La paradoja de la colonización parasitaria cubana

Por Santiago Rodríguez

.-El comunismo nos ha reservado las paradojas más insólitas. En el
pasado, ningún país recorrió su tránsito hacia el poderío imperial sin antes
haber experimentado un respetable poderío económico; los asirios, los
babilonios, los egipcios, los persas, los romanos, los españoles, los
ingleses, los norteamericanos. La URSS nos regaló el fenómeno histórico
de un imperio colonial de economía subdesarrollada formado por 15
naciones sometidas bajo control político y régimen policial de crimen y
terror. Del mismo modo, el comunismo nos ha regalado el insólito
fenómeno de una nación miserable de economía parasitaria capaz de
colonizar a otra nación de considerables recursos naturales y
potencialidad económica prometedora: Cuba y su colonización de
Venezuela. Previamente, y con el “cuento chino” de la “Exportación de la
Revolución”, la miserable Cuba había llevado adelante varios ensayos de
colonización no tan exitosos; la mayoría en África. Es interesante su
ensayo de Angola. Allí había comenzado un movimiento por la
independencia desde los años 60. Luego, en abril de 1974, la “Revolución
de los Claveles” puso fin a la larga dictadura de Antonio de Oliveira
Salazar, en Portugal, lo que llevó a un debilitamiento de sus colonias en
África. Comenzó entonces en Angola una guerra civil que permitió la
invasión de 450.000 cubanos a lo largo de 15 años, hasta el Acuerdo de
Paz de 1988. Para Leonid Breznev, sucesor de Nikita Jruschov como Nº 1
del Kremlin, en 1964, la proliferación de guerras de independencia
africanas será una oportunidad para mantener la Guerra Fría a través del
apoyo y promoción de conflictos de baja intensidad, pero para el
parasitismo comunista cubano, la participación en esas guerras (aunque lo
haga bajo la égida de la URSS), será su oportunidad de aprovecharse para
oxigenar su economía quebrada y mantener insepulto su cadáver
socialista. Quisieron así vivir del café, los diamantes y el petróleo
angoleños, combinándolos con el tráfico de armas, para lo cual, ante la
imposibilidad de “servirse” de los buenos oficios de Agostinho Neto (éste
murió prematuramente en 1977), tuvo que conformarse con “colocar” a

un títere menos confiable en la jefatura del gobierno: José Eduardo Dos
Santos; éste gobernaría Angola 39 años y se transformaría en el hombre
más rico de toda África, dejándole migajas a las langostas comunistas
cubanas y coqueteando de vez en cuando con EE UU y Europa.
Angola no fue el único conflicto de baja intensidad en que derivaron las
tensiones posteriores a la Segunda Guerra Mundial; la “Revolución de los
claveles” se tradujo, también para Mosambique, en una oportunidad para
deslastrarse de cuatro siglos de colonialismo portugués y, al igual que
Angola, un escenario para la Guerra Fría. Por tanto, y actuando como
sátrapa de la URSS, un escenario para el parasitismo de la dictadura
comunista cubana que por esa vía extendió operaciones de asesoría tanto
en Mosambique como en República del Congo, Etiopía, Namibia y Guinea-
Bissau, siempre con la fachada de exportación de servicios profesionales
ligados a medicina y maestros, lo que en realidad representa una forma de
trabajo esclavo, pues la parte del servicio que no es militar o de espionaje
policial, es contratada con el Estado comunista y el pago se efectúa hacia
él y no hacia el cubano que realiza la labor.

Este es el sistema de colonización utilizado por la dictadura parasitaria
cubana en Venezuela, donde los comunistas antillanos mantienen, desde
el ascenso de Hugo Chávez al poder, y luego de la muerte de éste, con el
apoyo de su títere Nicolás Maduro, una fuerza de ocupación calculada en
45.000 invasores (como lo ha denunciado hasta la saciedad Moisés Naím),
“especialmente seleccionados y entrenados como supuestos médicos,
maestros, especialistas en notarías, registros públicos, instalaciones
militares y servicios de inteligencia”. La colonización cubana de Venezuela
es una operación que resume 30 años de experiencia comunista previa,
antes de la llegada de Chávez al poder, en donde los parásitos comunistas
de la isla miserable aprendieron a valorar estrategias como la infiltración
del ejército por parte del Partido Comunista portugués (que terminó
produciendo “La revolución de los claveles”, un alzamiento de militares
izquierdistas opuestos a la guerra colonial en África, principio del fin de la
presencia de Portugal en África, final de la dictadura “salazarista” y
condiciones propicias para el advenimiento del gobierno socialista de

Mario Soares). Esta experiencia es lo opuesto a sus resultados en Chile,
donde el ejército del general Augusto Pinochet (que no había sido
infiltrado), descabezó el inicio de la colonización cubana del país austral, a
pesar de que el gobierno títere de Salvador Allende ya tenía el control de
un grueso de las instituciones de la sociedad chilena. Esta experiencia de
infiltración comunista del ejército vuelve a cobrar valor en la colonización
de Venezuela, dado que el control del ejército y de los servicios de
inteligencia en manos de los cubanos es lo que sostiene y ha prolongado a
la tiranía chavista del títere Maduro. Otra experiencia invaluable que
Angola le aporta a la plaga del insepulto socialismo cubano es la manera
de conducirse frente a un imprevisto como es la muerte del títere
histórico. Los parásitos cubanos no supieron manejarse bien cuando la
muerte sorprendió en Moscú a su títere Agostinho Neto (líder del
Movimiento Para la Liberación de Angola), intervinieron débilmente en la
lucha interna de las facciones del MPLA por la sucesión y no les quedó de
otra que terminar aceptando el ascenso de Dos Santos. Aprendieron.
Chávez sirvió bien a sus apetitos, pero ya desde 2007, cuando el ignorante
teniente coronel aceptó la derrota electoral de su Reforma Constitucional
que declararía a la nación como socialista, los parásitos tomaron debida
nota de la “debilidad” mitomaníaca del títere que se creía “predestinado”.
Cuando el cáncer atacó de manera terminal a su marioneta venezolana
recordaron Angola y apostaron todo al ignorante de Maduro, un títere sin
los escrúpulos de la mitomanía de Chávez y que les aseguraba el control
total de la nueva situación. Así fue como aislaron al resto de las facciones
internas del PSUV, escondieron y alargaron la noticia de la muerte de
Chávez y se aseguraron de ese modo una transición del chavismo sin
Chávez pero, sobre todo, una transición teniendo ellos el control de todo
el poder. Aquí, de nuevo, la realidad da la razón a Moisés Naím: “no se
necesita ser un genio para entenderlo, ellos son el verdadero gobierno, los
cerebros que han logrado que unos ineptos que apenas saben leer y
escribir se mantengan 18 años en el poder. No hay que menospreciar a
estos cubanos, por algo han logrado mantener una dictadura allá casi 60
años”. El parasitismo comunista cubano nos recuerda “Día de la
Independencia”, la película de Roland Emmerich. Unos insectos
inteligentes llegan a la Tierra; vienen de viajar por el universo, adonde han

invadido planetas con vida, los colonizan, matan a sus habitantes,
consumen todo lo que encuentran y cuando ya no queda nada se van a
otro lugar. Aquí, en nuestro país, los insectos cubanos se encontraron con
un apátrida llamado Hugo Chávez, nos colonizaron, se apropiaron de todo
(Petróleo, Oro, Divisas, Puertos, Aduanas, Notarías, Hospitales, Escuelas,
Ejército, Policías, etc.). Cuando ya no quede nada, harán como los insectos
de la película de Emmerich; se marcharán, en busca de otra Angola, otra Mosambique, otra Namibia, otra Guinea…, otra Venezuela que expoliar
(¿el México de Andrés Manuel López Obrador?). A menos que hagamos
como en la película del Director Emmerich y nos demos nuestro Steven
Hiller (Will Smith), nuestro David Levinson (Jeff Goldblum), o nuestro
Thomas Whitmore (Bill Pullman) y, como diría Moisés Naím…, “matemos
la culebra por la cabeza”.

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