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Cambalache no pasa de moda

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(Por: Arnaldo Rojas)

.-Cuando su autor escribió esta canción en 1934, hace ya 90 años, jamás imaginó que no solo sería una pieza magistral, sino que mantendría una asombrosa vigencia. El siglo XX, que la inspira, ya quedó atrás, pero los problemas que lo caracterizaron en gran parte del mundo se mantienen. De hecho, se le puede considerar la primera canción de protesta que atravesó los tiempos.

Enrique Santos Discépolo, un argentino bohemio, visionario, sociólogo autodidacta y, sobre todo, creador de inmortales tangos, compuso “Cambalache” en plena Década Infame (1930-1943) período durante el cual dos golpes militares asolaron Argentina.  Crisis económica, fraude, corrupción, desesperanza, se impusieron en el país y la pluma de Discépolo describió esa época como nadie.

“Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé, en el quinientos seis y en el dos mil también. Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos, contentos y amargaos, valores y dublé… Pero que el siglo veinte es un despliegue de maldad insolente ya no hay quien lo niegue. Vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos”, comienza diciendo la letra del tango, con palabras del lunfardo criollo y modismos arrabaleros.

Originalmente la canción fue encargada para el estreno de la película “El alma del bandoneón”, sin embargo un amigo de Discépolo, en una acción “cambalachera”, se la pasó a la cantante Sofía Bozán para que la interpretara en un teatro de variedades. A partir de allí se empezó a popularizar, pero fue prohibida por los gobiernos militares. Sin embargo, siguió circulando clandestinamente. La censura se mantuvo hasta 1949 cuando, ya bajo el gobierno constitucional de Perón, la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música (Sadaic) logró dejar sin efecto esta restricción. Hasta el mismo Carlos Gardel la incorporó a su repertorio y se transformó en una especie de himno.

“Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. ¡Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor! No hay aplazaos ni escalafón, los inmorales nos han igualao… Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que si es cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón”, “¡Pero qué falta de respeto, qué atropello a la razón! ¡Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón!, continúa el tango en una lamentable coincidencia con los antivalores que ciertos sectores promueven actualmente. Incluso, un personaje cambalachero gobierna actualmente la Argentina.

Siglo veinte, cambalache, problemático y febril, el que no llora no mama y el que no afana es un gil. ¡Dale nomás, dale que va, que allá en el horno nos vamo a encontrar! ¡No pienses más, sentate a un lao, que a nadie importa si naciste honrao! Es lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata o el que cura o está fuera de la ley”, culmina la letra que 90 años más tarde y ya en pleno siglo XXI,  con sus denuncias, no pasa de moda. 

Ilustración: George Groz.

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