El viacrucis por una cédula de identidad

No hay sistema a nivel nacional”, la frase soltada con desgano por los funcionarios del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (SAIME) pretende zanjar cualquier reclamo, pero no basta para sosegar el ánimo de quienes han hecho cola desde la madrugada con la esperanza de obtener una simple cédula de identidad.

La fila en la sede del Saime de Plaza Caracas zigzaguea por las rampas del Centro Simón Bolívar. Dulce Oliveros llegó temprano. Antes de las 3:30 de la madrugada del 6 de septiembre, pese a eso no la encabezó sino hasta el mediodía. Para entonces todas las personas que tenía por delante se habían retirado al ver que la hilera no se movía. “Disculpen, señores, se los acabo de decir: no hay sistema”, dio como única justificación una funcionaria del Saime que se retiró rápidamente. Oliveros comenzó a manifestar en voz alta su indignación: “Tengo tres días en esto. He ido al Saime de La Trinidad y al de Las Mercedes. Vengo desde San Antonio del Táchira”.

Su documento de identidad se extravió y sin él no puede comprar un boleto de regreso a su casa. Mientras tanto sigue gastando en hospedaje y comida en una ciudad que no es la suya. En los tres días que ha intentado completar el trámite las fallas en el sistema han sido siempre la excusa.

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Tres días por una cédula le suenan a poco a Gustavo Graterol. A su hijo de 17 años de edad lo asaltaron y le quitaron el documento. Su trajín empezó hace 20 días, en Guarenas. “Allá nos dicen que no hay servidor. Hemos ido al Saime de San Bernardino y ahora al de Plaza Caracas, pero nada. Acá he venido tres días seguidos, de Guarenas y de madrugada y la respuesta de siempre es que el sistema está caído”.

“Es una falla en todo el país”, dice un funcionario frente a la sede de la Defensa Pública ubicada en el Bulevar Panteón, uno de los puntos de cedulación. En el Saime de San Bernardino otra funcionaria agrega que llevan ya tres días sin sistema. En la unidad móvil ubicada en el estacionamiento de Parque del Este tampoco había la cola –que ya es habitual– por la misma razón. En el Saime de Las Mercedes un trabajador con las páginas deportivas del periódico abiertas de par en par informa que allá no están emitiendo el documento porque se dañó el servidor hace dos semanas.

En noviembre de 2016, una nota de prensa del servicio de identificación informaba que solamente en Distrito Capital hay 22 oficinas para atender a los usuarios que requieran renovar su cédula, así como a los menores de edad que vayan a tramitar su documento de identidad por primera vez. Pero ni unos ni otros tienen la suerte de ser atendidos. “Mi hija tiene un mes tratando de sacar la cédula a su hijo y ha sido imposible. Han ido a Los Ruices, Coche, San Bernardino, Palacio Blanco, etcétera. Nunca hay sistema. Es una falla generalizada”, asegura Elvia de Burgos, en un correo enviado a El Estímulo. De enero a noviembre de 2016, estas 22 dependencias habían emitido 425.902 cédulas. Las oficinas con mayor demanda eran: Plaza Caracas (con 46.282), La Hoyada (con 42.911) y Caricuao (con 30.237).

Sin embargo, una vez que se cuenta con la suerte de ser atendido tampoco se tendrá la identificación enseguida, como ocurría en los primeros años de la Misión Identidad, uno de los programas sociales instaurados por el fallecido Hugo Chávez en abril de 2004. Camila Amadores fue primero a la oficina de la Defensa Pública y después se mudó al Saime de Cotiza. “Había mucha cola y se tardan nueve días en entregarla. Aquí nos dicen que son dos o tres días”, señala.

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En esa oficina la cola era corta. El funcionario explicaba que todo dependía de lo rápido que vaya el sistema. Explica que no hay que llevar nada –ni siquiera la fotocopia del documento vencido o extraviado– y advierte que por la fotografía las mujeres no deben ir con escotes. “Paciencia que sí llegó el sistema, pero está lento”, asevera uno de los hombres que estaba en la fila después de haber ido a indagar a esa dependencia. Allí, en los primeros puestos, aguardaba Ilian Pérez; su cédula se venció en 2016 y “entre una cosa y otra” no se había interesado antes en renovarla. Ahora escogió un mal momento. Califica el trámite como una “travesía”. “He venido dos días seguidos, ayer no había sistema y hoy se cayó, y luego avisaron que estaba lento. El que quiere esperar, espera”, declara frente a la fila inamovible.

Lentitud garantizada

Atrás quedaron los tiempos en que el ofrecimiento era que los venezolanos gozarían de una cédula electrónica, promesa hecha en 2003. También están en el olvido los frenéticos operativos de cedulación que empezaban cada vez que se acercaba una elección. Vienen los comicios regionales –confirmados por el Consejo Nacional Electoral para el 15 de octubre– y ningún operativo ha sido anunciado por las autoridades del Saime. La última jornada de cedulación y carnet de la patria se hizo el fin de semana del 22 y 23 de julio, para garantizar la participación en las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente realizadas el 30 de julio.

Precisamente, los corrillos indican que sería la emisión del carnet de la patria lo que ralentizó el proceso. Rafael Carrasquero, experto forense en Grafotécnica y Dactiloscopia, señala que la otra excusa que suele haber cuando no se entregan los documentos de identidad es el déficit de material. “Aparentemente la tinta del Saime se fue con la emisión del carnet de la patria; y tampoco hay licencias de conducir porque se gastaron el plástico”.

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Están por cumplirse 75 años desde el 3 de noviembre de 1942, cuando fue expedida por el Sistema de Identificación Ciudadana la primera cédula de identidad venezolana. El número 0001 lo tuvo el general Isaías Medida Angarita, quien estaba a cargo de la Presidencia de la República. Explica el experto que la fórmula de identificación venezolana consiste en dos sistemas: 1.- la alfabética, que contiene la reseña física de las personas y 2.- la decadactilar que toma la huella de los diez dedos de los ciudadanos.

“Venimos de un sistema supremamente deficiente y fuimos decayendo.

Antes también tuvimos una cédula en blanco y negro que indicaba los datos antropométricos y raciales de los ciudadanos, como la altura, color de piel y de ojos; luego se pasó a un carnet con las dos caras en blanco y negro y más tarde el presidente Lusinchi introdujo el color; fue entonces cuando se eliminó la descripción de los rasgos porque se presumía que al ser en color se veían. Ahora tenemos una cédula que tiene pocas medidas de seguridad, que se parece mucho a una fotocopia a color”, indica Carrasquero.

De acuerdo con la Ley Orgánica de Identificación, la cédula de identidad constituye el documento principal de identificación para los actos civiles, mercantiles, administrativos, judiciales y para todos aquellos casos en los cuales su presentación sea exigida por la Ley; y el otorgamiento del número de la cédula de identidad es competencia del Ejecutivo Nacional, a través del Saime.

La Dirección de Verificación y Registro de Identidad la conforman 472 trabajadores que se encargan del chequeo dactiloscópico; el Departamento de Prontuario maneja la información de los ciudadanos extranjeros en el país. El área de Registro y Control se encarga de las objeciones, números anulados, alfabéticas e inconvenientes con doble cedulación, y hay otra área encargada de gestiones por fallecidos y ciudadanos con antecedentes penales; explica la institución en una nota de prensa.

“Se supone que Venezuela tiene el mejor sistema de identidad y el más completo. Aquí habría el sistema AFIS (Sistema Automático de Identificación Dactilar), con el que se verifica la concordancia de las huellas de cada ciudadano. Todos los venezolanos y todos los extranjeros que hayan pasado por Venezuela tienen su huella ahí. Es lógico que la emisión de la cédula sea un proceso de varios días porque hay que verificar en un archivo rotatorio de cuatro metros de largo y tres metros de alto las alfabéticas y las decadactilares. Antes eso lo hacía una persona, ahora se supone que es en línea; pero se tarda porque nosotros tenemos el mejor Internet del mundo”, completa con ironía.

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Carrasquero incluso duda de la rapidez del proceso en los primeros años de la Misión Identidad: “Esta misión tuvo grandes deficiencias al principio. Aparentemente en ese acto se tenía que haber estado haciendo la reseña, pero no se sabe si los equipos estaban en línea y si los datos quedaron archivados”.

De la cédula electrónica tampoco se sabe nada, pero se necesita. Una nota de El Universalrefiere una lista de fallas en el sistema de identificación venezolano enumeradas por la desaparecida Dirección Nacional de Identificación y Extranjería (DIEX) entre 2001 y 2003: “Atraso de 18 años en el ordenamiento de tarjetas decadactilares, seis millones de tarjetas alfabéticas sin registrar, ausencia de tarjetas de fallecidos, cambios de estado civil que no se asientan con la frecuencia en la que se producen, procedimientos que no han cambiado en 61 años”. La promesa de Dante Rivas –la última vez que estuvo a cargo del Saime– era que en junio de 2016 los venezolanos podrían tramitar la nueva cédula electrónica. Un año más tarde solo hay colas por una identificación que sigue siendo fácilmente falsificable.

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El Estímulo

 

 

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