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Edda Armas: Un libro puede traernos luz e incluso salvarnos la vida

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El pregón, la proclama más esperada de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo, Filuc 2022, estuvo a cargo de la escritora venezolana, poeta y gestora cultural, Edda Armas, quien basó su discurso en la libertad que se encontrar en un libro.

En la Galería Universitaria Braulio Salazar, una sala llena de estudiantes, docentes, autoridades universitarias, gremios y público general, atentos, a la palabra de la escritora, Edda Armas, diciendo que en tiempos convulsos, de injusticias y de angustia colectiva, con migrantes desplazándose y una guerra en curso, la palabra libertad irrumpe con un latido más grave que no cesa.

“Reclamo hincado en quienes sufren cualquiera de las vejaciones del mundo actual, imponiéndose la búsqueda incesante de salvoconductos para la sobrevivencia”, destacó la poeta, Edda Armas.

Para quienes amamos el artefacto libro y nos volvimos tempranos lectores, lo sentimos refugio irrenunciable, al ser–en todos los géneros– portadores de un hálito de libertad frente a la opresión, agregó Edda Armas, a modo de canal abierto para que un autor se exprese en cualquier lengua desde cualquier lugar del mundo en medio de cualquier conflicto, y un lector encuentre en ellos una tabla de salvación.

Por ello, hacemos nuestra la convicción de que un libro puede cambiarnos, traernos luz en algún momento, e incluso salvarnos la vida. Y es que al ser el libro templo de la palabra escrita, en busca de ojos y oídos, coincido con la poeta Chantal Maillarden la creencia de que “de no ser por la palabra, nunca lo profundo saldría de sus dominios, nunca siquiera podría ser nombrado como tal”. 

Los libros, innegable patrimonio de la humanidad, simbolizan un espacio de expansión, en sentires y conocimiento, al que se entra sin movernos de lugar, y se sale siempre con un algo más en mente y corazón.

Mundos utópicos, fábulas, romances, de humor o terror, mitología, historia, ciencia, espaciales, sagas, ficción o no ficción, sean novelas, cuentos o poesía, siempre mundos sin fin, en los que cabe todo lo inimaginable. 

Es así, que el libro se hace salvoconducto liberador para toda alma en conflicto, al vehiculizar los territorios del viaje y del gozo que entre sus páginas encuentra, permitiéndonos ir más allá de nosotros mismos.

Por todo esto y más, le seguiremos defendiendo como artículo prioritario para la vida, válido rin para el libre ejercicio de las ideas y la expresividad del hombre. 

Al libro, le creo un protagonista singular de la historia, y al igual que el hombre ha sufrido censuras, exterminios, prohibiciones, persistiendo como testigos en el testimonio escrito con la pluralidad de voces que a través de ellos se expresan, en la urgente tarea de oírnos, unos y otros. 

Pero nos preguntamos: ¿Llegaremos a un mundo sin libros? ¿Cómo va a adaptarse el libro a las pantallas digitales que es lo único que miran los jóvenes y niños hoy día? ¿Qué papel juega el libro en este hoy sin tiempo para leer? 

¿Motivar la lectura sigue siendo un objetivo? ¿Cómo se resuelven los derechos de autor con los libros de libre descarga? ¿Cuáles son los retos a enfrentar por los editores en este tiempo del Tiktok y la instantaneidad? 

Luego se refirió a la pandemia del Covid-19 y su encierro  que“también impactó el mundo editorial.Cesaron las ediciones, creándose una atmósfera de paralización desconcertante del mundo editorial. Cerradas las librerías, se activaron las ventas por delivery, buscando sobrevivir.

 Pero, al encierro se le reconoce haber favorecido el uso de la virtualidad para comunicarnos, multiplicándose entonces las modalidades de encuentros y formas para dictartalleres, hacer lecturas, gracias a las herramientas del Zoom, Google Meet, Instagram, WhatsApp y el Telegram.

Hasta llegar al futuro del libro en nuestro país. Una preocupación justificada. 

El cierre de librerías masivas (hablo de Nacho y Tecni-Ciencia), amén de librerías icónicas especializadas en literatura (leáse Lugar común, Noctua y Alejandrías), en mayor magnitud en el interior del país, con un saldo negativo de ciudades que carecen de alguna librería en la actualidad, afecta drásticamente el acceso al libro. 

Esta situación se agrava particularmente con la ida del país de tantos escritores, diseñadores, libreros, correctores y editores, como viene sucediendo. Otro factor adverso, ha sido la mudanza a otros países de sellos editoriales icónicos como Alfaguara y Ekaré.

A lo que se suma el galopante desmantelamiento de bibliotecas municipales e incluso bibliotecas personales, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿Qué opciones editoriales quedan en Venezuela? ¿Sobrevivirá la industria del libro en nuestro país? ¿Perdemos lectores? ¿Cómo afectará esto en la educación de las nuevas generaciones? ¿Ideas para no morir en este trance? 

Y en medio de este panorama que ya era desolador, sentíamos además nostalgia por las ferias independientes de libros que organizan las universidades, en especial, por la ausencia de 5 años de la siempre gratificante y bien ponderada Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo, agregó.

Hablo de Filuc, la feria democrática del libro en Venezuela, organizada por una de las más antiguas de las cinco universidades autónomas del país, centro pionero generador de iniciativas para el conocimiento, impulsador de proyectos que aspiran multiplicar las redes de intercambio académico y social, con apertura al saber sin discriminaciones, dijo.

Por ello, la celebración del libro en presencial este noviembre de 2022 da cuenta de la perseverancia y la audacia de las autoridades universitarias de la UC y de su rectora –Dra. Jessy Divo– al generar alianzas para la proeza de esta convocatoria presencial bajo el lema de Voces para el reencuentro.

Filuc, desde su primera edición en 1998, creada por el rector, Asdrúbal Romero, por los 40 años de la reapertura de la Universidad de Carabobo, realizada en este mismo escenario de la Galería Universitaria Braulio Salazar que hoy nos reúne, da visibilidad a autores venezolanos e internacionales.

A iniciativas editoriales institucionales –oficiales, privadas e universitarias-, a la diversidad producida por las aguerridas editoriales independientes, al trabajo de todos los actores del libro que persisten y sobreviven en el mundo editorial en Venezuela, a pesar de tantos factores que le adversan, continuó. 

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