Eventos que cambian la historia

(Por: Lionel Álvarez Ibarra)

.-Anteriormente viajar era todo un placer. Logré volar por “Pan American”, cuando el servicio a bordo era con copas de cristal, vajillas de porcelana y cubertería de acero inoxidable. Antes de que usted deje de seguir leyendo, porque seguramente no me cree, y se estará preguntando, cómo una persona tan joven, pudo haber viajado por PanAm, me apresuro en aclararle, que era solo un muchacho cuando viví esa experiencia. Era una época, en que se llegaba al aeropuerto, las maletas eran bajadas del taxi, y allí mismo, empleados de la aerolínea las identificaban y  enviaban directamente al avión. Los controles de inmigración y aduana eran relativamente rápidos. Muchos años después, iniciando el nuevo siglo,  los atentados terroristas que ocurrieron en los Estados Unidos, el 11 de septiembre de 2001, hicieron que cambiaran por completo las políticas de seguridad aérea mundial, y ya viajar, nunca más  fue lo mismo.

Este año 2020 se ha iniciado con un acontecimiento de magnitudes mayores. Un virus que se convirtió en pandemia, nos tiene confinados en nuestras casas. El planeta entero, como nunca antes, se ha detenido. Se dice que éste evento, de carácter global, marcará una ruptura de un “antes” y un “después”, y que va a traer cambios trascendentales, no sólo en el movimiento migratorio internacional, sino en el transitar de nuestras propias vidas.

Algunos cambios ya se están dando. Como consecuencia de la cuarentena, las conexiones por las redes sociales se han incrementado en un 20% durante el primer trimestre del año, y se espera que sigan aumentando. El teletrabajo se ha extendido por todas partes, y ya no hay que ir a la oficina. Se habla de que muchos empleos serán diezmados por la automatización y la robótica. Otros pronósticos son más apocalípticos: los mercados nunca recuperarán los niveles de antes; los grandes eventos deportivos, conciertos musicales y museos desaparecerán…

Respetamos las opiniones de los futurólogos, reconocemos lo grave e incierto del momento, pero nos negamos a aceptar que todo va a ir para mal. Esperamos con optimismo y esperanza, por los resultados del trabajo de centenares de laboratorios, que alrededor del mundo, están en la búsqueda de soluciones. Debemos confiar que nuestro sistema inmunológico, con lo que la naturaleza nos ha dotado, seguirá defendiéndonos, como siempre lo ha hecho, y la humanidad podrá retomar su travesía, aún con incertidumbre.

La pandemia nos ha hecho ver cuán frágiles y vulnerable somos, como individuos y como sociedad. Con éste “sacudón”, muchos comenzaron a reflexionar, a preguntarse qué dirección  llevaban sus vidas, a ver hacia su interior con humildad, y a dirigir sus oraciones al Altísimo en busca de ayuda y de respuestas.
Muchos aseguran que la vida nunca será igual que antes, y eso no lo debemos ver como negativo; si es así, la pandemia nos habrá dado un golpe de timón favorable, y ojalá nos regrese a aquellos caminos que nos conducían hacia un mundo más humano y sustentable; caminos que en algún momento perdimos, a pesar de las advertencias.

Esperamos que ese incremento de la inteligencia artificial que se pronostica en todas las facetas de nuestras vidas, no nos deshumanice. Que siga siendo el hombre el que controle las máquinas y no lo contrario. Somos seres emocionales que razonamos, y necesitamos de esas emociones de: amor, gratitud, serenidad, esperanza y alegría; para alcanzar y disfrutar una vida más humana, llena de plenitud y felicidad.

Por supuesto que tenemos que agradecer que contamos con esas redes sociales, que nos han permitido mantenernos informados y comunicados durante este encierro. Pero por mi parte, ya les coloqué la escoba “patas arriba” detrás de la puerta de mi casa. Las acepto como apoyo eventual, pero no para estar obligado a ver el mundo solo a través de sus ventanas. Por más que perfeccionen sus aplicaciones -que al darle a una tecla se sienta, por ejemplo, el aroma de la cocina de la abuela- jamás podrán reproducir el placer y la satisfacción de compartir físicamente con familiares y amigos. Las  redes sociales nos acompañan a sobrevivir, pero es el contacto real con nuestros seres queridos lo que nos permite vivir.
El ritual de la escoba no es nada nuevo, espero que funcione, y hasta ¡barra con el virus chino es posible!

Lionel Álvarez Ibarra
Mayo 2020

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