En esta Tierra de Gracia

(Por: Manuel Barreto Hernaiz)

.-No podemos ni debemos generalizar sin más. Junto a políticos ciertamente detestables, conocemos, asimismo, otros políticos perfectamente honestos y responsables. Por supuesto que en política las cosas son complejas e implican múltiples variables que no suelen ser consideradas a cabalidad al analizar los movimientos y tiempos de la dinámica que nos envuelve.

De nada sirve que en la superficie todo parezca unificarse, si las raíces dejan ver dispersiones ambiguas y entramados discordantes.
Se espera confianza en las propias fuerzas y certidumbre en la racionalidad de los propios postulados, considerando que la tarea es muy ardua, pues el mal no descansa… ¿Acaso, como nación, no somos merecedores del desprendimiento, de una visión de estado y de una noción de grandeza que nos permita a todos, y entre todos, construir nuestra propia esperanza…?

Los habitantes que vamos quedando en esta “Tierra de Gracia” que ya la va perdiendo, ubicada  entre los paralelos 1 y 13 de latitud norte y entre los meridianos 60 y 73 de longitud oeste,  agobiados y desconcertados, esperamos tan sólo que se imponga la sensatez y el compromiso libertario y que se ponga en ejecución esa estrategia política que enfoque debidamente la realidad bajo la cual se encuentran sus ejecutorias y la caída de la popularidad del régimen, el cual se aferra a promesas, quimeras y absurdas postergaciones de una ineludible y desastrosa realidad que él  creo. 

Ahora contamos con el apoyo de la mayoría de los países demócratas,  luego se impone  más  sensatez para lograr una unidad que muestre al mundo que sí hay una alternativa de poder realmente demócrata. Caso contrario, ese apoyo se irá diluyendo y en Venezuela se impondrá el desaliento. No pensamos que pueda producirse una intervención militar extranjera, pero sí en que nuestros dirigentes podrán coincidir en acuerdos mínimos que animen a la ciudadanía. 

Nuestra sociedad está especialmente necesitada de momentos de sosiego, de ilusión y de esperanza. Pero si la esperanza es arrebatada la sociedad queda inerme y desamparada, sin porvenir. Tenemos esperanzas. Pero no podemos simplemente esperar a que esas esperanzas se hagan realidad, debemos llevarlas a cabo nosotros mismos. Quizás, entre otras cosas, recurriendo a aquellos que tienen influencia pero permanecen quietos en vez de actuar.
*MBH*

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