¿A qué edad somos más felices?

(Por Arnaldo Rojas).-

*La llamada crisis de los 40 dejó de ser un mito. Una reciente investigación concluyó que a los 47 años somos menos dichosos mientras que en la adolescencia y la vejez somos más felices.

La investigación fue realizada por Dartmouth College, una de las instituciones de educación superior más prestigiosas de Estados Unidos y fue dirigida por el economista David Blanchflower. En el estudio, Blanchflower compiló información de encuestas en torno a temáticas como el bienestar y la calidad de vida, levantadas a nivel nacional e internacional, en 134 países. Con los datos obtenidos elaboró una base de datos propia que le permitió analizar el nivel de “felicidad” de las personas en función de su edad.

La conclusión fue que nos sentimos mejor en la adolescencia, somos más infelices a mediados de los 40 y luego valoramos el sentido del bienestar cuando nos acercamos a la vejez. 

Básicamente, lo peor está en el medio, mientras que los mayores momentos de bienestar se encuentran en la etapa inicial de la vida y después de los 50. “A los 47, la gente se vuelve más realista, ya se dieron cuenta que no van a ser el presidente del país ni Miss Universo. A los 40 las personas suelen tener muchas responsabilidades y esto les genera un estrés que los ancianos y jóvenes no suelen experimentar. Pasados los 50 años, te vuelves más agradecido por lo que tienes. De manera que a partir de esta edad podemos decir a cualquier persona que le tenemos buenas noticias porque de allí en adelante las cosas van a mejorar”, indica la investigación.

No se trata que las condiciones de vida objetivas necesariamente mejoren, lo que varía es la percepción del bienestar. Desde un punto de vista psicológico, hay varias teorías que pueden ayudar a explicar esta tendencia. Una de ellas es que en la medida que las personas envejecen, aprenden a adaptarse a sus fortalezas y debilidades, al tiempo que disminuyen sus aspiraciones inviables. Otra es .que las personas más optimistas viven más tiempo, lo cual ayudaría a darle forma menos lineal y materialista a la felicidad para acceder a una forma más variable y espiritual.

En este sentido apuntan los estudios de Jonathan Rauch, investigador del centro de estudios Brookings Institution en Washington, quien aborda el tema en su libro “La curva de la felicidad: por qué la vida mejora después de los 50”. Luego de entrevistar a varios expertos en la materia provenientes de distintas disciplinas, precisó que todos coincidían en un señalamiento: nuestro cerebro va experimentando cambios a medida que envejecemos y cada vez se enfoca menos en la ambición y más en las conexiones personales.

“Es un cambio saludable, pero hay una transición desagradable en el medio”,  puntualiza el investigador y considera la crisis de los 40 como una “brecha de expectativas”, ya que muchos se dan cuenta que sus expectativas eran demasiado ambiciosas. Los jóvenes caen en un “error de pronóstico” porque sobreestiman la felicidad que produciría alcanzar ciertas metas. En cambio, los mayores, se quitan el peso de esas expectativas y tienen más habilidades para manejar sus emociones, concluye Rauch.

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