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El libro nos libra

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(Por: Arnaldo Rojas)

.-Para dejar constancia perdurable de sus ideas, de su visión del mundo, el ser humano se ha valido de los más diversos materiales a lo largo de la historia: desde la piedra hasta la seda y actualmente la plataforma digital. En algún momento muy remoto utilizó la corteza de árboles, llamada por los primeros latinos el liber, de donde proviene la palabra libro.

Con el objeto libro llegó la lectura. Y allí donde la gente pudo empezar a leer nacieron historias acerca de la magia, el misterio y el poder liberador del libro y de lo que se lee. Y puesto que la lectura libera el conocimiento y el poder, el ser humano comenzó a atesorar los libros como una poderosa fuente de riqueza espiritual. Así surgieron las bibliotecas.

Recordar al libro y la lectura, a propósito del Día Internacional del Libro y del Idioma (23 de abril) resulta indispensable en estos tiempos de avasallante desarrollo tecnológico, el cual ha venido sustituyendo el maravilloso acto de leer por una especie de escaneo rápido en las pantallas.

Los antiguos romanos contaban una aleccionadora historia sobre el poder de los libros.  Uno de sus reyes, Tarquino, que quería saber lo que el destino le tenía reservado a su reino para así poder ser un mejor y más poderoso gobernante, fue a ver a La Sibila de Cumas (profetisa capaz de conocer el porvenir que vivía en una cueva), para pedirle que le leyera el futuro. Cuando el rey se presentó en la oscura caverna, La Sibila, acurrucada  junto a una fogata, levantó la mirada y le contó que todo el futuro estaba escrito en sus nueve libros  de profecías. Le dijo que le vendería esos libros por un precio  muy elevado. El rey Tarquino se rió con enojo ante la excesiva cantidad. 

-Es ridículo. Jamás pagaría eso, protestó.

-Muy bien, dijo La Sibila. Y echó tres de sus nueve libros al fuego.

-¿Pero qué parte del futuro era esa?, dijo el rey alarmado.

-Lo que fuese ya no podremos saberlo, respondió La Sibila. ¿Quieres los otros seis libros? 

-Para eso vine a verte, dijo Tarquino. ¿Cuál es el precio de los seis?

-El mismo precio, dijo la Sibila.

De nuevo el rey meneó la cabeza, así que ella tomó otros tres libros y los arrojó igualmente a las llamas.

-Ahora se perdieron también esas visiones, señaló tranquilamente La Sibila. 

El rey estaba horrorizado por la destrucción. ¿Estaba loca acaso? ¿Iba a quemar todos aquellos preciados libros? Le ordenó a su sirviente que le trajera su bolso, lo vació sobre el piso de la cueva y le pagó la cantidad con la que al comienzo hubiese comprado los nueve libros. Con un encogimiento de hombros La Sibila le entregó los tres últimos libros. El rey se los llevó con todo cuidado a Roma, donde ordenó que fueran guardados en un edificio espléndido para que el Senado los consultara en las ocasiones más trascendentales de Roma. 

En nuestros tiempos también tenemos historias acerca del poder de los libros. A veces tratan de la lucha por aprender a leer o porque los libros estén al alcance de todos. Otras veces tratan de sectores reaccionarios que quieren impedir que otros lean.

Hay historias acerca del poder de los textos mágicos en El Libro de las Revelaciones (Apocalipsis) de La Biblia, que es el libro de los libros de nuestra cultura espiritual occidental. También las encontramos en Las Mil y Una Noches, en La Tempestad de Shakespeare. en El Señor de los Anillos de Tolkien, en las novelas de Harry Potter de J.K. Rowling, en La Travesía del Viajero del Alba, de C.S. Lewis, entre otras obras. 

El poder liberador de los libros también es una gran amenaza para las tendencias totalitarias, tal como lo advierte muy bien un clásico de este tema: “Fahrenheit 451”, de Ray Bradbury. Cuenta la historia de un sombrío y horroroso futuro, donde en la sociedad estadounidense están prohibidos los libros y, por supuesto, leerlos. Los bomberos en lugar de dedicarse a sofocar incendios, constituyen una fuerza policial que allana viviendas para quemar todos los libros que encuentren. El título de la novela hace referencia a la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde. Ilustración: La Sibila, por Miguel Angel 

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