El neomarxismo de género

(Por Santiago Rodríguez) .-

Las copias, reproducciones, algunos calcos, no pocos remedos, duplicados,
repeticiones, réplicas o variantes de las que afanosamente ha echado
manos el cadáver socialista, no se han limitado a los casos que hasta ahora
hemos visto en estas páginas: “El libro negro de la nueva izquierda”. Se
trata de una investigación acuciosa y reveladora de hasta qué punto es
capaz de deambular un cadáver si no se le da la debida y correspondiente
sepultura. Los variados subtítulos ordenados en la investigación de los
argentinos Nicolás Márquez y Agustín Laje exploran, indagan, exponen,
desenmascaran y desmantelan los múltiples “facsímiles” en que se ha ido
pudriendo el cadáver marxista, empeñado en destruir al capitalismo y
substituirlo por el anacrónico y retrógrado socialismo; y al hacerlo, el
esfuerzo intelectual de Márquez y Laje nos revelan –como exponen ellos
mismos al inicio del Capítulo I de su libro- que “Los cambios que la
izquierda, en términos de su práctica política fue registrando a lo largo de
la historia, fueron acompañados por transformaciones producidas al nivel
de las teorías que ella misma barajaba para delinear sus estrategias
revolucionarias”.

Particularmente aguda resulta la incisión que Nicolás Márquez y Agustín
Laje han realizado sobre el cuerpo de lo que se ha dado en llamar
“ideología de género”, tumor éste que involucra en su contaminación dos
asuntos esenciales para la existencia del linaje humano: la mujer y la
familia. Márquez y Laje demuestran que la “ideología de género” funciona
como una de las “tecnologías” usadas por el neomarxismo para llevar
adelante su operación de minado y destrucción del capitalismo.

En efecto, “El Libro Negro de la nueva izquierda” muestra un recorrido
del marxismo al neomarxismo y pone al descubierto el concepto de
“hegemonía” como el puente que une al uno con el otro. En ese recorrido,
en la medida en que la realidad desmiente la teoría del materialismo
histórico y desenmascara las pretendidas bondades de la farsa socialista,
el esfuerzo izquierdista por hacernos creer que la historia de la humanidad
es la historia de la lucha de clases se va descomponiendo y trasmutando
en teorías y proyectos cada vez más absurdos, viles, anti natura e
inhumanos; desde el feminismo de la segunda ola, o feminismo marxista,pasando por el feminismo del socialismo real (con origen en la podrida Unión Soviética), hasta desembocar en el feminismo neomarxista, o
culturalista, y la no menos repugnante como depravada ideología “queer”,
estas últimas con sus divisiones y subdivisiones en incesto, pedofilia,
poligamia, trasvestismo, transexualismo, abortismo, coprofilia, fetichismo,
sadismo, sadomasoquismo, pornografía, posporno y zoofilismo. Hay un
solo objetivo que une a todas estas desnaturalizadas perversiones: la
destrucción del capitalismo a través de la destrucción de la familia tal
como la conocemos, y la sustitución de sus roles, de la libertad individual y
de la autonomía personal, por el Estado.

Un aspecto nos gustaría hace notar; allí donde Márquez y Laje observan
que muchas de las propuestas del feminismo marxista no sólo no
necesitaban de la previa destrucción del capitalismo para vindicar los
derechos y la dignidad de las mujeres, sino que ha sido desde las propias
trincheras del capitalismo (¡y no del socialismo!), donde han conseguido
alivio y justicia. Por ejemplo, la bandera del trabajo doméstico como punta
de lanza socialista para el derrocamiento de la familia. Precisamente, bajo
la Secretaría General de Kofi Anan, la Organización de las Naciones Unidas
(ONU), dispuso la Resolución que obligó a los Estados miembros a cambiar
radicalmente la concepción del trabajo doméstico no remunerado y hacer
justicia respecto a su naturaleza laboral desde el reconocimiento de su
contribución esencial al proceso de producción de bienes y servicios,
como suplidor de servicios sociales que el Estado no provee y, en general,
como contribuyente en el aumento del Producto Interno Bruto de las
economías de las naciones.


Ha sido dentro del capitalismo y desde una de sus organizaciones que el
velo de invisibilidad que afectaba al trabajo doméstico no remunerado ha
sido develado, haciendo que tales faenas (lavar, planchar, cocinar, cuidar
los hijos en el hogar y atender a sus miembros enfermos o ancianos),
adquirieran dos características propias del trabajo remunerado: hacerse
visible y hacerse contable; esto significó ingresarlo en las estadísticas,
contabilizarlo en los modelos económicos y tomarlo en cuenta para la
elaboración de las políticas públicas con su subsecuente asignación de
recursos. Cuando vemos este aporte de la ONU recordamos -al igual que
en varios pasajes de su libro lo hacen Márquez y Laje- la advertencia queen 1922 hacía Ludwig von Mises sobre la necesidad de distinguir entre la
lucha de las mujeres por obtener derechos y justicia y la pretensión de
usar las injusticias como bandera para querer cambiar lo que la naturaleza
ha dispuesto. Como tal es lo que pretenden los movimientos feministas no
democráticos.

Te puede interesar: REUNIONES EN ROMA: EE.UU. Y RUSIA HABLARÁN SOBRE SITUACIÓN EN VENEZUELA

ampforwp_custom_content_editor:
ampforwp_custom_content_editor_checkbox:
ampforwp-amp-on-off:
default
Etiquetado como

Valencia

comparte
comparte