Leocenis García propone elecciones parlamentarias con presidenciales

Elecciones parlamentarias con presidenciales. Es la propuesta de Leocenis García. El proceso político que está viviendo VENEZUELA es quizá único en la historia. Difícilmente se encuentran precedentes conocidos. Al extremo que tenemos, desde el pasado 05 de enero un presidente de la Asamblea Nacional, pero no tenemos una Asamblea Nacional.

Tenemos una República, pero no tenemos Presidente que resuelva el problema del hambre que azota VENEZUELA.

El país necesita urgentemente un cambio total, y abandonar este desastre institucional, que agrava la crisis económica. Tenemos dos Asambleas, que dicen representar al pueblo, pero que a la par, no representan a nada ni nadie.

La Asamblea Nacional Constituyente, con una falla de origen, es una suerte de soviet del partido de Gobierno, desconocida por actores nacionales e internacionales. Mientras que la Asamblea Nacional, con una legitimidad de origen, es una suerte de cascarón vacío, que no sirve ni siquiera para hacerle oposición al Gobierno.

Nuestro propio movimiento Prociudadanos, espera aún que nuestro diputado indígena Romer Guzamana asuma su curul.

Tal como están las cosas en VENEZUELA, es claro que el cambio político implica dificultades. Lo que es excepcional implica dificultades excepcionales. Realizar un cambio que es verdadero, y hacerlo pacíficamente sin revoluciones y sin traumas, es una empresa merecedora de despertar las mayores ilusiones.

En consecuencia, queremos asegurarles Prociudadanos está firmemente decidido

a continuar su andadura, porque espera encontrar el apoyo de la mayor parte del pueblo para conseguir que todos los venezolanos puedan seguir caminando hacia el futuro, no sólo sin sentirse heridos, sino con la frente alta y la conciencia limpia.

Por eso planteamos, que convocada la observación internacional y una vigilancia sobre el proceso, especialmente de países como Colombia y EEUU, se deben celebrar este año elecciones de una Asamblea Nacional, conjuntamente con la del cargo de Presidente de la República.

Es hora de buscar otros tiempos, y otros métodos, para resolver la crisis.

Ha habido en los últimos años tiempo para todo. Tiempo para la descalificación, y la política de las pasiones, y los estadios del odio, como un capitán que se deja mandar por el cuartel. Pero no ha habido tiempo para tomar nuestra soberbia, nuestros egos, y echarlos al mar. Y una vez, ahí, molidos por la sal, y el viento, darnos la oportunidad de llegar acuerdos mínimos, para sin sacrificar las cosas que defendemos, resolver el problema de VENEZUELA.

Quedaba pendiente resolver el tema del desconocimiento de la Asamblea Nacional, por parte de otros poderes. La meta última era muy concreta. Vemos esto ahora, difícil, con la elección lamentable del diputado Barboza como jefe del parlamento.

Lo lógico es que la Asamblea Nacional esté en el juego, y no fuera de él. Que todos, se expresen en esa cámara, y que las decisiones del futuro sean el resultado de la libre discusión política de la mayoría de los venezolanos, ahí representados, y para ello había que solicitar la colaboración de todas las fuerzas. Incluso la del régimen gobernante, empeñado en desconocerla.

Es evidente, compatriotas, que todo ha cambiado en esta nación desde 2015.Desapareció el equilibrio que sabiamente el pueblo de VENEZUELA se dio, al ponerle un contrapeso legislativo al poder del Gobierno. Surgió en la piel de VENEZUELA, una necesidad de cambio que tenía que ser aprovechada y canalizada para ser útil a las grandes mayorías desamparadas.

Hay que luchar para que los políticos vuelvan a la política, y su fuero natural sea el parlamento, la vocación de gobierno. Un político no es un boxeador, no es un gladiador, es por el contrario, un guía, un líder, que encuentra en la palabra el acicate con el cual ha de cambiar la sociedad.

Hablamos claramente, sin esguinces, sin aspirar los aplausos de lo que es difícil de aplaudir. Solo decimos la verdad, en una hora difícil, y al decirles estas verdades, estamos indicando un estilo, un procedimiento, pero también una ruta clara.

El proceso de acuerdos, que se intenta desde hace algún tiempo, con el acompañamiento del Presidente Zapatero, Torrijos, Fernández, la Santa Sede y la comunidad internacional, no pueden ser una vía para la destrucción del sentimiento de cambio de todos los venezolanos a una Patria común. Las conversaciones no pueden, por tanto, convertirse en un vehículo de exacerbación de discusiones ideológicas, ni mucho menos debe utilizarse como palanca para crear nuevas estridencias.

Deben servir, para pactar las condiciones de un proceso electoral limpio, aceptado por todos, que no deje dudas -que por cierto, ya son comunes sobre los últimos procesos- sobre la voluntad de los venezolanos sobre quién debe ser el Jefe del Estado.

Pero, lo más importante -y decimos lo más importante, aunque para algunos no lo sea- que esas negociaciones sean fundamentales, en una solución efectiva en el tema de la crisis humanitaria que afecta al país, y para ello, hay que resolver la crisis política, porque sin este paso previo, no habrá consensos para resolver el problema económico.

Esta hambruna que existe, de costa a costa, podemos diferir en las causas de sus orígenes, pero todos debemos estar de acuerdo, en que hay que resolverla. Hay que devolverle a la política, la vocación por la gente, para que la gente sienta que la política sirve para algo.

Algunos, quizás de buena fe, quién sabe, dicen que la oposición debe ser Gobierno para resolver el problema económico. Que eso es obligación ahora, de quienes gobiernan VENEZUELA. Pensamos que no.

Por supuesto que es obligación del Gobierno, porque así se lo encomienda la ley, porque así lo demanda el pueblo y porque ése es el espíritu de un Gobierno, si realmente lo es, dar respuestas válidas a todos estos desafíos del momento histórico. Pero, también nos demanda la ley a la oposición, preservar la República, y no hay República sino hay gente, porque esa gente muere de hambre.

La violencia de algunos partidos acabó con la victoria popular que nos dio en 2015 el pueblo de VENEZUELA. Ese triunfo no fue el producto de incendios, brebajes y pócimas de yerbateros de la política. Fue el resultado del único instrumento que deslegitima a cualquier gobierno: el voto.

Estas cosas hay que decirlas.

Conocemos nuestros objetivos. Somos conscientes de nuestro compromiso. Sabemos de la dificultad –como hemos dicho antes– de liderar una situación de cambio, cuando la institucionalidad está anclada en el puerto de salida y tenemos que llegar al puerto de destino de una democracia plena.

Por todo ello, tenemos que conseguir un difícil equilibrio: el difícil equilibrio de conjugar un cambio con la paz del país.

Estamos convencido de que, en estas circunstancias, la de una elección de Asamblea y presidente , con garantías internacionales, el pueblo venezolano reforzará su serena y digna decisión de votar por una VENEZUELA en paz y concordia, basada en un proyecto liberal como el que nosotros representamos , porque sólo así se podrán esclarecer las situaciones de hambre que vive Venezuela.

El país demanda sentido común, con rigor, con realismo, pero también ilusión, porque estamos firmemente convencidos de que es posible la consolidación de una sociedad de hombres libres, basada en una economía sin regulaciones.

Confiamos en que Dios, y Miguel el Arcángel, le darán la victoria a VENEZUELA.

Leocenis García

Coordinador Nacional de Prociudadanos.

Luis Hernández

Coordinador nacional político

Diputado José Aparicio

Secretario de Organización

Diputado Romer Guzamana

Secretario para los pueblos indígenas.

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