El éxito del emprendimiento Valeria Pan 2012 es el resultado de la constancia y esfuerzo

 (Tibisus).- Zulhar Flores y Luis Sánchez, son una joven pareja que representan a esos miles de  venezolanos  que se quedaron en el país y apostaron por emprender en el ramo del comercio.

Pese a las turbulencias económicas que a diario se enfrentan los ciudadanos de a pie, se atrevieron a confiar en su capacidad en seguir adelante derrumbando todas las limitaciones que conseguían en el camino.

Probaron en el sector de la floristería y la panadería, pero fue en este último donde lograron consolidarse, tras varias pruebas de ensayo y error, nada los amilanaba,  el esfuerzo comenzó a dar frutos y se posicionaron con miras a seguir creciendo.

Hoy día cuentan con una panificadora a la que denominaron Valeria Pan 2012, en honor a su primera hija.  

El local está ubicado  en la  avenida principal de la Ciudadela José Martí, en el sur de Valencia, estado Carabobo, desde donde venden y distribuyen los productos de excelente calidad y precios realmente accesibles al consumidor.

TRABAJABAN EN UNA FLORISTERIA

El joven matrimonio trabajaba en una floristería de su propiedad, ubicada en el municipio San Diego.  

Un buen día,  en el año 2012, un tío de su esposo, se trasladó de su Rubio natal, estado Táchira hasta Valencia, y le propone a la pareja entrar al mercado panadero, pues ya traía suficientes conocimientos en la materia porque había trabajado en el sector por muchos años.

INVIERTIERON LOS AHORROS

La pareja se anima e invierten en un horno grande, bandejas, entre otros utensilios para comenzar.

Juan Ferreira (tío de Luis) llega a Valencia, y se instala en la casa de los muchachos en Bella Florida, donde comienza con la elaboración de la masa, horneado y venta del pan.

Cuando ya habían ganado la aceptación de los  clientes, Juan repentinamente decide regresar a su pueblo y deja a la pareja un tanto  frustrada con el negocio, puesto que no tenían la mínima idea de cómo se preparaba la masa para el pan.

Decidieron recoger el horno y regresaron al ramo de la floristería,  reabren el negocio nuevamente, comienzan a trabajar en arreglos para fiestas, bodas, cumpleaños, bautizos, etc.

RETOS Y LOGROS

Pasa el tiempo… y Juan regresa de nuevo a  Valencia con la idea de seguir el proyecto y los invita a retomarlo.

Pero esta vez, los muchachos le exigen que los enseñe, y éste comienza a dictarles clases… ”Aprendimos a manejar la masa, su elaboración, sobar, agregar cada ingrediente, cumpliendo estrictamente con la receta con sabor andino”, dice Zulhar Flores.

“Comenzamos a elaborar pan que era distribuido entre los vecinos, quienes nos pedían que abriéramos un local, pero no teníamos los recursos suficientes para alquilar un establecimiento, mientras tanto, seguíamos trabajando desde la casa, y Juan repite la hazaña de irse nuevamente”, relata la joven emprendedora.

NO SE AMILANARON

Zulhar y Luis, ya estaban preparados para comenzar con el negocio siguiendo las instrucciones de Juan, y comenzaron solos a preparar la masa para el pan,  manipular el horno, trabajar con la sobadora, la balanza, la batidora, los rodillos, etc.

Con los cambios de la economía en el país, los jóvenes decidieron cerrar definitivamente el negocio de las flores y centrarse en el sector panadero.

Alquilan una casa en la Ciudadela José Martí, donde captan a  varios jóvenes de la familia y amigos que deseaban aprender y emprender en el sector panadero.

ACEMAS AL ESTILO ANDINO

Comienzan a elaborar acemas al mejor estilo andino, obteniendo buena receptividad por parte de la clientela que los llevó a preparar una gran variedad de panes rellenos de arequipe, queso y dulce guayaba.

Las ventas mejoraron y compararon otro horno, también adquirieron  una vivienda  en la  ciudadela José Martí, la  cual fue remodelada. “En la parte de adelante instalamos la panadería, y en la parte de atrás el  taller donde se elabora el pan”.

“Como ya teníamos clientes alrededor de donde vivíamos, y los vecinos nos pedían pan, le solicitamos a un hermano que tenía un pequeño negocios de venta de repuestos en la avenida principal de Bella Florida, que nos permitiera despachar desde allí. 

Así fue, y cada tarde se formaban inmensas colas para comprar el producto, pero el local quedó pequeño y nos mudamos a unos metros más adelante donde actualmente ofrecemos todo lo que hacemos”. Dijo la joven con una sonrisa.

UN SEGUDO LOCAL

Desde la calle 112 de Bella Florida, a pocos metros del Centro Por la Paz y La Vida,  abrimos un pequeño local, donde ofrecemos pan canilla, pan campesino, pan relleno de guayaba, arequipe, chocolate, pan con  queso trenzado, pan dulce con azúcar,  empanada rellena con arequipe y guayaba, tartas similares a una pizzas rellena con ariquipe y queso, galletas con arequipe y coco, roscas, plantillas, galletas secas, entre otras exquisiteces.

NOS ESMERAMOS POR LA CALIDAD DEL PRODUCTO

Para nosotros como emprendedores nos interesa mucho la calidad del producto, nos esmeramos bastante para que el cliente quede satisfecho, los ingredientes con lo que trabajamos  para el relleno son de primera calidad, tal vez, no ganamos mucho con la venta del pan como otras panaderías, pero mantenemos la constancia de la clientela, mientras las otras tiendas están solas.

PAN FRESCO

En nuestro emprendimiento trabajamos aproximadamente nueve personas, comenzamos desde las 6:30 de la mañana, y ya a las 11:30 a 12 del mediodía de lunes a sábado, la mercancía se distribuye hacia dos locales para la venta. La idea es trabajar diariamente para  ofrecer un pan fresco, casi nunca nos queda pan, porque los clientes se lo llevan todo.

EL ESFUERZO HA DADO FRUTOS

Recalcó que “como todo comienzo fue difícil, no teníamos el código para comprar la harina, recorríamos las panaderías de Bella Florida y zonas adyacentes pidiendo que nos vendieran un saco de harina para poder trabajar y no perder la clientela”.

“De tanto trajinar para comprar la harina revendida, nos dijeron que en la empresa La Lucha en Guacara, se le asignaba un cupo a los trabajadores y estos los vendían, allí pasamos horas de espera, calor, lluvia, rogábamos que nos vendieran el producto, y así pasamos mucho tiempo, gracias a Dios fuimos conociendo algunas personas que nos orientaron y actualmente tenemos código para comprar la harina en Mocasa”.

LA CLAVE  ES PERSISTIR

“Ahorita cuando vemos el esfuerzo que hicimos desde el primero momento, podemos  decir que la clave está en persistir, nunca decaer, hay que trabajar, tengo 28 años y mi esposo tiene 30 años, juntos hemos trabajado día y noche para lograr lo que hoy tenemos”.

“Si Dios nos permite, seguiremos  creciendo en este mercado, sabemos que es competitivo,  pero si se trabaja con humildad, constancia y oyendo los consejos de los clientes, se logran los objetivos”. dijo Zulhar Flores.

SOMOS UNA GRAN FAMILIA

“Todos los que trabajamos en este lugar somos jóvenes, las edades oscilan desde 18 a 43 años de edad, algunos de ellos han estado con nosotros desde el principio, otros han llegado y se ha convertido en nuestra familia, aquí no hay rencillas, no hay tiempo para eso, cada uno tiene que desempeñar su rol para que el negocio funcione”.

CORDIALIDAD CON EL PÚBLICO

Zuleima Robles y Yesica Pereira, despachan en el pequeño local de Bella Florida, donde muy cordialmente atienden al público por orden de llegada.

En la Ciudadela José Martí, desde donde funciona la panadería laboran Jacqueline Juárez, encargada y vendedora; Héctor Montero, pieza clave del negocio porque es el maestro panadero, Carlos Restrepo, hornero; Carmen Restrepo, vendedora,  Lorenzo Márquez,  Orlando Jiménez, y Nerio Bermúdez, ayudantes de mesa y Víctor Ferreira, ayudante.

COMPENETRACIÓN COMO EQUIPO

El maestro panadero, Héctor Montero, señaló que la clave de este emprendimiento es la compenetración como equipo, cada uno tiene tareas específicas asignadas, a la hora de la elaboración del pan lo hacemos con mucha disciplina.

EL PUNTO DEL SABOR

“Hacemos panes de coco, panes dulces, campesino, panes de guayaba, galletas, entre otros, y cada uno tiene su  punto específico de sabor. Hemos ido perfeccionado las técnicas que inicialmente nos enseñó el señor Juan, quien vino del Táchira y nos dio su receta”. Señaló Montero.

OCHO AÑOS CRECIENDO

“Hoy día tenemos ocho años de crecimiento, desde hace el año pasado podemos decir que estamos posicionados y gracias a Dios, hemos tenido receptividad con la gente, la opinión de ellos para nosotros vale mucho para mejorar cada vez más”.

PAN DE GUAYABA ES UNA RECETA ANDINA

“El pan de guayaba, es una recta andina, Zulhar Flores y Luis Sánchez, empezaron desde su casa haciendo este tipo de pan y a la gente le gustó mucho, y cada vez mejoramos para captar más clientes, y todos queden satisfechos, ese es nuestro secreto”, dijo Héctor Montero.

“En el mes de diciembre hacemos  pan de jamón, pero por encargo por cuestiones de precio. En conclusión, puedo decir que aquí hemos aprendido y enseñado a otras personas, y la clave es trabajar compenetrados como equipo”. Finalizó Montero.