El Niño Interior y la Pandemia

(Por: Lionel Álvarez Ibarra)

.-Son muchas las anécdotas que recordamos de nuestros hijos cuando eran niños. En una oportunidad, en la fiesta de cumpleaños de José Rubén, llegó una señora con su pequeño y su respectivo regalo. José Rubén rompió la bolsa con entusiasmo, pero su sonrisa desapareció cuando vio que eran solo unos “blue jeans” y no el juguete que esperaba. El amiguito lo remató cuando le dijo: “esos pantalones me los regalaron a mi, pero como me quedaron pequeños, mi mamá te los trajo de regalo”.  La cara de la madre era todo un poema que decía “¡trágame tierra!”.

Horas después, al momento de cantar el cumpleaños, María Gabriela -la hermanita del cumpleañero-  decía con orgullo, que ella había ayudado a hacer la torta. José Rubén, para desmentirla, le dijo: “tú comenzaste a batirla, pero como tenias tanta gripe y se te salían los mocos, mi mamá te dijo ¡qué te salieras!”. Todos rieron por la ingenua revelación, y algunas damas dijeron que no comerían torta “porque estaban en dieta”.
Así son los niños: naturales, espontáneos y sinceros, que no lo piensan dos veces para decir lo que saben y sienten. Pensará que ya no tiene nada que ver con aquel niño, pero no es así. ¡El niño todavía vive dentro de Ud! Todos esos recuerdos de la infancia permanecen depositados en algún lugar de la memoria, y en ocasiones emergen y se reflejan en nuestro comportamiento como adultos.
Pensaba cómo podría ese niño interior influir en nuestras reacciones ante una crisis como la que estamos viviendo.  La humanidad está pasando por un momento de dolor y aflicción, el peor en la historia moderna, algo que nadie hubiese podido imaginar meses atrás; ni siquiera en los más creativos estudios de Hollywood. Los más optimistas dicen que la pandemia nos está dejando una enseñanza, para conseguirle un mejor sentido a nuestras vidas, que no es un foso en donde hemos caído, que es un túnel y que más temprano que tarde veremos la luz del otro lado.
Por más incrédulo que sea su niño interior, tiene que convencerse de que esto no es un sueño, ni una película de terror. Tiene que aceptar que es la cruda realidad. Debe asumir con respeto y seriedad la existencia del virus, tomar todas las precauciones y seguir las recomendaciones de confinamiento, uso de mascarilla y distanciamiento social.  
Los niños son habilidosos en el manejo de las redes sociales, pero debemos tener cuidado con el bombardeo de noticias que nos llega por la internet -muchas falsas y contradictorias-,tenemos que limitarlas y desecharlas. Permitir que tanta información nos llene de angustia, miedo y negatividad, puede ser tan perjudicial como el mismo virus. La ansiedad y la depresión hacen que incrementen los niveles de cortisol, la hormona del estrés, que debilita el sistema inmunológico y nos deja más expuestos a las enfermedades.
Los niños viven absolutamente el presente, en el aquí y el ahora, sin preocuparse por el futuro ni por el pasado. Esa espontaneidad, alegría y sentido de humor del niño interior puede ayudar a asumir la crisis con una mejor actitud, con más optimismo y esperanza. Por supuesto que eso, por sí solo, no resolverá el problema, pero estará colocando la bioquímica de su organismo trabajando a su favor.
Necesitamos observar más con los ojos del niño interior, del niño sensible y puro, con  su espontaneidad, su inocencia y su ingenuidad. Mirar a las personas a nuestro alrededor con interés, pensar e imaginar que cada una tiene su historia que contar y está librando su propia batalla.
Cuando vemos con compasión, entenderemos que no es fácil decirle al venezolano desempleado, al que no pude satisfacer sus necesidades básicas de alimentación y medicinas, que se mantenga confinado. Podremos comprender, sin justificar, a ese que rompe la cuarentena, que subestima el peligro.  Pareciera no  temerle  al contagio, sin darse cuenta que  las consecuencias de vivirlo en un país que no se ha preparado y no cuenta con los centros asistenciales para  atenderlo, es aún peor que el mismo virus.
Es importante que ese niño interior aflore y sienta compasión por ese prójimo y pueda ayudarlo en lo que esté a su alcance. Que el necesitado sienta que por lo menos hay alguien que lo escucha y comprende su situación, sin criticarlo ni juzgarlo.

Lionel Álvarez Ibarra
Julio 2020

«Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas lo recuerdan». Antoine de Saint-Exupéry. El Principito.

Te puede interesar: