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¡ESTE AÑO SI SE FUE RÁPIDO!

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(Por: Lionel Álvarez Ibarra)

Hoy es 28 de enero, prácticamente ya se fue el primer mes del año. La próxima semana será febrero, llegarán los carnavales y muchos motivos para que, algunos exagerados, comiencen a decir: “este año sí se va rápido”. El tiempo pasa, pesa y pisa, es inevitable, aunque algunas personas sean reacias a aceptarlo. Una de ellas es mi amiga Marcolina, que cada vez que se habla de tiempos pasados, presuntuosamente dice : «Yo soy de Menudo para acá». Dejó de decirlo cuando le recordé que los integrantes de aquel famoso grupo juvenil ya eran abuelos ¡Tienen nietos!, casi le grité. 

Pero no es sobre el inexorable transcurrir del tiempo de lo que vamos a tratar. Lo que nos llama la atención es la velocidad con la que pareciera pasar y hacernos sentir que un año no es nada. 

¿Qué es un año? Es el tiempo que tarda la tierra  en dar una vuelta completa alrededor del Sol. Ese recorrido lo hace en 365 días y 6 horas aproximadamente. Esas casi 6 horas se acumulan y cada cuatro años, para recuperarlas, se le adiciona un día a ese año. Éste tiene entonces 366 días y se llama bisiesto, como es el caso del  año actual.

Diferentes disciplinas han analizado los factores que influyen en la percepción que tenemos del tiempo. Uno de ellos es el estado emocional en que nos encontremos. Hay una frase que Albert Einstein utilizó para explicar a los profanos que el tiempo era relativo, y ella ilustra bastante bien cómo las emociones pueden ser moduladoras de la percepción del tiempo. La cita dice: “Una hora sentado con una muchacha bonita en un banco del parque pasa como un minuto, pero un minuto sentado sobre una estufa caliente parece una hora”.

¿Pero por qué tenemos la sensación de que los años parecen pasar cada vez más rápidos? ¿Hay alguna explicación científica detrás de esta percepción?

Los antiguos griegos ya reflexionaban en torno al tiempo subjetivo, y son múltiples las hipótesis que tratan de darle una explicación. El tiempo nos parece volar cuando, durante ese lapso, lo estamos pasando bien, nos gusta lo que hacemos, estamos motivados, lo que hacemos es novedoso y nos mantenemos ocupados. Contrariamente, sentimos que el tiempo pasa más lentamente, cuando lo estamos pasando mal, esperamos con impaciencia,  tenemos prisas, estamos enfermos, cansados, incómodos o aburridos. Se siente aún más lento, cuando le prestamos atención, es decir, cuando estamos pendientes de él y no le quitamos la vista al reloj.  

Hay también una sensación muy generalizada de que los minutos corren a mayor velocidad según cumplimos años. Obviamente, no es que el tiempo pase más de prisa, sino que así es como lo percibimos. En mi búsqueda de información, conseguí una  investigación científica realizada por…¡un ingeniero!. No me sorprendió, porque la verdad es que esos profesionales son capaces de incursionar en cuanta área se les presente. Se trata de Adrian Bejan, ingeniero mecánico del MIT y Profesor Distinguido de la Universidad de Duke, quien ha estado estudiando los mecanismos de la mente humana y cómo éstos se relacionan con nuestra comprensión del tiempo, proporcionando una explicación física de nuestra percepción mental cambiante a medida que envejecemos. Aunque un año tiene siempre la misma duración, la relación entre lo que dura un año y el tiempo que llevamos vivido es cada vez más pequeña.

Para un niño de diez años, un año representa el 10 % de su vida; mientras que para un adulto de 40; equivale al 2.5 %. Considerándolo desde ese punto de vista, no es extraño que tengamos la impresión de que el tiempo vuela a medida que nos hacemos mayores. Investigaciones recientes apuntan a la edad de cuarenta años como el umbral a partir del cual comenzamos a sentir que el tiempo empieza a pasar rápido.

Su paso cronológico en nuestros relojes y calendarios es un fenómeno constante, no así nuestra percepción que cambia continuamente según las factores que hemos mencionado. Comprenderlos puede ayudarnos a apreciar y aprovechar al máximo cada momento de nuestras vidas.

La semana pasada me conseguí con Marcolina en una reunión. Me guiñó el ojo con picardía cuando escuché que le decía a un grupo de amigos: “es que yo soy del reguetón  para acá”. 

Lionel Álvarez Ibarra

Enero, 2024

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