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El Papa Francisco recibe reliquia del Beato José Gregorio Hernández

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El Arzobispo de Mérida y Administrador Apostólico de Caracas (Venezuela), Cardenal Baltazar Porras, hizo entrega de una reliquia del Beato José Gregorio Hernández al Papa Francisco, en representación del pueblo venezolano.

Gracias a Dios fue una hora muy fraterna y reconfortante reunido con el Papa Francisco con sus bendiciones para todos los venezolanos. Estoy muy contento y agradecido.

El relicario contiene un fragmento de sus huesos, tiene forma de microscopio y en el medio hay una figura que representa un sombrero, característico de la vestimenta del beato.

“Gracias a Dios fue una hora muy fraterna y reconfortante con el Papa Francisco, con las bendiciones para todos nosotros los venezolanos. Estoy muy contento”, dijo el Pupurado.

Durante la reunión, el Cardenal Baltazar Porras resaltó la importancia de promover la “recta devoción” al Beato José Gregorio Hernández, para impulsar, a través de las peticiones de fe de los fieles de todo el mundo, su pronta canonización.

Para que se logre la canonización es necesario que se apruebe un nuevo milagro por intercesión del “médico de los pobres”.

Breve biografía

José Gregorio Hernández nació el 26 de octubre de 1864 en el pequeño pueblo campesino de Isnotú, en el estado de Trujillo (Venezuela). Su madre falleció cuando él estaba a punto de cumplir los ocho años.

Estudió medicina en Caracas y tuvo tanto éxito que el presidente venezolano lo envió a estudiar microscopía, histología normal, patología y fisiología experimental en París.

Al volver fue profesor en la Universidad Central de Caracas. Después de llevar a su familia a la capital, quiso ser monje de clausura en Italia, para dedicarse solo a Dios.

En 1908 entró a la Cartuja de Farneta con el nombre de hermano Marcelo. Sin embargo, algunos meses después se enfermó y su superior le ordenó volver a Venezuela para recuperarse.

Llegó a Caracas en abril de 1909 y ese mismo mes recibió permiso para ingresar en el Seminario Santa Rosa de Lima, pero siguió anhelando la vida monástica. Volvió a Roma luego de tres años, hizo algunos cursos de Teología en el Colegio Pío Latinoamericano, pero una vez más enfermó y tuvo que volver a Venezuela.

Comprendió que Dios lo quería laico y ya no intentó volver a la vida religiosa. Decide convertirse en un católico ejemplar siendo médico, sirviendo al Señor en los enfermos.

Dedicaba dos horas diarias a servir a los pobres.

Un día, mientras cruzaba la calle para comprar medicinas para una anciana muy pobre, fue atropellado y llevado a un hospital donde un sacerdote pudo impartirle la Unción de los enfermos antes de morir el 29 de junio de 1919.

Caracas se conmovió y muchos decían: «Ha muerto un santo». Fueron tantos los que asistieron a su velorio que las autoridades tuvieron que intervenir para organizar a la multitud que quería despedirse de él.

Fue proclamado beato el viernes 30 de abril de 2021 y es copatrono del Ciclo de Estudios en Ciencias de la Paz.

Con información de.aciprensa.com

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