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¿Es la vida corta?

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(Por: Lionel Álvarez Ibarra)

.-En mi casa había un libro sobre el reino animal, que de niño me encantaba leer. Pasaba días felices hojeándolo. En uno de sus capítulos decía que la mayoría de los mamíferos viven menos años que los seres humanos. Consideré, en ese momento,  que el hombre era un privilegiado, teniendo una expectativa de vida superior a los 75 años, cuando muchos mamíferos no pasan de 20, algunos otros ni siquiera de 10. En esa época, me pareció que 75 años ¡era muchísimo!

El hombre es el único, dentro de ese mundo animal, que está consciente de la extensión de su existencia; que sabe que va a envejecer y ha de morir  dentro de un periodo estadísticamente estimado. En otras palabras, tiene sus años contados. Así que, cuando Simón Díaz en su canción de “La vaca mariposa” dice que la vaca está que no sabe que hacer, “porque ella sabe la suerte de él” o sea, que sabe que van a sacrificar al becerro; esa estrofa es pura imaginación y fantasía del maestro, porque Mariposa no razona.

En “El hombre bicentenario”, una película estadounidense de ciencia ficción (1999), protagonizada por Robin William, se relata la vida de Andrew, un robot que comienza a sentir emociones, y que con  la ayuda de un amigo experto en robótica, logran convertirlo en humano. Consigue hasta cultivar amistades y sentir amor. Pasadas las décadas, todos los miembros de la familia que lo adoptó envejecieron y fallecieron. Al darse cuenta de que se está quedando sin sus seres queridos, Andrew, que ya ha cumplido 200 años, manifiesta que también desea morir. Con su consentimiento le contaminan su sistema con un compuesto que lo irá degradando lentamente, hasta envejecer y morir. El mensaje del film es interesante, porque Andrew en su lecho de muerte, manifiesta haber preferido vivir y morir como humano antes que vivir una eternidad como máquina.

Por lo limitado de la vida humana, se me ocurre compararla a un “plato Gourmet”, en donde las porciones que nos sirven son pequeñas, pero suficiente para apreciar y disfrutar su exquisitez. La “vida Gourmet” nos entrega los años suficientes para disfrutarla de manera plena e inteligente. El principal ingrediente es el amor en todas sus manifestaciones; sin amor, la existencia se hace miserable, y los deseos de larga vida se disipan. 

La buena comida hay que acompañarla con una buena bebida, y en ese caso, los familiares y amigos son de las “mejores bebidas” que la “vida Gourmet” nos entrega para catar. Son el mejor elixir para disolver preocupaciones, con una buena charla, recordando momentos, contando y escuchando anécdotas…eso es vivir y ¡mejor que muchas medicinas! Esos amigos serán más importantes en la medida en que vamos envejeciendo.

La respuesta a la pregunta ¿es la vida corta?, va a depender del interrogado. Un joven de 18 años pensará que 75 es mucho, pero la persona de 60, que ve la meta estadística más cercana…¡seguro que va a querer vivir más!

Se cuenta que un monje se acercó a su maestro y le dijo:

— Maestro, deseó vivir más de cien años, ¿qué debo hacer?

— Cásate, le respondió.

— ¿Y con eso viviré más de cien años?

— No…pero el deseo desaparecerá.

Esa anécdota me pareció oportuna luego de leer un pensamiento que dice: “La vida se ha de tomar con amor y con humor: con amor para comprenderla, y con humor para sobrellevarla.”

El hombre no tiene porque sentir que su vida es corta. Si así lo dispuso el creador, debe haber sido lo más acertado y sabio, porque él es infalible. Quien nos dio la vida como una bendición, la hizo corta para que lo fuera aún más. 

Lionel Álvarez Ibarra

Agosto, 2023

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