Estacionamientos de residencias convertidas en chiveras ante hiperinflación económica

(Tibisus).-La hiperinflación que golpea enormemente a los venezolanos, también se ve reflejada en los estacionamientos de los diferentes conjuntos residenciales y urbanizaciones populares de Carabobo. Cientos de carros se encuentran accidentados en la sombra o el sol, bajo la triste mirada de sus propietarios al no tener recursos para ponerlos a rodar.

La dolarización en la venta de  los repuestos, baterías,  cauchos y el servicio técnico en los talleres mecánicos, impide que el propietario con su devaluado salario logre reunir dinero para inyectárselo a su carro, puesto que existen otras necesidades primarias como la alimentación  y  pago de servicios.

Este tipo de situación, ha obligado a sus dueños  a dejar varados sus carros en los estacionamientos, muchos de los cuales se han convertido prácticamente en chiveras.

En algunos conjuntos residenciales se ha puesto en práctica la “solidaridad del vecino”, con conocimiento de mecánica para ayudar al otro a recuperar su carro, siempre y cuando los daños puedan resolverse sin  la necesidad de trasladarlo a otro sitio.

En su mayoría, las causas de  los carros accidentados se deben a la falta de cauchos, batería, fallas eléctricas y hasta el tren delantero.

Ante la falta de recursos para habilitarlos, en el caso de las baterías o fallas eléctricas, sus dueños deciden bajarle los cauchos al carro para evitar que se lo roben y el problema sea más difícil de resolver.

Los mecánicos a domicilio, es otra modalidad que se ha implementado en los últimos tiempos, siempre y cuando, el propietario tenga los suficientes dólares para cancelar la evaluación del carro, y por ende, la movilización de la persona.

El sistema de seguros quedó atrás, la falta de poder adquisitivo ha llevado a muchos venezolanos a verse obligado a no renovar la póliza debido a que exigen divisas.

Carlos Fuentes, Mariangela Dolores, Humberto Prieto, Estivalia Pérez y  José Colmenares, tienen sus carros fuera de servicio, coincidieron en señalar que no cuentan con los recursos para mantenerlo rodando.

Esa alegría que alguna vez despertó tener un vehículo ahora es una tristeza y un dolor de cabeza, motivado a que la realidad económica ha rebasado las posibilidades de contar con ese “compañero de cuatro ruedas” que te trasladaba todos los días hasta su destino.

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