El fetiche de la Ayuda Internacional

Por Javier Nieves Brizuela

.-Uno de los mayores y más resaltantes resultados de los factores democráticos venezolanos lo constituye, sin lugar a dudas, el aumento del apoyo internacional a nuestra causa por la restitución de la democracia y el repudio al golpe de Estado ejecutado, desde abril de 2017, por la camarilla que violentó la constitución de 1999.  Ese creciente apoyo internacional vino a subsanar uno de los peores defectos de los que adolece nuestra lucha, cual es, la mácula que dejó en la apreciación de los factores democráticos internacionales el golpe de Estado del 11 de abril de 2002. Desde entonces, los factores políticos y democráticos de la nación hubieron de recorrer un largo y penoso camino, de la mano de la propia constitución de 1999 (¡¡paradojas de la acción política!!), para desenmascarar, dentro y fuera de Venezuela, el carácter antidemocrático y autoritario del chavismo, por una parte, y el proyecto hegemónico de la nomenclatura del PSUV (Chávez post mortem), inspirado en su intención de perpetuarse en el poder, a toda costa, instaurando una tiranía totalitaria.

Pero la ironía más grande resulta del proceso proporcionalmente inverso  experimentado a lo interno por los factores políticos democráticos de la nación. Mientras más creció el apoyo internacional, peor le ha ido a los factores democráticos en la apreciación de la sociedad respecto a su proceder, mayor ha venido siendo la desconfianza que inspiran y mayor su descrédito en la opinión general.

Para paliar ese descomunal desbalance, los propios factores políticos han venido apoyándose en el único aspecto exitoso de su gestión -el apoyo internacional- cediendo a la tentación de convertirlo en un fetiche, es decir, en una figura casi sobrenatural a la que se atribuye el poder de generar el cambio que las fracasadas estrategias políticas internas no han podido producir. Que los factores políticos democráticos internos hayan permitido formarse en su interior ese tumor es ya de por sí alarmante, pues se supone que deberían fungir como la dirección política esclarecida de las masas movilizadas y enfrentadas a la tiranía, pero al no impedir, sino alimentar, el desarrollo tumoral, la consecuencia más nefasta ha sido la formación de metástasis en el propio cuerpo de las vastas capas sociales que desprecian al régimen y claman por un cambio; éstas han pasado, de la confianza en sí mismas, la lucha frontal y la acción directa (la insurrección popular de abril-julio de 2017 fue hasta ahora su máxima expresión), a una gama de esperanzas y añoranzas absurdas unas, desmesuradas otras, sobrevaloradas las terceras, todas girando en torno a la “ayuda internacional” y factores externos: la invasión de los Marines, el bloqueo internacional por la Unión Europea y EE UU, la captura de Maduro por la Interpol, la incursión de los Cascos Azules de la ONU dirigida por el Grupo de Lima, la conjunción de Marte retrógrado en Neptuno visualizada por Míster Popo, la aparición de un cáncer agresivo en el colon de Maduro, y pare usted de contar… Si no fuera una tragedia nos reiríamos…!!

No habrá un cambio positivo jamás (¡¡JAMÁS!!), si a lo interno no somos capaces de hacer lo correcto por las razones correctas; ni la mejor ayuda internacional es capaz de producir un resultado dentro de Venezuela, si los propios venezolanos no construimos las condiciones para que ese cambio ocurra. La ayuda internacional está haciendo lo necesario y correcto en el marco lógico de lo que se espera que haga, en relación a nosotros, pero también, en relación a su propio entorno internacional: millones de argentinos desalojaron democráticamente del poder a la camarilla Kischnerista, aliada política de nuestra tiranía, y lo menos que esperan de Macri es que se comporte como lo hizo el idiota supergaláctico, en vez de sanear los vicios a la economía destrozada por la caterva corrupta del gobierno justicialista y traer la prosperidad que la sociedad argentina sueña. Este razonamiento es aplicable al resto de los países miembros del Grupo de Lima; cada uno de ellos debe atender los ingentes problemas que aturden a sus sociedades y para lo cual, millones de ciudadanos, en cada uno de sus países, han venido desalojando del poder a los operadores políticos de los dos principales Carteles Delictivos de América Latina: Odebrecht y el Foro de Sao Paulo. La última gran ayuda internacional que hemos recibido los venezolanos nos vino de los 70 millones de brasileros que acaban de propinarle un duro golpe democrático al “Pran” de Brasil, el choro corrupto Lula Da Silva, que pretendió dirigir desde la cárcel la campaña de su títere Haddad y recibió, de los brasileros honestos asqueados de sus corruptelas y negocios malhabidos, una respuesta colosal, llevando a la presidencia a Jair Bolsonaro.

Los venezolanos haríamos bien abandonando toda ilusión desmedida y absurda que espere de la ayuda internacional algo que la lógica de la dinámica internacional en sí misma no nos puede proveer; amén de que la tiranía no está sola (“los rusos también juegan”, dice un conocido dicho), y cuenta con su propia “ayuda internacional”; no importa que se trate de la lacra miserable del planeta (los asesinos del Comité Central del partido comunista chino, la mente criminal y perversa de Putin, exjefe de la temida y miserable KGB soviética, la chulería heredera del sátrapa cubano Fidel Castro, y otros tantos por allí, como los turcos), ayuda es ayuda; apoyo es apoyo. Los peores ilusos, por su “inocente ignorancia”, son los que andan molestos con Trump porque el “musiú” no ordena la invasión de los Marines. Hay que sacar esa idea absurda de la mente de nuestros compatriotas. No por las razones del trepador de oficio José Vicente Rangel (el sujeto reclama a la oposición venezolana un amor por el concepto de Patria que él mismo ha convertido en el papel sanitario con el que limpia el trasero de los invasores cubanos), sino porque los Marines no se mueven jamás por otros intereses que no sean los intereses globales de los propios Estado Unidos, además de que también allá, la sociedad norteamericana no ve ninguna razón de peso para arriesgar la vida de un solo soldado norteamericano en una insensata incursión contra un tiranuelo ignorante que ya se encargó él mismo de destruir la nación que dirige.

Y ahora…, ¿quién podrá ayudarnos? Nosotros mismos somos los responsables de que ocurra lo correcto. Debemos presionar hasta lo indecible para que la dirigencia política de los factores democráticos venezolanos abandone su propia agenda personal de poder y adopte la agenda de los ciudadanos. Una señal correcta en esa dirección es el forjamiento de una Unidad de Acción en torno a un Programa Mínimo Común que parta de los intereses de los ciudadanos que hoy sufren los rigores de la destrucción de la economía, y en donde debe ser cuestión de honor la defensa de las conquistas y reivindicaciones históricas del pueblo trabajador, ahora conculcadas por la necesidad de la tiranía de trasladar hacia la sociedad productiva, sus errores en la economía y su voracidad corrupta por el erario público. Otra señal correcta en la dirección correcta de la recuperación de la confianza perdida sería la separación de los “generales desacreditados” de los puestos de mando de los partidos políticos, y su sustitución por una generación de relevo que venga y dicte las nuevas pautas; Ramos Allup, a la reserva, le hace daño a ese partido y a la causa. Leopoldo López haría bien en extender la expulsión de Florido hacia otros dirigentes regionales que durante las grandes luchas no mostraron el compromiso suficiente y sólo estuvieron pendientes de tomarse los “selfies” y de administrar oscuramente los recursos para las campañas electorales; una acción en esa dirección podría iniciar la transformación de ese grupo en un verdadero partido, superando su condición de “franquicia”, que es lo que hoy es. En Un Nuevo Tiempo hay que barrer toda esa dirección; el imaginario popular asocia a Manuel Rosales y sus dirigentes a un equipo al servicio de la tiranía, apreciación que los propios involucrados se esmeran en afianzar con cada declaración que dan a la prensa y cada acto insensato que ejecutan en la Asamblea Nacional, encarnación de la más grande victoria popular electoral de la sociedad democrática venezolana. Primero Justicia debe apartar definitivamente de su Dirección a Julio Borges y los más jóvenes deben tomar el mando. Hay que apoyar decididamente a las nuevas y jóvenes organizaciones políticas democráticas que están surgiendo, al calor de la lucha organizacional y de calle, como en el caso de Prociudadanos.

La tarea es recuperar la confianza perdida, construir compromiso, y fortalecer una nueva dirección política democrática que sea capaz de interpretar correctamente la voluntad de lucha de la sociedad democrática y la conduzca definitivamente hacia una victoria sobre la tiranía. Y en esa tarea, el fetiche de la ayuda internacional está de sobra, porque nosotros mismos somos los únicos que podemos realizarla.

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