Ilógico: mueren más venezolanos a pesar de ayuda China

Abog. León Jurado Laurentín

Según fuentes “oficiales” llegó al país el cuarto cargamento de ayuda humanitaria proveniente de China (insumos médicos y medicinas) para la red de salud pública, sin embargo, a pesar de este acontecimiento que debería ser la alegría y solución de muchos, vemos cómo al contrario, siguen muriendo personas en Venezuela.

Una de las noticias lamentables más recientes, fue la injusta e inaceptable muerte entre el 27 y 28 de mayo de seis niños, pacientes del Hospital J.M. de los Ríos, por falta de medicamentos e insumos para trasplantes de médula ósea. Y en esa misma incertidumbre se encuentran otros muchos, en espera de trasplantes.

Este hecho triste e indignante genera infinidad de dudas sobre lo que afirma la administración madurista a través de sus voceros principales, cuando por ejemplo declara el supuesto ministro de salud Carlos Alvarado: “Este cuarto cargamento con 68 toneladas de medicamentos van a ser distribuidos de manera inmediata en la red de sistema público de salud. A través de la Asistencia Técnica Humanitaria, hemos recibido 269 toneladas de medicamentos e insumos médicos provenientes de China”. Estimados lectores, dicen ellos que este es el cuarto cargamento recibido desde marzo. Pero, ¿dónde están? Los venezolanos continúan mendigando medicinas en las farmacias, y se mueren en los hospitales sin ellas.

Y de la ayuda que quedó detrás de los containers en el Puente “Simón Bolívar” de la frontera con Colombia, la mezquindad la bloqueó con su violencia y ganas de perpetuarse en el poder, a costillas de la salud de tantos seres humanos venezolanos.

Según lo informan los medios del gobierno usurpador, la ayuda humanitaria viene siendo solicitada “hace larga data”, pero por favor, si quienes venimos implorando la ayuda humanitaria hace años somos venezolanos de todos los niveles sociales, “venezolanos de a pie”, los más humildes, los pobres, los más necesitados, los pacientes de todos los centros hospitalarios, ni hablar de personas de la tercera edad.. Y a los profesionales de la salud que lo denuncian a gritos los tildan de “revoltosos, traidores, anti revolucionarios”, los persiguen, citando por ejemplo aquí en Carabobo, el caso del Doctor Ronnie Villasmil a quien convirtieron en perseguido político, así como otros  médicos que han sido despedidos por denunciar la situación de los hospitales, o simplemente tuvieron que emigrar para trabajar.

Y en San Diego, mi querido San Diego, los centros de salud pública no escapan a la gravedad de lo denunciado, sobreviviendo con las uñas, y donde los pacientes en lugar de ser atendidos con medicamentos e insumos suficientes, deben comprarlos para poder ser tratados y curados. Aquí no ha llegado ayuda a pesar que se ha solicitado, ni es diferente la situación a la del resto del país. También conocemos de casos de muertes por desnutrición como lo fue la del joven Victor José Esqueda, vecino de Los Andes II, o casos que hemos estado atendiendo de vecinos de la Urbanización La Esmeralda, y otros sectores con graves casos de desnutrición.

Nuestros profesionales trabajan sin insumos, sólo tienen vocación y amor;  los sandieganos acuden con el temor de no encontrar lo que necesitan para sus dolores físicos, o el miedo de tener que comprar todo (si les alcanza el dinero), mientras nuestro presupuesto municipal no cubre los requerimientos ante la hiperinflación, sufrida por nuestro Bolívar (y que soberano), y hasta el dólar está “mega inflado”.

Al respecto, la Federación Médica Venezolana ha hecho muchas denuncias, hasta describe el estado de salud de los venezolanos como “de muerte lenta”, la cual se puede resumir así: desde hace al menos cinco años en Venezuela se registra una escasez de medicamentos y materiales médicos que sindicatos críticos al Gobierno estiman entre el 80 % y 90 %. Esta coyuntura debe continuar en denuncia permanente hasta que generemos el cambio necesario para que quienes han provocado todo esto de una vez por todas cesen en su anhelo de mantener el poder a toda costa.

Los venezolanos rechazamos esta era de insanidad y de recursos inhumanos, añoramos esa época cuando podíamos comprar con nuestros ingresos, asistíamos a una emergencia hospitalaria y éramos atendidos con materiales y medicinas suficientes, y hasta nos ayudábamos entre todos cuando hacía falta. Hoy, no dejo de creer en Venezuela, y agradezco a los sandieguenses que siguen apostando a vivir y trabajar en nuestro municipio, porque saben que aquí el país puede renacer muy pronto, apostando a esa Venezuela que necesita un nuevo Estado de verdaderos derechos humanos.

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Valencia

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