se ha vuelto tan natural su incorporación a nuestras vidas, que es como si la humanidad hubiera surgido inundada de estos dispositivos microelectrónicos y no pudiera vivir sin ellos. Por tanto, cuestionar el orden digital basado en esta tecnología parece una locura. No cabe duda sobre su valor como avance técnico y comunicacional, el problema sonj sus consecuencias para la salud.

En el Estado de Seattle, Estados Unidos, la sede de operaciones de Bill Gates, los profesores y directores de escuelas públicas ya lanzaron una importante advertencia, cuando a comienzos de este año un centenar de colegios demandaron a las grandes empresas tecnológicas a las que acusan porque sus redes (anti)sociales generan enfermedades mentales en los niños y adolescentes.

En la demanda contra gigantes tecnológicos propietarios de TikTok, Instagram, Facebook, YouTube y Snapchat, se les responsabiliza por la crisis de salud mental entre los niños y jóvenes y producir trastornos de comportamiento, en los que se incluyen ansiedad, depresión, desbalances alimenticios, acoso cibernético, todo lo cual dificulta las labores educativas de los estudiantes. Sostiene la demanda que “los acusados han explotado con éxito los cerebros vulnerables de la juventud, enganchando a decenas de millones de estudiantes en todo el país en ciclos de retroalimentación positiva por el uso excesivo y abuso de las plataformas de redes sociales”.

Por eso, el contenido que generan los acusados y que llega a la juventud “resulta dañino y explotador”. El superintendente de Seattle sostuvo que “Nuestros alumnos -y los jóvenes de todo el mundo- se enfrentan a dificultades sin precedentes en el aprendizaje y la vida, que se ven amplificadas por los efectos negativos del aumento del tiempo frente a la pantalla, los contenidos no filtrados y las propiedades potencialmente adictivas de las redes sociales”.

Para intentar revertir esa tendencia se presentó la demanda, la cual plantea que la generalización del uso de teléfonos móviles y el acceso a las redes (anti) sociales genera problemas que ocasionan gastos imprevistos y cuantiosos al sistema educativo público.

Esta demanda abre las puertas para denunciar la dictadura de las corporaciones informáticas como ladrones de tiempo y fabricantes de enfermedades. Sobre todo, enfermedades mentales, entre las cuales la adicción es una de las más evidentes. Y esto lo sabían desde el comienzo los inventores de esas tecnologías. Aún más, ellos eran conscientes de que su labor consistía en robar el tiempo y la atención de los seres humanos, para volverlos adictos y consumidores de sus mercancías microelectrónicas. Lo saben tanto que Bill Gates y los gurúes de Silicon Valley se niegan a que sus hijos utilicen celular y accedan a las redes (anti) sociales y promueven que se eduquen de la “manera tradicional”, con cuadernos y libros.

El objetivo fundamental de los negociantes de la informática ha sido el de apropiarse del tiempo personal de la gente, para que gaste su energía en mirar y revisar compulsivamente el teléfono celular. Por eso, son ladrones del tiempo y con el tiempo robado obtienen ganancias fabulosas.

Que el objetivo es apropiarse del tiempo de los seres humanos queda claro cuando nos enteramos que los magnates de la informática consideran que el tiempo del sueño diario de cada persona es un terrible obstáculo biológico que se debe superar, para que en lugar de dormir nos dediquemos a seguir consultado el celular de día y de noche. Al respecto, valga decir que corporaciones norteamericanas estudian a las aves migratorias que vuelan sin descanso y no duermen durante varios días. Algunos inversionistas piensan que, si se logra descubrir que posibilita tal resistencia, se podrá aplicar a los seres humanos para dormir menos o no dormir y así lograr que ese tiempo robado al sueño sea destinado al consumo compulsivo de cuanta banalidad se les ofrezca a las personas. Ya el presidente de Netflix lo admite sin vergüenza ni disimulo cuando sostiene que el principal enemigo de la empresa es el sueño de los usuarios.

Estos intentos de apropiarse del último resquicio del tiempo personal tienen consecuencias devastadoras en la salud emocional y física de los seres humanos, empezando por los niños y jóvenes. No es coincidencia que, tras la generalización de los teléfonos celulares, después de 2008, se dispararan los problemas mentales entre jóvenes de todo el mundo y aumentara el número de suicidios.

Si seguimos por este camino, en breve, aparte de robar tiempo y atención, las grandes corporaciones de la informática producirán una generación de zombis y enfermos mentales y contribuirán en forma decisiva para que el mundo se convierta en un gran manicomio.

Ilustración: El Peligro Digital, por Guffo, México

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