El futuro que queremos

(Por: Lionel Álvarez Ibarra)

.- En el año 2002, en un viaje a Caracas, junto con un compañero de trabajo, entramos a una estación del metro. Nos conseguimos grupos de hombres y mujeres, con franelas rojas, gritando consignas y cantando a todo volumen canciones de Alí Primera. Mi amigo me comentó en voz baja: “El futuro del metro lo veo muy mal”.
Esta semana hablé con mi ex compañero -vive en el exterior- y recordamos aquel momento. Trató de jactarse de lo acertado que había sido en su predicción. Lo contuve y le dije: bueno, tampoco es para que te creas un vidente, lo que tuviste fue un lógico presentimiento, no era necesario ser futurólogo, para predecir lo que vendría. Aunque no estaría nada mal -le agregué -si descubrieses que tiene dotes ocultos para pronosticar el futuro. Le comenté sobre aquel operario de la compañía, que después que lo botaron, se convirtió en el brujo de su pueblo, y se decía que había hecho mucho dinero. Nos despedimos, y entre bromas y risas, dijo  que buscaría un curso “on line” de clarividencia.
Es increíble cómo la gente hasta paga para conocer su futuro ¿Cuál será el apuro por el futuro? Unas ansias que parecieran hasta absurdas, si consideramos que la “sal de la vida” es precisamente ese misterio que rodea nuestro porvenir. Si algún adivino, nos propusiera adelantarnos cómo serán nuestras vidas, con todas sus venturas y desventuras, de seguro que a muchos  les daría miedo, y declinarían, por el solo  temor de  perder hasta el interés por vivirlas.

Sin embargo, tenemos que admitir, que no es fácil desvincularse del porvenir. En el mundo actual, las compañías, las organizaciones y hasta los mismos países, elaboran planes y programas proyectando siempre hacia el futuro. Por supuesto, el futuro que proyectan en su “visión” obviamente siempre es  mejor que lo que viven en el presente. Un futuro deseable y promisorio que motive a todos a trabajar para su alcance. Ningún país va a elaborar un plan de la nación visualizando un futuro que los lleve a la carraplana. Bueno, aquí habría que hacer un comentario aparte para entender el caso de Venezuela, en donde ¡hasta  el futuro se robaron!

Esta paralización del mundo que actualmente estamos viviendo, consecuencia de la pandemia, nos agarró desprevenidos. Nadie se lo imaginó, y que no me venga ningún vidente a decir que lo había predicho.  Millones de personas se están preguntando ahora: ¿Qué viene después de esto?
¿Qué futuro nos espera? Hay muchos  cambios que ya venían dándose desde antes.  El trabajo “on line”, por ejemplo, ya era práctica habitual en muchas organizaciones, adoptado para bajar costos. El empleado también ahorra en tiempo de traslado, mantenimiento de vehículo, se  descongestionan las vías y otra serie de ventajas. Posiblemente continúe la tendencia de disminución de la mano de obra, con la automatización  y la utilización de robots; y al momento de contratar nuevos empleados, se les dará preferencia a algunas profesiones y competencias, sobre otras que han comenzado a perder vigencia. El mundo se irá paulatinamente normalizando, y muchos cambios, que ya venían en progreso, y otros que pudieran surgir, probablemente se intensifiquen o amplíen.
Si predecir el futuro es difícil, en Venezuela es casi imposible. Ni las leyes físicas se cumplen. Si se lanza un paquete de harina PAN al aire, en cualquier  lugar del mundo, éste caerá de acuerdo con la ley de gravedad, pero acá, antes de llegar a su altura máxima ¡desaparecerá! Luego aparecerá en las manos del “hombre nuevo”, quien iniciará su cadena de “bachaqueo”, y paradójicamente exigirá  el pago ¡en dólares! la moneda del aborrecido imperio.

No podemos predecir el futuro porque no tenemos dotes premonitorios. Pero si podemos manifestar “el futuro que queremos”.  Antes que patria, preferimos un país decente, de gente honesta y trabajadora, como siempre fue el venezolano: alegre, solidario, agradecido, creativo y con sentido de humor. Deseamos ver la reconstrucción de un país sobre bases sólidas de valores y principios, que sustenten fuertemente la institucionalidad que nunca debimos haber perdido. Que se recupere la libertad y la justicia, la asistencia médica, la educación, la cultura, el deporte, la seguridad…Que se reunifique la familia venezolana, que podamos abrazar a nuestros seres queridos cada vez que deseemos y los abuelos puedan conocer a sus nietos.

Lionel Álvarez Ibarra
Mayo 2020

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