Arzobispo Baltazar Porras envió una nueva exhortación pastoral por el COVID-19

Baltazar Enrique Porras, arzobispo de la Arquidiócesis de Mérida, envió una nueva exhortación pastoral este 14 de marzo ante la emergencia decretada a nivel mundial debido a la pandemia del Covid-19.

«Vivimos momentos de incertidumbre ante la aparición inesperada del virus que se expande como pandemia en el mundo entero, del que no estamos exentos de que se siga propagando peligrosamente entre nosotros», se lee en la exhortación.

Porras aseguró que «estamos ante una emergencia que es de interés nacional, social y cívico, y no exclusivamente gubernamental. Todos los sectores sociales deben estar involucrados, para trabajar coordinadamente en equipo».

El 13 de marzo se publicó una primera exhortación pastoral en la que se abordó el tema del coronavirus. Porras invitó a revisarla y compartirla, así como mantenerse al tanto de informaciones que contribuyan a conocer más sobre la situación que enfrenta la población mundial ante la esparción del virus proveniente de China.

A continuación la exhortación pastoral enviada por el Cardenal Baltazar Porras:

Arquidiócesis de Caracas y Mérida Gobierno Superior Eclesiástico

DESPACHO DEL ARZOBISPO

EXHORTACIÓN EN EL TERCER DOMINGO DE CUARESMA

Caracas, 15 de marzo de 2020

Queridos hermanos sacerdotes, religiosas, catequistas, bautizados y personas de buena voluntad que hacen vida en las Arquidiócesis de Caracas y de Mérida.

Vivimos momentos de incertidumbre ante la aparición inesperada del virus que se expande como pandemia en el mundo entero, del que no estamos exentos de que se siga propagando peligrosamente entre nosotros. El gobierno está tomando una serie de medidas para minimizar el impacto que pueda producir en la población, habida cuenta de las condiciones precarias que vivimos por la crisis social aguda, que se manifiesta en los servicios básicos que faltan para una vida sana en plenitud.

El desarrollo de este fenómeno viral que apenas aparece entre nosotros, puede expandirse exponencialmente, poniendo en riesgo la tranquilidad y el disfrute honesto de la vida familiar y social. Ante ello, debemos actuar con rapidez y seriedad, acatando no sólo las prescripciones de las autoridades, sino convirtiéndonos en actores y protagonistas, asumiendo con creatividad nuestra solidaridad ciudadana.

Estamos ante una emergencia que es de interés nacional, social y cívico, y no exclusivamente gubernamental. Todos los sectores sociales deben estar involucrados, para trabajar coordinadamente en equipo; y toca al Estado y a los organismos competentes suministrar información permanente, veraz y eficaz para que se genere la confianza en la población y esté pronta a participar y colaborar en algo que es del bien común.

En el día de ayer publicamos una primera exhortación, que invitamos a releerla y compartirla. Otros Obispos han publicado también sus indicaciones referidas a la realidad concreta de sus diócesis, y en el día de hoy, la presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana ha emitido un documento en el que se recogen consideraciones prácticas, como aporte a algo que nos compete a todos, también a las iglesias, y en particular a la católica, por ser la mayoría en el país.

Estamos en el tercer domingo de cuaresma, momento propicio para la oración, la reflexión y la ayuda solidaria a nuestros hermanos, principalmente a los más vulnerables. Como cristianos leemos la vida y la historia, asumiendo la frágil condición humana, con la confianza puesta en el Señor que no nos abandona y nos invita a tomar el agua de Jesús, fuente y manantial generadora de vida.

Este domingo, III de Cuaresma, se proclama el Evangelio de la samaritana. En él vemos a Jesús cansado del camino y sentado junto a un pozo en territorio extranjero, samaritano. Pide de beber a una mujer que reacciona preguntándole: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?», porque entre judíos y samaritanos había una tremenda barrera religiosa. Nosotros, gracias a Dios, sabemos que todos somos hijos de Dios y hermanos. Ayudémonos unos a otros y no tengamos reparos en cuidarnos, sin distingos de ninguna especie, permaneciendo pendientes de quienes más lo necesitan, los pobres y excluidos. Agradezcamos el interés de quienes se ocupan de la salud de todos y están dispuestos a darnos una mano.

La invitación a la oración y al diálogo sincero nos lleve a buscar la verdad, y pedirle a Jesús que nos dé del agua que necesitamos para que la paz y el sosiego nos hagan ver mejor, más allá de nuestras deficiencias y pecados. No nos escandalicemos, como los discípulos, al ver que Jesús hablaba con aquella extraña mujer. Sin fraternidad, sin caminar juntos con quien esté a nuestro lado, así piense y actúe distinto a nosotros, no seremos capaces de encontrar salida a los problemas que nos agobian.

Recurramos a la oración, como lo han hecho nuestros antepasados ante las epidemias, que supieron dirigirse a Santa Rosalía primero, y en otra ocasión al Nazareno de San Pablo, devoción tan popular y arraigada en el corazón de los caraqueños y de buena parte de los venezolanos. Invitamos hacer una oración al Nazareno de San Pablo, por la superación del coronavirus, el fortalecimiento de los asistentes sanitarios, la creatividad y vocación samaritana de todos, ante esta pandemia. Digamos:

Nazareno de San Pablo, que obraste con prontitud y misericordia en la esquina de Miracielos, con la señal en aquel limonero que extinguió la peste, ahora también acudimos confiados ante los sufrimientos de quienes con fe y esperanza clamamos a Ti. Tú bien sabes que no podemos subsistir por nuestra fragilidad, asediados por tantos peligros como también ahora padecemos con la pandemia del coronavirus, concédenos la salud del alma y del cuerpo, para superar con tu ayuda este peligro. Cura a los enfermos y danos paz. ¡Intercede por Caracas y Venezuela!!! Amén.

Ante una situación que se presenta tan cambiante, iremos dando pautas, junto con las que señalen las autoridades competentes, para que aprendamos en esta coyuntura a comportarnos correctamente. La supresión de las ocupaciones laborales y educacionales de gran parte de la población, no es un llamado al ocio sino a la creatividad que nos ayude a usar ese tiempo libre para actividades personales y comunitarias que redunden en beneficio propio y colectivo.

De momento, nuestros templos permanecerán abiertos para que podamos entrar a orar y vivir en el silencio un diálogo abierto con el Señor y la Virgen. Extremando las precauciones, recomendando a las personas mayores y a los niños quedarse en casa, o en lugares de poca concentración de personas. Cosa nada fácil pero necesaria para quienes viven en los barrios o en apartamentos, en edificios que por su volumen generan presencia numerosa de personas.

Remitimos a las indicaciones y sugerencias señaladas en la Exhortación del 12 de marzo.

RECALCAMOS  AHORA:

1. Mantener la calma y la serenidad, así como adoptar las normas más elementales de higiene. El miedo se vence con una buena información y formación.

2. Quedan suspendidas todas las actividades pastorales y administrativas en la jurisdicción de las Arquidiócesis de Caracas y Mérida. Se dispensa del precepto dominical y festivos a todos los fieles católicos, en primer lugar a las personas mayores o que padecen cualquier enfermedad riesgosa, y a quienes se les haga difícil el traslado a los templos, por ejemplo por la dificultad o carencia de transporte. Pueden seguir las transmisiones (en vivo) de las Eucaristías diarias, por radio y televisión, que desde la Vicaría Episcopal para los Medios de Comunicación, estaremos organizando y difundiendo en los próximos días.

3. Animo a la creatividad pastoral a los sacerdotes y catequistas para llevar a efecto un ejercicio de la trasmisión de la fe, con la ayuda de los padres y representantes, para que sean ellos quienes se conviertan en catequistas de sus hijos. El uso apropiado de los medios digitales, desde el sentido común y la dedicación al ministerio, nos permiten asumir la situación y mantener el espíritu cristiano que nos pide el momento.

4. A todos los sacerdotes y agentes de pastoral, ayuden a potenciar la vida espiritual de las personas, de cualquier tipo, que ofrezcan modos de mantener, incluso potenciar la vida espiritual de las personas, y atiendan con cordialidad y cariño a los enfermos, tomando las precauciones del caso.

5. Procuren los sacerdotes celebrar diariamente la Eucaristía, aunque sea con pocos o ningún fiel, poniendo como intención especial la superación de esta pandemia. Procúrese en este domingo tomar las previsiones del caso, y enviar a la Curia la evaluación de las mismas, para adecuar las medidas a tomar en las próximas semanas e invitar a evitar las aglomeraciones.

6. Las medidas más concretas en cada caso, incluida la suspensión de la Eucaristía pública, podrán ser prudencialmente adoptadas por los obispos auxiliares y vicarios episcopales en comunicación con el Cardenal Arzobispo y en consonancia con las medidas que indiquen las autoridades.

La cuaresma es tiempo de conversión y de búsqueda permanente de Dios y de servicio al prójimo. Termino con estas palabras iluminadoras del Papa Francisco: “En el desierto (en la soledad y angustia ante esta pandemia), se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para vivir; así, en el mundo contemporáneo, son muchos los signos de la sed de Dios, del sentido último de la vida, a menudo manifestados de forma implícita o negativa. Y en el desierto se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza. ¡No nos dejemos robar la esperanza!

Con mi afectuosa bendición

† BALTAZAR ENRIQUE PORRAS CARDOZO

Cardenal Arzobispo de Mérida y

Administrador Apostólico de Caracas

(Con información de Caraota Digital)

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