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El maestro Venezolano

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(Por: Rubén Limas Telles)

.-Nuestra total solidaridad con nuestros docentes en Venezuela. Desde el Parlamento Nacional Venezolano como fracción de la Alianza Democrática, nos solidarizamos con las luchas reivindicativas que llevan adelante los maestros y profesores venezolanos. Vapuleados por un miserable salario y por la excesiva ideologización de la educación en el país.

El salario que hoy devenga nuestros docentes, no alcanza para absolutamente nada y, esto no es un secreto para nadie. Han salido a reclamar en la calle, lo que el gobierno no ha querido resolver desde el ministerio.

Pretender descalificar su protesta, e insinuar que hay factores ocultos en ella, es simplemente un despropósito, porque si no hubieses razones justificadas, nuestros docentes no abandonarían las aulas para salir a reclamar lo que con injusticia se les adeuda.

El docente venezolano ha sido víctima de un doble discurso por parte de este gobierno. “De apóstol a mercenario de la educación, desestabilizador, guarimbero, y cualquier otro epíteto que se busca para descalificar sus justa reivindicaciones laborales. Los días 15 de enero de cada año, en los actos protocolares oficialistas, reciben loas por su encomiable labor. Y seguro quizás este 15 en el seno de la Asamblea Nacional, se apruebe un acuerdo de felicitación por su tarea de enseñar.

Pero la realidad, es que no son tomados en cuenta por partes de las autoridades venezolanas, que no terminan de entender, que siendo la educación un pilar fundamental para sacar del subdesarrollo a una república como la nuestra, se requieren que nuestros maestros y profesores de los distintos niveles de educación, tengan no solo mejores sueldos y salarios, si no también buena seguridad social y condiciones laborales de infraestructura adecuada para el proceso de formación de nuestras generaciones de muchachas y muchachos.

Queremos que el gobierno se ahorre los gastos protocolares para ensalzar la labor de nuestros maestros, y por el contrario se dedique a mejorar su situación económica y social. Quisiéramos por ejemplo, que este 15 de enero se anunciara el aumento de los salarios de los maestros anclados a una moneda fuerte bien sea el dólar o el Petro.

A pesar de las intimidaciones laborales y descalificativos, los docentes de todo el país, son protagonistas de sus luchas gremiales reivindicativas y salariales, esa es la única razón por la que han salido a protestar.

Si echamos un mirada a través del retrovisor de la historia, y nos vamos al año 1998, era de la democracia civil venezolana, nos encontramos que el promedio de salario devengado por un profesor era de aproximadamente 428 dólares mensuales, uno de los más altos de América Latina de aquel entonces, hoy pulverizado por una revolución que llegó al país a destruir y no a construir.

Recuerdo por ejemplo, como ser profesor universitario era un privilegio, por todos los beneficios que recibían quienes trabajan en esas casas de estudio. Se decía “La Casa De Dios”. Cuando hemos tenido que ayudar a colaborar para poder operar a un profesor universitario que ha ocupado los más altos cargos docentes y administrativos universitarios, damos cuenta de la terrible situación laboral, social y económica que viven nuestros docentes en general.

En estas condiciones actuales laborales de nuestros docentes, no hay otra cosa que reconocer su gallardía, coraje, mística y dedicación a la enseñanza. No se mueven de sus aulas por su amor a la educación venezolana, su vocación, pero viven un viacrucis; no solamente por sus pobres condiciones salariales, sino también por el ambiente inhóspito de las infraestructuras educativas en todo el país, así como también por la excesiva ideologización que deja a un lado la excelencia académica, la investigación científica y la verdadera critica de los procesos de enseñanza. Sus bajos sueldos y salarios los ha obligado a buscar otra “chamba”, a ser buhoneros, a montar una bodeguita en su casa, a matar tigres como taxista, plomeros, albañiles u otro oficio no relacionado con la educación. Nuestros maestros sobreviven en una jungla de indiferencia por parte del gobierno, y esto va en contra vía a un verdadero proceso de enseñanza con los estándares modernos de la educación en el mundo. Que maestro o docente de cualquier nivel puede estar pensando en su superación profesional, cuando no tiene para comer, ni tampoco como ir a su lugar de trabajo. Peor situación ocurre si se ve afectada su salud, porque es allí que comienza “Cristo a padecer” como dice el viejo refrán.

Más allá de discurso retorico del gobierno, queremos acciones ya que mejoren los sueldos y salarios de nuestros docentes a todos los niveles. Un salario mínimo anclado a una moneda fuerte, que pueda enfrentar la hiperinflación, contrataciones colectivas justas, que amparen con fuerza la seguridad social de ellos y sus familiares, mejoras de la infraestructura de escuelas, liceos y universidades. Cese de la persecución laboral por razones ideológicas, planes de recreación y esparcimiento, programas de formación académica e investigativa, ese sería el mejor regalo para este 15 de enero “Día del Educador”.

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