viernes, mayo 7, 2021

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El apóstol San Pablo

(Por: Lionel Álvarez Ibarra)

.-Después de la Crucifixión de Cristo, lo que quedó en Jerusalén, fueron sus apóstoles y su grupo de acongojados seguidores que venían siendo atacados y perseguidos.

Ese proceso de persecución continuaría, y hay un hombre que desempeñaría un papel preponderante. Se llamaba Saulo, un judío, aunque no de Jerusalén. Había nacido en Tarso (en la actual Turquía), ciudad que en ese momento formaba parte del imperio romano, por lo tanto, nace como ciudadano romano. Es muy de creer que debió asistir a algunas escuelas donde aprendió filosofía griega, porque entre las cosas que caracterizaban a Tarso, estaba su actividad como centro intelectual y cultural, y de una gran influencia helénica, en particular de la filosofía estoica.
Posteriormente se trasladó a Jerusalén para completar su aprendizaje, allí fue educado por uno de los maestros más autorizados en la religión hebrea, el rabino Gamaliel. Adquirió así una sólida formación teológica, filosófica, jurídica y lingüística (hablaba griego, latín, hebreo y arameo).

Saulo va a ser un fariseo, que observa estrictamente la ley mosaica, y la cumple hasta en los más mínimos detalles. No creía que Jesús fuese el Mesías, y ve a sus seguidores con recelo, como disidentes peligrosos a quienes hay que acabar; y los va a perseguir con una violencia inaudita. En una de sus campañas de persecución, sale hacia Damasco y le ocurre el maravilloso caso que se conoce con el nombre de “la conversión de Saulo”. En medio de sus acompañantes, de  repente aparece un resplandor de luz que viene del cielo, que lo deja ciego y lo hace caer del caballo, y  oye una voz que le dice: “Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?” Y el pregunta: ¿Quién eres? ; Y la voz le contestó: “Soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad, y se te dirá lo que te es preciso hacer…”
Ya en Damasco, mientras oraba, contempló en una visión, al discípulo cristiano Ananías que le devolvía la vista. Deja de creer en lo que creía, se bautiza cristiano, abandona su nombre judío de Saulo y adopta el de Pablo, con el cual va a conocerse en la Historia.

Al principio se siente solo, sus antiguos compañeros judíos lo miran como un traidor que  se ha ido a otra fe. Tampoco los cristianos se olvidan de que hasta el día anterior, fue uno de los que más los persiguió.
Pablo vence todas esas resistencias y se transforma en el más activo de los apóstoles. Uno de los primeros problemas que enfrentará, es el hecho de que el cristianismo, hasta ese momento, estaba reservado solo a los judíos, es decir a circuncisos, y no se podía, o se pensaba que no se podía, ser cristiano, sin ser judío y circunciso.

Regresa con ese problema a Jerusalén, para dilucidarlo junto con Pedro, Juan, y Santiago el mayor, lo que fue llamado el “Concilio de Jerusalén”. Los judíos siempre habían mantenido la idea de que ellos eran el pueblo elegido de Dios, cuyo símbolo desde Abraham había sido la circunsición, y los demás pueblos eran impuros e inferiores. No era nada fácil entonces, que de pronto, tuviesen que aceptar que ellos eran iguales a otros pueblos, y no tenían mayores derechos ante Dios. Pablo, con el apoyo de los apóstoles, logró imponer la tesis de que los cristianos gentiles debían tener la misma consideración que los judíos; y rechazó la obligatoriedad de numerosas prácticas judaicas.

Una vez tomada esta decisión, sale Pablo, fortalecido con ella, a predicar por todo el mundo conocido de su tiempo. Realizó tres grandes viajes evangelizadores a través de Asia Menor, Macedonia y Grecia. La mayor parte de su misión la realiza hablando personalmente con la gente,  pero también lo va a hacer por medio de cartas. Éstas cartas son las llamadas “epístolas”, los documentos cristianos más antiguos que existen. Sus viajes son relatados por el libro de los Hechos de los Apóstoles, que conforman parte del Nuevo Testamento.
Tal vez no hay en la historia humana un caso más extraordinario de sembrador de fe, que la gran labor evangelizadora de Pablo, quien debió tener un poder de convicción sorprendente. La decisión tomada, en aquel Concilio de los Apóstoles en Jerusalén, fue determinante para liberar al cristianismo de  su confinamiento dentro del judaísmo, y conducirlo hacia la religión universal en que se convertiría.

Fue una labor titánica, llevada a cabo contra viento y marea, que los creyentes cristianos están seguros que la logró gracias al apoyo divino. Su misión evangelizadora de treinta años, lo llevó a ser perseguido, golpeado, torturado y finalmente arrestado, y llevado prisionero a Roma.
El porqué fue condenado y sentenciado a muerte, no ha quedado claro. No le crucificaron, porque, como ciudadano romano,  tenía derecho a que le cortaran la cabeza. Así murió Pablo en Roma, en la plenitud de su misión ecuménica, que fue su gran herencia al cristianismo.

Lionel Álvarez Ibarra
Abril  2021

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