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El buen juicio en política

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 (Por: Manuel Barreto Hernaiz)

.-«La primera muestra de una auténtica vocación política lo es, en todo tiempo, el que un hombre renuncie desde el principio a exigir aquello que es inalcanzable para él…”_   *Stephen Zweig*                    

Los tiempos de convulsión son de cuestionamiento y conflicto, de choque de ideas, de comunicación de alternativas de salida para las encrucijadas que se viven, en definitiva, de difusión de opiniones.

Si bien la situación de deterioro total, de oscurantismo e inmovilidad  destroza los nervios, acarrea soberanas arrecheras y hasta lógicas frustraciones, estos son tiempos de combinar la emoción con la razón.    Mientras el régimen se organiza como un todo, con un solo objetivo y siguiendo, al pie de la letra las instrucciones impartidas desde la Habana y Miraflores, en la hoy – y de acuerdo a todos los sondeos- mayoritaria oposición, aún no aparece el indispensable acuerdo unitario, clamor de toda una agotada y angustiada nación, que tan solo espera por mayor coherencia y sindéresis en su dirigencia democrática.
Aprovecharse de la inmediatez y de la frustración de los ciudadanos para conducirlos, una vez más, a una segura derrota, más que un capricho, puede resultar una irresponsabilidad. Pretender cambiar precipitadamente las circunstancias sin disponer del poder necesario para lograrlo, es una forma de lamentable estulticia.

Estamos conscientes que en estos momentos, como nunca antes, tenemos que reconocer que los partidos políticos son insustituibles, como herramientas de intermediación de la sociedad en esa dura pelea con el régimen; pero tal condición no puede ni debe transferirse a priori a sus líderes.

El buen juicio en política es complicado. Significa encontrar un equilibrio entre la estrategia política y la política en abstracto, en compromisos imperfectos que siempre dejan descontento a alguien, muchas veces, a uno mismo. Pero las ideas fijas de tipo dogmático suelen ser enemigas del buen juicio.

De nuevo el llamado es a la indispensable unidad y sobre todo a  no caer en provocaciones, tal como lo apuntó  Nietzsche en aquella máxima  que alertaba todo aquel que luche contra monstruos, ha de procurar que al hacerlo no se convierta en otro monstruo.

*Manuel Barreto Hernaiz*

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